Espacio que pretende resguardar voces y conocimientos desde el abordaje de la
bibliotecología. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural intangible
conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas a bibliotecarios sobre el rol social
de la profesión. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

lunes, 23 de diciembre de 2013

La inevitable construcción

Por lo demás, siendo idea cada palabra, llegará el tiempo de un lenguaje universal. Hay que ser académico –más muerto que un fósil– para perfeccionar un diccionario, de cualquier idioma que sea. ¡Unos débiles se pondrán a pensar en la primera letra del alfabeto, y rápidamente se precipitarán a la locura!

De Arthur Rimbaud a Paul Demény, Rue de Bologne Douai, Charleville, mayo 15 de 1871
La carta del vidente...[Arthur Rimbaud. Una temporada en el infierno / traducción y prólogo Marco Antonio Campos. México: Premiá. La nave de los locos, 1989]

A propósito de esta noticia (la reedición del diccionario ideológico de la lengua española, del lingüista, diplomático y académico Julio Casares, una obra inimaginable de la lexicografía castellana, fruto de un modo revolucionario de pensar el idioma, que permite agrupar las palabras  por familias, en base a sus significados y por las ideas que representan):

Viene a cuento recordarnos, como bibliotecarios, que a lo largo del año trabajamos con información en nuestros respectivos espacios de trabajo, y que a la vez, dados los múltiples debates que por dicha condición se suscitan, debemos saber hacer un buen uso de tales recursos con la intención de mejorar la utilidad en beneficio del usuario, capital simbólico de nuestra permanente intervención social.

Bregar por la utilidad social de los documentos que integran los acervos gestionados. Una tarea para lo cual se necesita vocación y un irrenunciable compromiso por el servicio. Pero la cita no es casual, nos demuestra, desde nuestros entendimientos de la disciplina, que brindar un servicio no implica exclusivamente reducir al acceso de la información lo reclamado por el usuario, también es necesario asociar y relacionar conceptos, vincular ideas, articular recursos en forma interdisciplinaria, transformar conocimientos en documentos.

Permanentemente me recuerdo que toda construcción es colectiva, dicha intención también nace de las silenciosas inquietudes, forjando multiplicaciones que deben poder articularse bajo un carácter  comunitario. Hace años Gilles Deleuze planteaba que el verdadero sentido de la filosofía es la creación de conceptos “Todo concepto tiene un perímetro irregular, definido por la cifra de sus componentes”. Para crear un concepto es necesario poblarlo de componentes, lo que a su vez requiere instaurar un plano de inmanencia (lo llegué a entender como el discernimiento que permite establecer una estructura en la cual se puedan territorializar conceptos cuyos componentes estarán delimitados por la naturaleza del  plano creado, el asunto que siempre me intrigó es cómo advertir cuando un concepto habita, en parte o totalmente, un plano de inmanencia diferente, cómo justificar ese límite en que los componentes del concepto no representan, con sus variables, la sustancia del plano pre-filosófico).  Conviene aclarar, tal como lo expresa Deleuze, que existen para los filósofos tres elementos en la filosofía: el plano pre-filosófico que debe trazar (inmanencia), el o los personajes pro-filosóficos que debe inventar y hacer vivir (insistencia) y los conceptos filosóficos que debe crear (consistencia). Evitemos incursionar por el momento en estas consideraciones, lo escarbado permite descifrar el horizonte de lo construido, aplicable a cualquier disciplina que incluya el acto de pensar variables dentro de la propia estructura.

Es necesario aplicar desde la bibliotecología este entendimiento por la construcción, ya que cuando esto se abandona, no podemos dejar de lamentarnos desde el campo de las ideas. Es necesario trabajar en nuevos conceptos, nuevas asociaciones de ideas, nuevos planos de entendimiento (existen numerosos ejemplos de construcción de tesauros, vocabularios controlados, sistemas integrados de gestión de bibliotecas, web semántica, entre otros) diseñados bajo políticas de libre acceso y en forma gratuita.
Buscar el carácter filosófico de nuestra profesión, que está implícito en la naturaleza interrogativa de los bibliotecarios. El componente técnico y el componente humanístico de nuestro quehacer.
Ya lo promulgaba Jesse Shera "toda biblioteca debería ser interrogativa"...
Sin inquietudes de por medio, un concepto se convierte en fósil, de lo contrario el ejercicio de pensamiento y la curiosidad lo tornan arborescente. Pensemos cuánto evitaríamos duplicar esfuerzos si supiéramos trazar, inventar y crear conceptos acordes a nuestras comprometidas lecturas de la profesión, tanto desde la formación académica como desde la experiencia profesional, trabajando en conjunto, con el único fin de brindar un servicio de calidad, en forma asociativa y sin perseguir fines de lucro.

Tal vez sean anhelos propios de estas fechas.  Vaya como recuerdo un  cortometraje que de algún modo simboliza todo esto que pretendo significar, se lo conoció como “Los fantásticos libros voladores de Mr. Morris Lessmore”.

Que el próximo año nos encuentre caminando, intentando empezar una nueva construcción.




miércoles, 11 de diciembre de 2013

Testimonio de Valentín Moreno, libro viviente del Centro Daviaxaiqui


Hace unos años (un sábado de octubre de 2009) entrevisté a Valentín Moreno, libro viviente del Centro Comunitario Daviaxaiqui, en Derqui, partido de Pilar. Se trató del primer documento oral del proyecto Biblioteca Qomllalaqpi, que aún hoy sus paisanos continúan peleando por el sueño de una radio indígena bilingüe. En todo este tiempo he tenido por intención salvaguardar cada audio, agregando información que se fue acumulando con el paso del tiempo. Recuerdo la autoridad de Valentín en la comunidad, el más anciano de todos ellos, hijo del cacique Don Francisco Moreno, un pi’oxonaq que curaba con diversas técnicas, y que tuvo un conocimiento profundo del monte chaqueño.
Entre sus relatos, verdaderos testimonios de vida, Moreno cuenta que nació en una zona de cañaverales y bueyes, aprendió a los 7 años a andar a caballo, pero pronto la muerte de su padre terminó marcando su carácter y su relación con la comunidad.

 En Buenos Aires empezaría una parte sacrificada de su historia, pero a la vez atravesada de múltiples connotaciones. Con pocos recursos para subsistir, se hizo un espacio de trabajo con las artesanías, colaborando para que el “Barrio Toba” de Derqui tuviera su centro comunitario, más tarde denominado “Daviaxaiqui” (ir hacia lo alto en lengua qom). Antes dio origen a una cooperativa de trabajo con 14 artesanos en Ciudadela, que marcaría el rumbo que lo llevaría posteriormente a Derqui. Acaso sin saberlo representó un símbolo de la resistencia qom, un símbolo basado en el conocimiento de la cultura, en las innumerables conversaciones compartidas con sus paisanos, donde siempre tuvo ascendencia, y en una sincera apertura hacia otras formas de conocimiento.

Don Valentín estuvo relacionado con pastores de diversas creencias, asistentes sociales, artesanos, docentes y referentes políticos que le permitieron participar de emprendimientos en defensa del derecho indígena. En la entrevista dio cuenta de los estereotipos culturales mencionando una anécdota en la que estuvo involuntariamente involucrado con motivo de una denuncia a la que acudieron gendarmes “vinieron y preguntaron quienes eran los indígenas que estaban reunidos en la calle, luego de decirles que nosotros éramos los indígenas, los gendarmes nos miraron de arriba a abajo para finalmente preguntarnos donde teníamos las plumas”. En ocasiones, Don Valentín fue presentado en círculos académicos casi como si fuera un salvaje, sintiéndose una especie de objeto.

 En la conversación se manifiesta la preocupación de Moreno por la pérdida de la lengua materna, incluso advierte que hasta en los almacenes se habla un qom castellanizado, los chicos pierden la lengua, y lo que es peor, forman parte de un proceso inevitable que incluye la negación de la raza. Es interesante el relato en torno al nacimiento de la comunidad qom de Derqui, tiene su origen en la curiosidad que suscitaba en algunos paisanos al percibir el emprendimiento de Valentín Moreno con las artesanías, ya que es de los primeros que sale fuera de la comunidad a vender artesanías y el primero en realizar contactos con directoras de escuela para dar charlas a los alumnos sobre la cultura y luego habilitar un mayor acceso al arte qom. Una vez creada la cooperativa de Ciudadela Valentín sintió que el tema de la religión empezaba a dividir el sentido de la agrupación, muchos de los paisanos se pasarían al evangelismo casi en la misma época en que algunos qom empiezan a llegar a Derqui, pero esa ya es otra historia.

 Ha pasado mucha agua debajo del puente. Debe seguir Don Valentín en su casa de siempre, la que se encuentra justamente enfrente de la Biblioteca Qomllalaqpi, sentado a la sombra de un árbol, mirando pasar el día, seguramente seguirá conversando con todo aquel que necesite saber como fue la historia de los qom, la entrañable historia de unos paisanos que un día tuvieron que irse de su Chaco natal, el Chaco profundo del que apenas se sabe. Clasificación: Costumbres / Cultura qom Informante: Valentín Moreno, artesano, historiador. Pertenece al Centro Comunitario Daviaxaiqui. Lugar / Fecha: Biblioteca Qomllalaqpi, Derqui, Buenos Aires - 24/10/2009. Entrevista: Daniel Canosa Duración: 25´ 41´´

Contenido de la entrevista:

00.00 Recuerdos del Chaco
00.40" Familia de Valentín Moreno
01'10" Lugar de nacimiento de Valentín Moreno
03'50" Trabajos comunitarios
06'40" Recuerdos sobre los Pio’xonaq
07'30" Trabajos en el campo
08'40" Fallecimiento de Francisco Moreno, cacique y padre de Valentín.
09'30" Conflictos con Gendarmería
12'30" Carencias y penurias
13'25" Viaje a Buenos Aires
18'00" Nombre de Valentín en lengua Qom
18'30" Familia de Valentín.
25'40" Inicio del trabajo de artesano
37'00" Origen de las ventas de artesanías en las escuelas
40'25" Origen de la cooperativa con Clemente López
44'50" Convenio con 400 escuelas para vender artesanías y dar charlas sobre la cultura
45'05" 14 artesanos dan nacimiento a la cooperativa de trabajo en Ciudadela
47'25" Llegada a Derqui
48'18" Encuentros con evangelistas
48'36" Breve texto en lengua Qom
50'35" Comienzo de la comunidad Daviaxaiqui
52'18" Recuerdos del monte chaqueño
54'40" Artesanos de Derqui
56'34" Reflexión final de Valentín Moreno sobre la cultura Qom

 Entrevista: Daniel Canosa

lunes, 25 de noviembre de 2013

Alfredo Mires Ortiz: los infinitos andares de un bibliotecario.

Resumen
Semblanza de Alfredo Mires Ortiz, quien ha desandado los caminos de la bibliotecología comunitaria, cultivando una construcción crítica y filosófica en torno al rol social bibliotecario. Es un educador que le ha puesto el cuerpo a las ideas. Eduardo Galeano supo ilustrar el alcance de su obra comentando la dicha que significó leerlo. Verdaderos hitos de la tradición oral lo tuvieron por protagonista: la creación de la Red de bibliotecas rurales de Cajamarca y el proyecto Enciclopedia Campesina. Acaso sin saberlo, le otorgó una voz a quienes por siglos nunca la tuvieron, les hizo entender a los campesinos, a través de la promoción de la lectura, que todos los ciudadanos son sujetos de derecho, y como tal, los mismos no pueden ser vulnerados. Resulta necesario comprender lo que hizo, un bibliotecario de alma que nunca dejó de caminar, y que caminando construyó sentido entre sus paisanos. Resulta imposible enumerar las huellas que dejó este verdadero “orfebre de los saberes”. Un gran placer haberlo entrevistado.

Palabras clave: BIBLIOTECAS INDÍGENAS; BIBLIOTECAS CAMPESINAS; ROL SOCIAL BIBLIOTECARIO; BIBLIOTECOLOGÍA COMUNITARIA; ARCHIVOS ORALES

Noticia biográfica:

Alfredo Mires Ortiz, La Libertad, Perú. Educador y antropólogo. Miembro fundador y Asesor Ejecutivo de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca, organización comunitaria con 42 años de presencia ininterrumpida en más de 500 comunidades de Cajamarca, sierra norte de Perú.
Fundador del Archivo de la Tradición Oral Cajamarquina, del Grupo de Estudios de la Prehistoria Andina y del Proyecto Enciclopedia Campesina, dedicado a la recuperación de la memoria colectiva.
De su autoría o dirección, más de 130 títulos sobre tradición oral, religiosidad y cultura andina, arte rupestre e historia desde los propios pueblos. Ha desarrollado diversas experiencias con educación y prensa popular, historia oral, salud comunitaria, medio ambiente, bibliotecología, dinámica de grupos e investigación participativa. En 1992 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo "Kukulí"; En 2003 el Proyecto Enciclopedia Campesina de Cajamarca obtuvo el Premio Internacional del Convenio Andrés Bello. Durante muchos años ha acompañado a comunidades indígenas de Centro y Sud América, en procesos de afirmación cultural.

Entrevista

¿Por qué la Bibliotecología?

Por la relación con el libro como herramienta. No es que desde la bibliotecología empezáramos estos andares: fue la demanda de información por parte de las comunidades campesinas lo que nos condujo a la tarea –al principio– de proporcionar los libros. Es decir, no hubo la intención de trabajar como bibliotecas sino que las comunidades tomaron la iniciativa de hacer que el libro se bajara del caballo, que se afincara en la tierra, que dejara de ser un instrumento ajeno vinculado a los distantes para pasar a entroparse con los más, para anidarse en los caseríos.
La bibliotecología no nos dio la pauta: las comunidades le dieron una pauta al quehacer bibliotecario.

¿Qué reflexión le merece el rol social del bibliotecario?

Vaya uno a saber cuándo, a las personas asiduas a los libros se les endilgó el mote de “ratón de biblioteca”. Escribamos la palabra “bibliotecario” en un buscador de internet, vayamos a Imágenes y nos aparecerán caricaturas de tíos o tías con lentes redondos y rostros de “Guarde silencio”. Es decir, el estereotipo acuña que el bibliotecario es una suerte de administrador de la ratonera. Me pregunto si el propio ejercicio de la bibliotecología ‘formal’ no ha reforzado de muchos modos esa imagen…
Pero nada más lejos de lo que debería ser: en algunos pueblos del mundo las bibliotecas se ubicaron en los templos y eran llamadas Casas de Vida.
Los libros –lo señalamos siempre– no nacieron para segregar sino para congregar; no para negar los saberes sino para compartirlos, no para estancarlos sino para dimanarlos. Estas herramientas tienen una potencia profundamente liberadora… pero esas herramientas no pueden moverse solas.

La Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca se encuentra enmarcada en un contexto social vulnerable ¿Qué opinión le merece el concepto de inclusión social?

Fórmulas en boga, saludos a la bandera, doraduras de píldora, eufemismos entusiastas…Debo admitir cierto prurito respecto a la imposición de lo que podrían llamarse las ‘circunvalaciones de la fabricación de consensos’, es decir, el modo como la prestidigitación gramatical desaparece los pañuelos de la realidad.
No tendríamos que hablar de inclusión social si no fuera por la exclusión frontal y las desventajas que la estructura impone sobre las mayorías.
No es que las poblaciones sean vulnerables sino que el sistema es agresivo. Eso sin contar con las facetas del racismo, las imposiciones del mercado, la desinformación o la negación de la memoria colectiva.
El contexto cajamarquino es ahora sumamente delicado por la presencia damocliana de las industrias extractivas: en un escenario de cambio climático irreversible, este agravante demanda ejercer lo que puede llamarse inclusión social como un derecho que vaya más allá de los maquillajes o las ambigüedades.

Comente una anécdota que se haya originado al compartir una lectura colectiva en el campo.

Hace ya muchos años, en la comunidad de Paucapampa, los comuneros se hallaban reunidos en asamblea cuando, de pronto, sin aviso y sin saludo, un grupo de autoridades con resguardo policial y procedentes de la capital de provincia irrumpió tomándose la palabra y avisando que –a partir del siguiente fin de semana– iban a comenzar la construcción de la carretera y que todos los comuneros estaban obligados a trabajar por turnos.
Los campesinos, con la mayor humildad, preguntaron cuánto les iban a pagar y las autoridades les dijeron que nada, que estaban obligados por ley a trabajar.
Los comuneros preguntaron entonces si les iban a dar la alimentación o las herramientas. Y las autoridades les contestaron que no, que el trabajo era obligatorio y gratuito…
Varias de esas autoridades eran propietarias de camiones y por eso les convenía muchísimo contar con esa carretera para comprar baratos los productos de las chacras y venderlos luego con sobreprecio en los mercados.
Hubo murmullos cabizbajos en la asamblea y estaban a punto de aceptar cuando, de pronto, don Erasmo, un campesino ya mayor, pidió la palabra:
– Disculpen, señores –dijo–, pero aquí hay un error.
– ¡Aquí no hay ningún error! –dijo el subprefecto– ¡Ustedes me empiezan a trabajar en la carretera a partir de la próxima semana!
– ¡No, señor! –dijo el comunero, se remangó el poncho y levantó el brazo blandiendo un libro–. Nosotros somos peruanos y ésta es la Constitución Política que nos ampara. Aquí, en el Capítulo I, Artículo 2º, inciso 24, punto a. dice que “Nadie está obligado a hacer lo que la ley no manda, ni impedido de hacer lo que ella no prohíbe”; el punto b. dice que “Están prohibidas la esclavitud y la servidumbre en cualquiera de sus formas”. Y en el Capítulo II, Artículo 22º, dice que “Nadie está obligado a prestar trabajo sin retribución o sin su libre consentimiento”.
Un inquieto silencio se impuso en la Asamblea, hasta que uno de los mandamases preguntó:
– ¿Tú quién eres?
Don Erasmo respondió:
– Soy el Bibliotecario Rural de esta comunidad.
Aquellos señores se retiraron con las cajas destempladas. ¡Al día siguiente nos pusieron –a don Erasmo y a varios de nosotros– una denuncia con orden de captura!

Dos preguntas en una, considerando que la red de bibliotecas rurales trabaja entre otras cosas con libros y con promoción de la lectura ¿Qué libro lo ha impactado, y qué opina cuando se habla de la inevitable desaparición del libro?

Cada libro es también cada momento; las lecturas se adhieren a las historias personales, a los pálpitos y las épocas, de manera que son muchos los libros que me han impactado. Uno es “El zorro de arriba y el zorro de abajo”, del maestro José María Arguedas. Toda la saga de “La guerra silenciosa”, de Manuel Scorza, que comenzó con “Redoble por Rancas”; “El otoño del patriarca” de García Márquez; “Los hombres de maíz” de Miguel Ángel Asturias; “Memoria del fuego” de Eduardo Galeano; “La eterna sonrisa” de Pär Lagerkvist; “La rueda del tiempo” del cajamarquino Carlos Castaneda; el “Canto general” de Neruda; el “Tao Te Ching” de Lao-Tzu; los “Rubaiyat” de Omar Kheyyam; los “Poemas humanos” de Vallejo…
Y sobre la supuestamente inevitable desaparición del libro: ¡Sería fantástico que los libros desaparecieran, porque eso significa que ya no habría pobres! Es decir, todos estarían en condiciones de conseguirse libros electrónicos, aunque nunca pudieron comprarse libros de papel. Significa también que estaríamos en condiciones de abastecer nuestras computadoras con energías renovables en un mundo con el clima colapsado; y que las fábricas invertirían sus ganancias en los costos que demanda el reciclaje de tan enorme cantidad de basura electrónica; y que estaríamos capacitados para digerir la obesidad informativa de internet, así como capaces de no individualizarnos ni sedentarizarnos con los ordenadores…

¿En qué momento surgió el interés para formar parte de la Red de Bibliotecas Rurales? ¿Cómo fue ese primer día?

Fueron más bien muchos días… Eran tiempos de dictadura militar y en el Perú había surgido un movimiento de prensa popular. Yo estaba aún en el colegio y publicaba un semanario a la vez que promovía la formación de bibliotecas populares; me invitaron por eso a participar en un congreso de prensa popular que se realizó en el distrito de Baños del Inca, Cajamarca, donde Juan Medcalf –fundador de la Red– estaba como párroco y, a la vez, coordinaba el evento.
Para entonces la experiencia tenía unos cinco años de iniciada.
Ahí nos conocimos con Juan; conversamos mucho y me invitó a integrarme a la Red.
Yo vivía en un lugar bastante lejos de Cajamarca y todavía me faltaban dos años para terminar los estudios secundarios, de manera que mi primera integración fue a distancia. Pero viajaba a Cajamarca con cierta regularidad y nos encontrábamos con Juan en reuniones y eventos en otros lugares, de manera que podíamos evaluar y planificar la propuesta la Red.
Terminado el colegio aún debí quedarme un tiempo para trabajar la tierra junto a mis padres y hermanos, estudiar como autodidacta y continuar con las experiencias de bibliotecas y educación popular de las que formaba parte.
Luego vine a Cajamarca y el tiempo se volvió entonces más intenso. Aparte de todas las tareas que teníamos, caminamos muchísimo con Juan en las comunidades. Año y medio después de mi llegada él tuvo que regresar definitivamente a su país natal y entonces tuve que asumir toda la responsabilidad.
Juan tenía un entusiasmo y una osadía que nunca dejaré de agradecer.
Han pasado casi 40 años, pero no cesa esta porfía.
Cada día ha sido siempre el primer día.

¿Cómo definiría a un bibliotecario?

Como un orfebre de los saberes, es decir como alguien que junta y comparte las memorias y los decires de todos y de todo. Como un fraguador del acicate, el que defenestra las anteojeras colonizantes a través de la lectura y expurga las páginas de las hegemonías y los dominios.
Un bibliotecario no es un distribuidor de papel encolado, no es un autómata de la clasificación y tampoco un suministrador de embustes imperantes.
Un bibliotecario es un alentador de herramientas para un entorno que comparte y de cuyos sueños participa.

Alfredo, en tu libro “La dignidad de los pueblos también se escribe leyendo” se lee que “promover la lectura de libros es dotar a las poblaciones de otra fuente de lectura. Otra fuente que no puede pretender suprimir las ya existentes, sino contribuirlas, afianzarlas, sobre todo cuando ésta se da en relación a poblaciones cuya filiación ancestral con la naturaleza ha generado culturas extraordinariamente lectoras del entorno, de lo objetivo y lo subjetivo”. Esta forma de coexistencia de las fuentes ¿crees que es posible trasladarla a los avances tecnológicos? ¿Qué ocurre hoy en día, entre los comuneros, con el acceso a tecnologías de la comunicación y la información?

Una característica fundamental de las comunidades primordiales ha sido y sigue siendo su extraordinaria capacidad criadora, su aptitud para el amanse, su idoneidad para desbravar aquello que podía contribuir al desarrollo de su propia cultura.
En las últimas centurias esta crianza tuvo que darse incluso en relación a ingredientes que podían resultarles nocivos. Pero fueron adaptados, invertidos a favor de sus propios cauces.
Es cierto, no obstante, que la contundencia de los llamados “avances tecnológicos” en el campo de la comunicación y la información es noqueante, y que tienden más bien a incomunicar y desinformar. Pero quiero creer que sabremos sobrevivir a la inundación y tornar en azadas a las guadañas. Por lo demás, la incorporación de estos “avances” no tendría por qué significar la supresión de las permanencias culturales.
Ocurre también que suele hablarse de las poblaciones indígenas o campesinas como distantes sino opuestas al desarrollo tecnológico, como atrasadas respecto al futuro, como una ratificación de la dicotomía o confrontación entre tradición y modernidad. La cuestión es qué entendemos, sobre todo, por modernidad: en lo particular, no conozco poblaciones más cosmopolitas que las indígenas, con una fecunda disposición para aprender y crecer; y con un vigoroso interés por saber qué está pasando en el mundo.
Debemos recordar que el libro en cuanto tal ha sido y sigue siendo una revolución tecnológica. Y la incorporación de una facultad técnica no significa la supresión de los discernimientos, como tampoco la despersonalización de las dinámicas ni la abolición de las esencias primarias.

Cuando la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca organiza un congreso de bibliotecas rurales, o acuden a encuentros departamentales de bibliotecarios en dichos contextos ¿Cuáles son las inquietudes o demandas con que se encuentran por parte del público?

El encuentro como tal, la posibilidad que comuneros procedentes de provincias distantes se encuentren con otros y que pueda conversarse desde lo suyo y sobre los suyos.
Pero se demanda mucha información sobre las coyunturas tanto locales como nacionales e internacionales. Y también los enfoques temáticos tanto en general (por ejemplo sobre el cambio climático) o en particular (la ruptura de la capa de ozono).
La demanda de temas es alta y diversa, porque el desafío es compartirlos y multiplicarlos cuando retornan después a sus comunidades.
Y cuentos: las asambleas nuestras tienen un momento llamado “Noches de rescate” destinado a dar testimonio directo de lo que cada uno sabe sobre la vida en el campo, desde sus propias experiencias y desde lo que les contaron sus padres o abuelos.

La organización de las bibliotecas rurales de Cajamarca se encuentra simbolizada por un círculo donde se aprecian desde los márgenes hacia adentro un conjunto de comunidades, bibliotecarios, coordinadores sectoriales y zonales, diversos consejos, comités, coordinadores y asesorías que desembocan en la asamblea general ¿suele haber rotaciones de los comuneros en los diferentes escenarios? ¿Cómo es la dinámica en un año de trabajo?

Cuando una comunidad decide tener su propia biblioteca rural, debe hacerlo en Asamblea, es decir, la decisión es colectiva. Éste es un requisito primordial para nosotros.
Y aunque la asamblea nombra a una persona, en la práctica elige a toda la familia de esa persona.
Eso significa, por un lado, que si el bibliotecario no cumple con sus funciones, la propia comunidad tiene la facultad de sustituirlo. Y, por otro lado, que la responsabilidad de la tarea reside siempre en el colectivo primordial de la familia campesina.
El comunero coordinador de un conjunto de bibliotecas es plenamente responsable del funcionamiento de su pequeña red y, a la vez, está íntegramente coordinado con su zona y la central de la Red, de manera que hay autonomía pero a la vez articulación.
Ya a nivel de estructura de la organización, cada dos años la Asamblea General de la Red elige al Comité Central y al Consejo Permanente de Coordinación, los entes directrices. Todo esto permite que no haya jerarquías y que todos, en efecto, participemos de las decisiones las mismas que –además– se toman por consenso y no por mayoría.
Así tenemos a la comunidad como punto de partida y como punto de llegada.

Con respecto al archivo de Tradición Oral ¿cómo ha sido el proceso de rescate de la información?

Ésta es casi una historia aparte. Cuando empezamos el rescate sólo pensábamos en la publicación de un pequeño libro de cuentos campesinos. Lo sugerimos en una asamblea, a finales de 1980 –cuando sólo teníamos alrededor de 100 bibliotecas–, y acordamos que cada bibliotecario rural traería uno o dos cuentos de su zona. Pero trajeron más.
Esa prodigiosa veta era mucho más grande de lo que habíamos imaginado.
A diferencia de otras experiencias de compilación, ésta no era realizada por uno o más especialistas externos que llegan a los pueblos, recogen los cuentos desde intereses particulares –y sin relaciones de confianza– y luego publican a título propio, agregando sus propias interpretaciones y sin que los productos regresen jamás a esos mismos pueblos.
Esta compilación se daba entonces desde una decisión colectiva por parte de los propios protagonistas, en sus propios espacios y sabiendo que el material producido retornaría a las mismas comunidades incluyendo sus propios nombres y desde su propia manera de hablar y decir las cosas.
Decidimos entonces empezar con una serie de cuentos, a partir de estas hojas manuscritas. Y la demanda de estos pequeños libros nos llevó de encuentro.
Por eso propuse a la Asamblea la constitución del Proyecto Enciclopedia Campesina de Cajamarca, para que pudiéramos encausar ese torrente fecundo y portentoso de la memoria de nuestros pueblos. Y comenzamos entonces con un proceso que incluía el uso de otros instrumentos para el recojo de las tradiciones, pero también las reuniones comunitarias con los ancianos para que el rescate a la vez se convirtiera en una suerte de escuela rediviva de la sabiduría de los abuelos.
Todo esto sin dejar que las iniciativas personales siguieran dándose.
Eso nos llevó a formar, paralelo a la experiencia de rescate como tal, el ATOC, Archivo de la Tradición Oral Cajamarquina. Todo este proceso continúa vigente.

En un apartado se menciona que en la red no trabaja “ni un solo bibliotecario académicamente formado”, que son los libros usados como herramientas los que le imprimen esa característica ¿Qué representa para el campesino de Cajamarca, el que integra la red de bibliotecas rurales, la figura del bibliotecario? ¿Existe algún interés académico en la disciplina?

Esta disciplina académica es un tanto extraña en nuestro medio. En muchos colegios grandes o municipalidades del país, incluso, el cargo de bibliotecario se lo dan a alguien –si las colecciones de libros no permanecen bajo llave– como relleno laboral, como función de conserje.
Si esto es en general, podemos colegir que en el campo de Cajamarca a los únicos que se les conoce como bibliotecarios es a los nuestros.
Es una pena decirlo, pero la educación formal no contempla al libro y la lectura como componentes transversales en los procesos de aprendizaje y profundización del conocimiento.
Esta escualidez académica no es la única: aunque en el departamento de Cajamarca más del 75% de la población es campesina-indígena, la universidad local no tiene un curso de antropología o un taller de cultura campesina andina y ni siquiera una breve charla al año sobre las características culturales en la que se insertarán, después, los egresados de todas las disciplinas.
Para variar, podemos recordar que en el informe PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes) 2001,el Perú ocupó el último lugar; para el 2009, de los 65 países evaluados el Perú aparece en el puesto 63 en lectura, 63 en matemáticas y 64 en ciencias.
Cuando a un ministro de ese entonces le preguntaron cómo era posible semejante desastre, respondió airoso defendiendo a su gobierno: “No es cierto que estemos ocupando el último lugar: ¡estamos en el penúltimo lugar!”.
Y estos desintereses académicos globales no son inocentes o meros forúnculos de la negligencia burocrática: el sistema educativo –asesorado y avalado financieramente por la banca mundial– es proporcionalmente tributario del sistema económico reinante.

¿Cómo se logra representar en documentos la tradición oral andina? ¿Cuáles son los principales obstáculos?

Hay una antigua historia egipcia que cuenta cómo el rey Thamuz recibió un ofrecimiento de Thot, quien era el dios de la sabiduría y de la escritura; era el patrón de los escribas, de las artes y las ciencias… el dios Thot le ofreció el arte de escribir. Pero Thamuz no quiso aceptarlo y le contestó: “Este invento producirá olvido. La sabiduría está en la verdad, no en su apariencia. No se puede recordar con memoria ajena. Los hombres registrarán, pero no recordarán. Repetirán, pero no vivirán. Se enterarán de muchas cosas, pero no conocerán ninguna”.
Nosotros estamos seguros que se pueden conjurar las sentencias del rey Thamuz, que no tienen que ser desahucios universales ni condenas irreparables. Sí es posible encontrar maneras para que la escritura sea amable con la diversidad cultural y su relación con el entorno; sí es posible evitar que la escritura colonice los territorios libres de la memoria y de la palabra auténtica.
Porque, en efecto, un obstáculo principal es la transferencia misma desde la naturalidad de la palabra dicha hacia el agarrotamiento de la palabra escrita, el permutar los decires con la escritura tramontando las fronteras gramaticales.
Por lo demás, en la medida que el idioma impuesto fue amansado históricamente por las comunidades imprimiéndole sentidos y conceptos diferentes, muchos significados difieren aunque los significantes sean los mismos.
El desafío es entonces cuidar al máximo que lo escrito no distorsione la oralidad, que no la congele sino que la deje fluir.

Un hito representativo en la historia de la red ha sido la realización del proyecto “Enciclopedia Campesina” ¿se han realizado actualizaciones de la obra, o nuevas aportaciones?

El Proyecto Enciclopedia Campesina no ha cesado, aunque no se le trabaja al momento con la intensidad de sus diez primeros años.
Esto significa que seguimos el proceso de rescate y que constantemente nos llegan manuscritos de comuneros que quieren dejar sus saberes a buen recaudo en nuestro archivo.
Tampoco tenemos un presupuesto general para publicaciones y, menos aún, específico para reeditar toda la obra. De manera que los tomos se van reeditando uno por uno a medida que podemos conseguir el presupuesto del caso.
Pero sí continuamos con la publicación de materiales desde la tradición oral de nuestras comunidades. Y hace poco menos de un año, la Asamblea General decidió que comenzáramos un nuevo proceso que esta vez involucre más a los niños y a los docentes. De manera que pronto iniciaremos una suerte de Enciclopedia Campesina rediviva.

De "Cosmovivencia", libro que recoge los testimonios de los comuneros miembros de la red, recibió de parte de Eduardo Galeano el siguiente comentario:
Este libro tiene muchas piernas.
Esas piernas tienen muchos caminos.
Esos caminos tienen mucha memoria.
Esa memoria tiene muchas vidas y esas vidas andan, recuerdan y dicen por los caminos de este libro que he tenido la dicha de leer.

 ¿Se percibe en la comunidad el reconocimiento externo de la Red?

Eduardo Galeano es un muy querido amigo nuestro. En el campo y los pueblos apreciamos mucho la generosa lumbre de su palabra.
Y sí que es bueno sentirnos acompañados, palpar ese calientito de las junturas fraternas.
Sobre todo cuando el relegamiento alterofóbico de la “sociedad oficial” contra la vida de las comunidades nos da de lleno; ¡no nos perdonan la soberanía ni la supervivencia! Pero tampoco requerimos de perdones porque no estamos dispuestos a arrepentirnos del camino que hemos construido.
Nos acompañamos entre nosotros mismos, con mucha hondura. Y enriquece nuestra humildad saber del aprecio que nos convidan desinteresadamente en otros lugares.
Acompañarnos y reconocernos es una gozosa responsabilidad que vale multiplicar siempre.

Mas de 40 años de una labor ejemplar que se ha tornado símbolo, en América Latina, del enorme significado y riqueza de la promoción de la lectura, de “sostener la esperanza” tal como reza en el sitio web de la red de bibliotecas rurales de Cajamarca ¿Cómo se imagina dentro de algunos años? ¿Qué sigue?

Ha ayudado mucho ser tan críticos con nuestro propio trabajo, tener la humildad de reconocer nuestros desatinos: eso hace que el trabajo se reinvente a cada paso sin perder la posición, el ser coherentes entre los textos y los contextos. Y consecuentes con el espinazo de los sueños.
Vale ser nuestros propios acechantes centinelas porque los colonialismos se inoculan muy adentro.
Imagino entonces comuneros vacunados contra las manipulaciones imperantes, inmunes al desaliento, abanderando su dignidad y su contento.
Aunque es verdad también que el sistema es un saqueador que no da a elegir entre la bolsa y la vida, y ahora ha mejorado sus antifaces, ha vuelto más sutiles sus argucias.
Las comunidades enseñan siempre esa prodigiosa virtud de la permanencia, su dinámica constancia. Ése es el desafío mayor. Y nosotros como que recién estamos empezando.
Imagino que en unos años los libros no serán un extraño lujo; falta mucho bregar para que el leer no sea una gimnasia anómala; queda mucho trajín para que el cultivarse no sea una amenaza pública.
Para nosotros sigue entonces la consolidación de los procesos y el afianzamiento de la organización, colectivizándonos más todavía.
Al fin, leer es un buen pretexto para juntarnos y renovarnos; leer es una buena causa para enriquecernos mientras compartimos, para multiplicarnos mientras nos profundizamos.
Y, a pesar de los temporales, se trata de seguir andando.

Alfredo Mires Ortiz
Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
http://bibliotecasruralescajamarca.blogspot.com/

Nota: la entrevista fue publicada en Fuentes, revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia, en octubre de 2013. ISSN 1997-4485

jueves, 14 de noviembre de 2013

Sobre el alcance de la educación

Me parece oportuno compartir un video donde es posible escuchar a George Carlin, gran pensador estadounidense de la contracultura, disertando efusivamente sobre la educación. Han pasado varios años desde esa presentación, pero su discurso no pierde vigencia ni actualidad, hoy mismo su lectura de la realidad resulta altamente representativa para buena parte del mundo. En este caso menciona que ante la dificultad en el aprendizaje por parte del alumnado, los directores y maestros proponían precisamente bajar la dificultad, cuando la problemática pasaba por la falta de contenidos que habiliten el discernimiento crítico entre los alumnos. Bajar la dificultad implica disminuir la práctica lectora, implica nivelar hacia abajo para llegar a compartir un plano levemente inferior, implica empobrecer el coeficiente intelectual de un país.
Es preciso trasladar esta lectura al contexto de la bibliotecología ¿cuántas veces discutimos sobre la preponderancia de los contenidos académicos para los alumnos? ¿Cuántas veces se analizó lo pertinente de una bibliografía? ¿Cuántas veces minimizamos la obsolescencia de los documentos?
Educación...he aquí la palabra, y agregaría compromiso ético de quienes deben garantizar, en el marco de las escuelas de bibliotecología, un discernimiento crítico de esta noble profesión.
Recuerdo muy pocos docentes, que en sus clases pregonaban permanentemente sobre la necesidad de pensar, invitando a los alumnos a guardar los libros y a proponer ideas. Pensar, esto que implica hacer uso de la razón, promover el entendimiento humano, porque ciertamente cuando un docente, por fuera de las fotocopias, les pide a sus alumnos que piensen alternativas, es como si dijera “desarmen el artefacto, separen todas las piezas, y evalúen, por fuera de lo que indica la bibliografía consultada, como lo podrían construir desde otro sistema de pensamiento, desde otro lugar, desde otro modo”...Aplicar conocimiento desde otras formas de conocimiento, poner en duda lo que figura citado, cuestionar la propuesta, completar miradas diferentes, articular nuevos modos de entendimiento...

Hay también otra realidad. En la docencia, no solo la bibliotecología, existen numerosos profesores que dictan contenidos sin hacer preguntas, donde tampoco habilitan que los alumnos las formulen, finalmente estos se transforman en recipientes que deben ser llenados con información, para luego exigirles que procesen lo que anotaron vertiginosamente, que lo digieran sin habilitar la argumentación, y luego que lo aprueben, como quien supera un obstáculo en la carrera. Recipientes vacíos de conceptos arremolinados sin estructuras articuladas, sin objetivos concretos, sin integración curricular, y si acaso existiese esa integración, la ausencia de análisis inhabilita la comprensión de dicha posibilidad. Si no se enseña a pensar ¿Cómo pretender que se comprenda el plano de una disciplina?

Seguimos con George Carlín. Es de suponer que al poder político no le interesa una población que pueda pensar críticamente, por lo general ocupan su tiempo en hacerles entender, a cada uno de ellos, que forman parte de un círculo cuyos múltiples espacios integrados habilitan la idea de que para pertenecer no hace falta preocuparse, que todos en definitiva tienen el control, que todos son personas libres haciendo libres elecciones.
Es la imagen del control remoto de la televisión, el que lo posee cree que elige los canales que está mirando, pero al tomar decisiones no puede darse cuenta que las está pulsando dentro de un inmenso lugar enrejado...un plano que apenas comprende, que lo que en realidad tiene (tenemos) son dueños que le indican, en forma invisible, que es lo que puede ver, que es lo que puede comprar, que es en lo que debe creer. Titiriteros que montan la inmensa y cotidiana obra, subsumida bajo el enorme control de los medios de la información, que todo lo anestesian, que todo lo imponen.

Existen alternativas claro, algunas pululan clandestinamente en las redes sociales, en quienes difunden meros contenidos independientes cuyas articulaciones muestran otro tipo de realidad, pero he aquí que el poder establecido necesita trabajadores obedientes, una idea de obediencia basada en la manipulación de hacer creer que las personas piensan por sí mismas al evaluar o procesar las diferentes informaciones que bajan de los medios de comunicación, un círculo para lo cual se necesitan arquitectos que han logrado diseñar la idea de una felicidad aparente, donde no sea posible advertir la grieta, donde el secreto objetivo es anestesiar conciencias, dispersar voluntades, distraer mentes, mientras el verdadero problema prosigue su curso. Como diría Carlin: "nadie parece darse cuenta, a nadie parece importarle

La inclinada mesa de la desigualdad social...
Vaya preguntarse porque las personas comunes, que cumplen honradamente con su jornada de trabajo, terminan eligiendo políticamente a quienes desde la política burdamente los excluyen, y la respuesta podría encontrarse en la ausencia de compromiso para cambiar la realidad, porque involucrarse implica dejar de lado el control remoto, porque no involucrarse forma parte del extraño mecanismo. A los digitadores de poder (palabra que no podemos dimensionar como quisiéramos para tener un alcance de lo que implica su invisible ejercicio), les conviene la sutil idea del movimiento inerte, la instauración de una tendencia que en algún momento activó en la sociedad la simulación de movimiento, para después hacer creer, a los que menos tienen, que la rueda efectivamente gira para tranquilidad de las minorías, y que lo que resta es tomar el control remoto y olvidarse de la dificultad, olvidarse de la construcción, olvidarse de la preocupación, en definitiva, olvidarse de eso que George Carlin llama “El Gran Club”.

Cuando el autor habla de bajar la dificultad, me gustaría que cada uno, desde la plena sinceridad y sentido ético profesional, reconozca, en su etapa de alumno, si acaso no le importó otra cosa que superar el escollo sin siquiera inquietarse por interpelarlo sustancialmente. Sin embargo todo depende precisamente del docente, porque personalmente he comprobado que cuando el docente propone en el aula ejercitar el pensamiento crítico, buena parte de los alumnos terminan aportando, acaso sin saberlo, una construcción colectiva, que no se reduce a la mera interpretación, porque allí está precisamente el rol docente para encuadrar la discusión en relación al enfoque teórico del objetivo de la disciplina.

Creo que estos enigmas no serán posible dilucidar en el corto plazo “el juego está arreglado, la mesa está inclinada”, es como si todas las posibilidades de cambio ya estuvieran digitadas, esta manipulación tal vez se comprenda (otros como Carlín alertaron sobre estas disquisiciones que temporalmente nos ocupan), pero se trata de un sistema de poder que advirtió precisamente el no compromiso de sus “esclavos”, que aún sabiéndose esclavizados, viven sus vidas despreocupados por no tener que tomar decisiones, de eso se encarga “el sistema”.

Este inmenso recinto lleva en alguna parte un candado, que no sabemos quien o quienes lo diseñaron, pero sí sabemos que nosotros no tenemos la llave.


Nota: la imagen pertenece al siguiente sito: www.cadep.ufm.edu

jueves, 7 de noviembre de 2013

Documentos liberados sobre las listas negras del terrorismo de Estado

Valga una breve reflexión en torno a lo sucedido.
En el edificio Cóndor –sede de la Fuerza Aérea Argentina– se recuperaron unos informes secretos que durante años estuvieron ocultos en un depósito, se trata de la publicación del Informe del Ministerio de Defensa sobre las denominadas "listas negras" de la dictadura, registros con nombre y apellido, documento de identidad y profesión de numerosos artistas, intelectuales, periodistas y comunicadores, considerados personas “peligrosas” para el Ejército.

Vale la pena releer el primer párrafo del documento:
"Registra antecedentes ideológicos marxistas que hacen aconsejable su no ingreso y/o permanencia en la administración pública. No se le proporcione colaboración". De esta manera la dictadura militar definía a los "Fórmula 4", grupo que incluía a intelectuales, periodistas, artistas y comunicadores que, al percibir de los responsables del terrorismo de estado, revestían el mayor nivel de peligrosidad. Como "Fórmula 1" eran calificados los que no tenían "antecedentes ideológicos marxistas". Un nivel superior - "Fórmula 2" revestían quiénes en sus antecedentes "no permiten calificarlo desfavorablemente desde el punto de vista ideológico marxista". Como "Fórmula 3" aparecían los que registran "algunos antecedentes ideológicos marxistas pero los mismos no son suficientes para que se constituyan en un elemento insalvables para su nombramiento, promoción, otorgamiento de beca, etc.". Como dijimos, los "Fórmula 4" (o simplemente F4) eran, a los ojos de la dictadura, los peores de todos, a quiénes no se podía emplear, ni promover, ni otorgar beneficios.

En el listado también aparecen docentes, músicos, directores de teatro, psicólogos, sociólogos, pintores, poetas, titiriteros...gente “peligrosa”. El documento publicado por el gobierno permite el acceso a tres PDF adjuntos que se pueden descargar directamente:

1. Lista 6 de abril de 1979
2. Lista del 31 de enero de 1980
3. Lista del 21 de septiembre de 1982

Hay otro hecho que llama la atención, la advertencia de que estos informes recomendaban a sus portadores incinerar los mismos para evitar que caigan en manos ajenas: El segundo listado que encontramos está actualizado al 31 de enero de 1980 e incluye a 331 nombres que estaban bajo la calificación de "Fórmula 4" (ver adjunto). Lo curioso de este listado es un encabezado que brinda una serie de recomendaciones, entre las cuáles está: "Deben ser INCINERADOS".

Se trata de un material que no debería faltar en las bibliotecas, y que requiere una lectura crítica por parte de los maestros, para que las nuevas generaciones sepan hasta dónde llegó la irracionalidad y la locura de una época que nunca más debe volver.

Fuente:  http://www.mindef.gov.ar/noticias/noticia159.html

miércoles, 30 de octubre de 2013

Testimonio sobre los Pi'oxonaq, chamanes de la cultura qom


En el año 2009 conocí a un libro viviente de la cultura qom, Mauricio Maidana, lingüista, artesano, músico, descendiente de chamanes, investigador de la cultura, conocedor de medicina tradicional…Cuando se tiene la posibilidad de entrevistar a una persona con el conocimiento de Mauricio, se tiene la certeza de que lo documentado permitirá resguardar un saber ancestral, simbólico, significativo, hay allí un modo de concebir y articular el pensamiento, es el saber de quienes estuvieron invisibles para la sociedad por mucho tiempo, es la sabiduría de quienes estuvieron históricamente silenciados: invisibilidad y silencio, he allí dos rasgos de nuestra compleja identidad. Incluso la lengua, a menudo calcinada, les debe reconocimientos por el aporte plural con el que potencialmente enriquecen el patrimonio lingüístico del país.

Cada texto que se discutió en la experiencia Qomllalapi (2008-2012) contó con el riguroso análisis de Mauricio Maidana, de las pocas personas que en Derqui pueden escribir y leer en qomle’q, y muy probablemente de los más calificados que hoy por hoy existen en Argentina. En este caso Mauricio brindó un enorme testimonio sobre los Pi’oxonaq, los chamanes qom que curan utilizando técnicas de soplido, succión, rezos, cantos terapéuticos, danzas como así también plantas sagradas, hojas, corteza de árboles, restos de animales (grasa, huesos, tendones, glándulas) y acompañamiento de instrumentos musicales como semillas, sonajeros, cascabeles o tambores.

 El documento contiene relatos sobre técnicas chamánicas, conocimientos del pi’oxonaq, ruegos y plegarias, como así también mención de antiguos chamanes conocidos por el autor (cuyo poder se hereda o se adquiere a través de diferentes tipos de duendes). En su visión más abarcadora, se considera al Pi’oxonaq como el verdadero guardián de los conocimientos y tradiciones de la comunidad. Actualmente Mauricio Maidana es consultado por temas linguísticos, etnomusicales e históricos de la cultura Qom. Un relato muy particular fue cuando Mauricio recordó a quien tal vez sea considerado uno de los últimos Pi’oxonaq del Chaco: Napiaayi (proveniente de Colonia Charata) quien luego de perderse en el Monte empezó al poco tiempo a realizar curaciones con el canto. Ñapiaayi falleció cerca de los 70 años, pero tuvo un hijo al que llamó con su mismo nombre, aunque debió anotarlo en el registro civil como José Segundo Alvarez. De este modo, Ñapiaayi hijo, (tío de Mauricio) heredó esa condición y empezó a trabajar como chamán a los 17 años (hasta mediados del año 1974). Imaginemos el contexto, pleno monte chaqueño, y un hombre que recorría la comunidad curando a la gente con su canto, un tema del cual existen muy pocos documentos orales.

Es probable que la raza de los pi’oxonaq se encuentre en proceso de extinción, los pocos que aún existen están ocultos, apenas conocidos por su entorno familiar y barrial. Alguna vez habría que registrar los derroteros históricos de estos guardianes del saber oral indígena, recuperar en parte el amplio legado medicinal que supieron dominar desde el tiempo de los antiguos, resignificar sus intervenciones y su conocimiento. En la entrevista el investigador ha descartado todo indicio de escritura por parte de los chamanes qom, incluyendo las expresiones pictóricas. Todo lo que se sabe se limita a la oralidad. Para alivio de la cultura qom existen personas como Mauricio que pueden transcribir lo que otros supieron comunicar. Todo lo demás son hojas que se las lleva el viento. Clasificación: Chamanismo / Pi’oxonaq / Archivos orales Informante: Mauricio Maidana. Artesano, lingüista, músico. Pertenece al Centro Comunitario Daviaxaiqui. Lugar / Fecha: Biblioteca Qomllalaqpi, Derqui, Buenos Aires - 06/11/2009.

Entrevista: Daniel Canosa Duración: 39’ 06''

Contenido de la entrevista:
El contenido de la grabación es el siguiente:
0.00’’ Presentación de Mauricio Maidana
1’ 53’’ Significado del Pi’oxonaq (médico qom)
2’ 35’’ Tipos de Pi’oxonaq
3’ 38’’ Utilización de animales para curación de enfermedades (relato del yacaré)
7’ 10’’ Plantas medicinales curativas
9’ 09’’ Nnataq (médium o espíritu que acompaña al chamán)
12’ 25’’ Curaciones con instrumentos musicales
13’ 50’’ Descripción de los Duendes chamánicos
15’ 23’’ Reflexiones sobre el arte chamánico
16’ 14’’ Mujeres Pi’oxonaxa
18’ 32’’ Significado de la muerte de un chamán
21’ 00’’ Napiaayi, probablemente último Pi’oxonaq de Chaco (tío de Mauricio)
27’ 40’’ Iniciación del chamán
30’ 00’’ Texto en lengua qom sobre un ruego chamánico ancestral
31’ 28’’ Chamanismo y cristianismo
32’ 40’’ Conocimiento y escritura
35’ 40’’ Texto en lengua materna sobre una plegaria qom chamánica.
37’ 57’’ Consejos del Pio’xonaq

Entrevista: Daniel Canosa

Referencia: Se tomaron apuntes del siguiente libro: "El lenguaje de los dioses: arte, chamanismo y cosmovisión indígena en Sudamérica". Ana María Llamazares y Carlos Martínez Sarasola - Buenos Aires: Biblos, 2004.

 A modo de epílogo, esta columna se edita el mismo día en que la democracia Argentina cumple 30 años de haber recuperado la libertad, la elección es simbólica, tiene que ver con el conocimiento que durante la dictadura fue silenciado por parte del terrorismo de Estado, y en este caso puntual, considerando la pertenencia de Mauricio Maidana al Centro Comunitario Daviaxaiqui, se vincula paralelamente el fallo histórico de la Corte Suprema de Justicia con respecto a la Ley de Medios de Comunicación Audiovisual, proyecto de ley que permanentemente apoyamos junto con los paisanos para poder lograr el ansiado sueño que por años acompaño al barrio toba de Derqui: la propia radio indígena bilingüe. Esperemos que este logro por parte del Estado les permita a los qom poder compartir un conocimiento que, como el citado en esta entrevista, corre riesgo de extinción.

martes, 15 de octubre de 2013

Testimonio de vida de Adelio Medrano


Hace unos años registré una entrevista con el artesano Adelio Medrano, quien ofreció un testimonio de vida desde el barrio toba de Derqui, Partido de Pilar, provincia de Buenos Aires, donde se encuentra el Centro Daviaxaiqui. Este paisano, nacido en el paraje El colchón, provincia de Chaco, da cuenta de las costumbres que aún perduran en su tierra natal (la práctica de la lengua, el uso de plantas medicinales, la caza y la pesca). Su historia lo tuvo como testigo de una lucha que desde hace años vienen sosteniendo los qom en la denominada “Reserva aborigen” chaqueña, donde fueron expropiados de sus tierras por parte de los gobernadores. Su padre fue uno de los que trazó caminos para el tránsito en su Chaco natal y uno de los tantos que bregó por el reconocimiento de las tierras originarias.

Adelio Medrano se fue del Chaco en 1994 (como tantos qom de Derqui, inicialmente recaló en Fuerte Apache, donde ya convivían familiares suyos), llegó en colectivo, luego de un viaje de 17 horas. Allí realizó artesanías variando las costumbre (en Chaco, aprendiendo de su abuela, hacía tinajas o vasijas de barro cocido con hueso molido para uso familiar), en Fuerte Apache lo hizo para sobrevivir (lechuzas, palomas) y agregando otras técnicas con témpera, barniz o aserrín de madera (para el tono marrón oscuro habitual de las artesanías), luego un horno a leña daba forma definitiva a las características figuras.  

En tiempos duros pero con cierta esperanza, el artesano finalmente llega a Derqui entre el año 1997 y 1998, junto con familias procedentes de Piedra Buena y Mataderos. Integra al poco tiemp0 el Centro Comunitario Daviaxaiqui, vende sus propias artesanías, y ofrece charlas en los colegios sobre cultura qom, costumbres ancestrales, y especialmente algunas nociones lingüísticas de la cultura.

Fue uno de los tantos paisanos que construyó su casa aprendiendo el oficio de albañil. En torno a todo lo que nacía por entonces, el Centro Daviaxaiqui resultó el centro de las actividades culturales y de la discusión de problemáticas barriales de las 32 familias que poblaron la comunidad.
Gran parte de los familiares de Adelio siguen viviendo en Chaco, lo cual da un sentido de la idea de desarraigo que tuvieron que padecer los qom de Buenos Aires. Los ladrillos reemplazaron al barro cocido y paja, pero los sentimientos quedaron anclados a miles de kilómetros.

En el monte hay un Dios en el cual los qom creen, un lugar donde se encuentran los alimentos”  dice Adelio Medrano, dando un entendimiento de las creencias originadas en la naturaleza y que contrastan con las inclinaciones religiosas de muchos de sus coterráneos, quienes optaron por el evangelismo.

Ya su abuelo sostenía en lengua materna que el 11 de octubre era el último día de la libertad del aborigen. Su deseo es volver a Chaco, aunque puertas adentro ya se habituó con su familia a hablar en castellano, aún así, utiliza el conocimiento para realizar traducciones, incluso certifica que muy pocos qom de Derqui escriben en lengua materna, se trata de una práctica que requiere tiempo y que motiva una profunda reflexión.

Tanichi es el nombre originario de Adelio (un concepto similar al de médico, aquel que conoce remedios naturales), su caso aporta un elemento a la desconsideración de los registros oficiales con respecto a los nombres originarios (al punto de considerarlos nombres “extranjeros”) imaginemos no poder portar legalmente un  nombre, precisamente el término que nos diferencia de los demás, que tiene honda relación con la identidad, y tal vez comprendamos ciertas heridas que desde hace siglos no terminan nunca de cicatrizar.

Una historia entre tantas, que “dice” algo de lo que somos y no somos.

Clasificación: Costumbres / Cultura qom / Archivos orales

Informante: Adelio Medrano. Artesano, lingüista. Pertenece al Centro Comunitario Daviaxaiqui.
Lugar / Fecha: Biblioteca Qomllalaqpi, Derqui, Buenos Aires - 21/01/2010.
Entrevista: Daniel Canosa
Duración: 31´ 17´´
Contenido de la entrevista:


0.00” Referencias sobre comunidades del Chaco
3’.54’’ Llegada a Fuerte Apache (Buenos Aires)
4.’50’’ Artesanías: modos de realización
8’.00’’ Llegada a Derqui
9’.40’’ Aprendizaje de la albañilería
12’.45’’ Viajes al Chaco
13’.20’’ Cosmovisión del qom: dioses de la naturaleza
16’.05’’ Aprendizaje del oficio de artesano
17’.55’’’ Venta de artesanías
18’.40’’ Relación con la música
19’.40’’ Día de la raza
21’.50’’ Hablantes bilingües de la comunidad
23’.30’’ Recuerdos del viaje de Chaco a Buenos Aires
26’.40’’ Símbolo de la cultura
26’.55’’ Tanichi (médico): nombre originario de Adelio
27’.55’’ Construcción de canoas para la pesca
29’.40’’ Caza del ñandú
30’.10’’ Saludos para la gente del Chaco.

Entrevista: Daniel Canosa

sábado, 21 de septiembre de 2013

Una biblioteca popular...

Cada tanto me gusta compartir buenos ejemplos de lo que podríamos denominar Bibliotecología Comunitaria, es lo que en este caso representa la Biblioteca Popular Los Hornillos, ubicada precisamente en la localidad que toma su nombre, dentro del partido San Javier, provincia de Córdoba. Se trata de un sencillo ejemplo de construcción identitaria, un espacio vital, dinámico, cultural, comunitario, de un pueblo cuya biblioteca resultó ser un punto de encuentro para poder conservar el conocimiento de sus paisanos, una verdadera casa de la memoria.

Las prácticas abundan, enumerarlas apenas tiene el objetivo de acercar un sentido en el cual se enmarcan cotidianamente las diversas acciones emprendidas.
En este centro cultural se han llevado a cabo proyecciones de cine documental, asimismo se habilitó un espacio de expresiones artísticas locales, donde pintores, poetas y artesanos encontraron un modo de comunicar y compartir sus construcciones, articulando propuestas con escuelas de arte de la zona. Es alentador saber lo que el voluntariado genera cuando hay detrás un proyecto pensado colectivamente, con una misión clara y específica, ya que como dice uno de sus responsables:  "tener un lugar propio es la libertad misma", dando cuenta de un anhelo largamente soñado. Desde allí llevaron a cabo uno de sus máximo sueños: registrar mediante testimonios grabados a los ancianos la historia del lugar, generando un archivo oral con el aporte sustancial de aquella inexplicable categorización: la llamada “tercera edad”.

En la filmación se ven a los vecinos conversar bajo una hilera de luces colgadas de los techos, comparten la certeza de saber que pertenecen a algo que los une. Todo parece indicar que la biblioteca cumple un rol fundamental, que lo que la comunidad Los Hornillos sabe se encuentra entre los estantes de la biblioteca, donde todo lo nuevo parece estar por suceder. 

Facebook:
https://www.facebook.com/biblioteca.loshornillos

Conabip
http://www.conabip.gob.ar/noticias/noticia/20140