Espacio que pretende resguardar voces y conocimientos desde el abordaje de la
bibliotecología. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural intangible
conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas a bibliotecarios sobre el rol social
de la profesión. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

martes, 22 de diciembre de 2015

Los bibliotecarios y la vocación


“Si hortum in bibliotheca habes, deerit nihil”
Si cerca de tu biblioteca tienes un jardín, no te faltará nada.
Cicerón

A lo largo de la historia siempre se ha discurrido en torno al ser bibliotecario, extrañas personas que como cualquier otra desempeñan una labor en un ámbito determinado, se tratan de pensamientos e ideas que de algún modo buscaron representar un mundo detrás de lo aparente. En algunos casos, merced al imaginario colectivo instalado en torno al estereotipo, ciertos textos que adolecían de rigor académico, buscaron un guiño cómplice con lectores que no se tomaron el trabajo de ejercer el pensamiento crítico, reduciendo la intencionalidad a un entendimiento cinematográfico de la disciplina, en donde los bibliotecarios cumplían un rol pasivo, condenados a representar un papel secundario entre sus conciudadanos. 

Hoy recojo la circunstancia para discernir en torno al oficio prescindiendo del enfoque lúdico, centrado más bien en la representación simbólica del bibliotecario como puente entre culturas, un nexo entre distintas formas de conocimiento, permitiendo organizar y tornar accesible lo que dicha sinergia genera en el espacio de una biblioteca.

Por lo tanto considero oportuno detenerme en la vocación (por cierto cualquiera lo puede comprobar, imaginemos dos bibliotecas idénticas en recursos y servicios, pero pongamos en una bibliotecarios que solo esperan hacer lo mínimo indispensable y en otra bibliotecarios con vocación, y al final del año tendremos dos bibliotecas absolutamente diferentes, una de ellas ordenada y la otra llena de lectores).

Se sabe, están aquellos bibliotecarios que suelen establecer construcciones con su accionar, logran que los libros traspasen los muros de la biblioteca, llevan adelante su entusiasmo sin dejarse vencer por el contexto, en sus espacios de trabajo los libros están manchados, rotos, gastados, son leídos, a veces tardan en devolverlos, pero cuando lo hacen lo que devuelven no es solo el objeto, sino también una interpretación de lo que sus páginas custodian, el nacimiento de una idea, una formulación crítica, una recomendación o sugerencia, el bibliotecario recoge todo eso, lo retroalimenta con otros datos, vincula posibles lectores y temáticas, genera espacios de discusión, alumbra horizontes que antes parecían dormidos. Personalmente siempre desconfié de las bibliotecas deslumbrantes, allí los estantes brillan, los libros son inmaculados, pero la soledad del recinto no deja de representar una terrible contradicción: sin lectores, esas bellas encuadernaciones no tienen ningún sentido, y el espacio deja de cumplir una función.

Una biblioteca bien puede considerarse una casa de cultura crítica, un espacio para interpelar la memoria, un lugar donde compartir lo que cada uno sabe.

Según Horacio González, las bibliotecas “son organismos vitales, centros de lectura e investigación, que documentan todas las formas de vida pasadas y contemporáneas y son a la vez instituciones de la memoria de la humanidad y de la nación. Cada libro o documento vale por sí mismo y por los libros y documentos vecinos a los que conduce. Cada lector por sí mismo forma parte de una red de lectores, y éstos, son una parte fundamental de la conciencia social en movimiento”.

En ocasiones es posible generar allí el propio acervo, la propia identidad. Pensemos cuantos espacios pueden propiciar semejante construcción de sentido, que alguien pueda decir “allí están guardados nuestros valores, nuestra memoria, nuestro pasado, nuestra identidad” ¿Qué habrá pensado el primer escriba que atesoró un conocimiento en una tablilla de arcilla? ¿Qué habrá sentido cuando supo que parte de su memoria quedaba perpetuada en un mero artefacto que el paso del tiempo no podía olvidar? Los bibliotecarios tienen ese carácter filosófico ante el conocimiento compartido, saben que la información es crucial para entender un mundo donde sea posible la igualdad de derecho, y hacia ese destino avanza, forma parte de su naturaleza, con su accionar logra que las personas accedan a un conocimiento fijado en un soporte, la utilidad de poder establecer articulaciones en torno a lo creado por la raza humana, en donde la noción de tiempo desaparece, quedando reducida al simple contacto con la palabra escrita, un conjunto de signos que tienen por destino la curiosidad de un lector, la avidez por aprender, por compartir  y socializar lo aprendido.

Detrás de todos estos significados está siempre el bibliotecario, no importa el estereotipo, su juicio ajeno y atemporal no nos alcanza ni nos define.

Así también las bibliotecas resultan aquellos territorios donde es posible que un conocimiento se transforme en documento, favorecido por el aporte de los lectores, haciendo uso de los múltiples recursos que suelen utilizarse en las diferentes unidades de información que solo los bibliotecarios pueden organizar. Un lugar donde resulta pertinente interpelar la información que se almacena o que se genera en forma interdisciplinaria, un mundo donde caben muchos mundos... 

En su presentación sobre historia del libro y las bibliotecas, Alejandro Parada expresó lo siguiente: “Hablamos de lugares casi biológicos y de entropía negativa, ya que las bibliotecas son uno de los mayores intentos de la humanidad para evitar la pérdida de energía (un don, entonces, entrelazado con la inmortalidad) y, por lo tanto, constituyen el conjuro vital contra la muerte de la Cultura Impresa y los saberes producidos por cada generación que nos precedió”. Esta afirmación nos lleva a considerar el carácter dinámico de una estructura cuyas articulaciones deben ser sometidas a una constante relectura por parte de los bibliotecarios, caso contrario nuestro ejercicio profesional carecería de sentido. Cabría vincular, siguiendo el razonamiento del autor, el problema de la “ahistoricidad”, en el que resulta inevitable concebir la profesión desde el autoconocimiento de su propio pasado:

Si un campo pierde su memoria compartida y gregaria (aquella memoria que nos hace bibliotecarios y no otra cosa) entonces, renuncia a su anclaje histórico, se sustrae a su esencia social, se ausenta de su existencia y, en consecuencia, tiene el riesgo de desaparecer (o de ser sustituida por otras áreas de estudio) como le ha sucedido a muchas sociedades que no reconocen su colectivo memorial. La historia de las bibliotecas, por añadidura, brinda a los bibliotecarios un valor adicional y fundamental, (y citando a Jesse Shera) “el sentido de la amplia dimensión temporal para desarrollar sus técnicas profesionales en un medio estrictamente social”.

Si no somos conscientes del peso de estas definiciones difícilmente ocupemos el rol de articuladores  en las llamadas sociedades de la información. En muchos casos, el poco reconocimiento social de la disciplina, genera en algunos bibliotecarios la necesidad de nombrar las mismas cosas de diferente manera, para luego alertarnos de los descubrimientos, posicionándose en ellos, lo que por fuera parece una actualización de los conceptos por dentro es complejo de inferioridad.

La información se va incrementando a una velocidad difícil de procesar, donde se atraviesan variables como el azar, la arborescencia y la construcción de sentido, los datos se multiplican mientras una masa de información primaria resulta denegada al acceso público, en ese plano el bibliotecario debe trazar las coordenadas del control bibliográfico, buscando ordenar lo que permanentemente va mutando, completándose en documentos móviles, imposibles de fijar para siempre en un catálogo. He aquí una tarea que pareciera no tener fin, y para lo cual necesitamos el auxilio de una lectura heracliteana.

Cabría entrelazar una nueva reflexión de Horacio González, cuando afirma que “el bibliotecario multiplicador es así quien no se clausura en determinaciones que lo tornan un servidor de una maquinaria central, sino en un agente irradiador de culturas diversas, cuya base es su compromiso profesional específico y su comprensión interdisciplinaria”. Dicho entendimiento, cuya dimensión ética atraviesa el carácter humanista y técnico del bibliotecario, nos ubica en un plano bajo el cual debemos tomar como premisa evitar clausurar la  vertiente multiplicadora de la que hablaba el  Director de la Biblioteca Nacional, en ese sentido crítico los bibliotecarios encontraremos elementos para  no fosilizar, con nuestro accionar, el corpus profesional y académico de la disciplina. Por último, es preciso no remover el agua de la fuente para poder discernir con claridad cuando se afirma que “no es concebible una Biblioteca Nacional sin esta compleja visita de un conocimiento en la casa del otro”, la construcción siempre es colectiva, y más en un espacio donde se desarrollan actividades humanas, sociales y comunitarias. 

Esta idea que a continuación comparto, nuevamente por parte de Alejandro Parada, es de las más genuinas que leí últimamente, por su mezcla de sentido común y audacia, porque de algún modo nos interpela y nos retrata:

Todas las bibliotecas, fundamentalmente las de acceso público, deberían poseer un sector asistemático, sin orden prefijado, ni indización alguna, donde los lectores puedan vivir la posibilidad de participar de la aventura bibliográfica de encontrar un libro al azar. Vagar, con libre arbitrio, alrededor de un territorio, impreso o virtual, librado al encuentro fortuito y a la anarquía. Un lugar donde la imaginación y la lectura se centraran en fundar una cabecera de playa librada al gozo lector. Las bibliotecas deben tener su pequeño sitio huérfano del rigor topográfico, caro a los libres traslados furtivos de los lectores. Nos referimos a lo utópico como una constelación de confluencia entre las prácticas, las configuraciones y las representaciones”. 

Cabría saber “leer” las consecuencias de dicha propuesta, analizando que respuestas genera, que asimetría, que empatía, que alternancia, y acaso debamos cuestionarnos que tipo de selección propondríamos en ese hipotético escenario. Por ideas como estas, que seguramente por una mera cuestión de osadía me creo con derecho a interpelar, considero que la profesión va a encontrar siempre el modo de adecuarse a los cambios sociales, culturales, políticos y tecnológicos, ofreciendo discernimiento, propiciando escenarios mucho más apacibles para los lectores en esos recintos imprescindibles y necesarios conocidos como bibliotecas.

Finalizo con una reflexión colectiva, motivada por las apreciaciones de algunos bibliotecarios entrevistados por quien suscribe, sobre el rol social de la profesión. Entre todas las preguntas que formaron parte de las entrevistas publicadas en la Revista Fuentes de Bolivia, hubo una que se hizo frecuente: 

¿Cómo definiría a un bibliotecario?

Las respuestas, que vuelvo a compartir, nos recuerdan lo que somos, nos dice aquello que representamos, lo que nos llevó de algún modo a elegir esta carrera, el enorme valor de nuestra noble profesión. Acaso sirvan para entender una misión, el lugar que ocupamos en una sociedad, mientras el universo de la información se expande infinito a través de la memoria: 

Decía Alfredo Mires Ortiz
El bibliotecario como un orfebre de los saberes, es decir como alguien que junta y comparte las memorias y los decires de todos y de todo. Como un fraguador del acicate, el que defenestra las anteojeras colonizantes a través de la lectura y expurga las páginas de las hegemonías y los dominios. Un bibliotecario no es un distribuidor de papel encolado, no es un autómata de la clasificación y tampoco un suministrador de embustes imperantes. Un bibliotecario es un alentador de herramientas para un entorno que comparte y de cuyos sueños participa”.

Felipe Meneses
Es la persona profesional y/o auxiliar que hace funcionar de la mejora manera una biblioteca o una red de bibliotecas en los sectores públicos, sociales o privados. Es quien desarrolla colecciones y gestiona servicios de calidad para satisfacer las necesidades sociales y políticas del individuo, del grupo, de la comunidad, de la sociedad, del Estado”.

Fernando Báez
Dado que han cambiado las condiciones en estos inicios del siglo XXI, un bibliotecario debe ser un activista del conocimiento al servicio de las transformaciones populares basadas en la transparencia de la información, en la defensa integral del patrimonio bibliográfico y un agente comunitario con una visión democrática que facilite la formación popular de un espíritu crítico y a la vez creativo, participativo, en las bibliotecas. Creo que el bibliotecario debe ser ante todo un luchador con responsabilidad social, partidario ante todo de la pluralidad cultural, defensor del libro como signo de identidad y con la capacidad de fomentar la lectura y la ciudadanía local y global. La crisis económica mundial ha puesto en evidencia que hay una corriente a favor de privatizar el conocimiento, recortar reivindicaciones laborales, constituir grandes latifundios informativos, y eso hay que enfrentarlo con principios cooperativos, con unidad sincera y consciencia popular”.

Ignacio Epinayú Pushaina
Es el garante de la recuperación, organización, preservación y difusión de la información. Eso lo hace una persona con muchos conocimientos, con sensibilidad social, un ávido lector. No solo de textos, sino del entorno para saber cuáles son las necesidades y expectativa de los usuarios. Un bibliotecario debería ser un mediador competente entre la palabra y las necesidades de los usuarios, como una especie de palabrero!”.

José Juncosa
La definición de bibliotecario que sugerimos es la siguiente: es aquel que pone a disposición de los pueblos indígenas y comunidades información relevante para su futuro, para ejercer sus derechos, para recuperar su memoria histórica”.

Mirta Pérez Díaz
Actualmente se define un bibliotecario como “un profesional de la información, una persona que, en el ámbito de una biblioteca o centro de documentación desarrolla procedimientos para organizar la información, así como para ofrecer servicios con el fin de ayudar a las personas para identificar y acceder a la información que necesiten, en sus diferentes formatos”. Sin embargo Gastón Litton, en los años 70 escribió que la labor del bibliotecario debe incluir trabajos y responsabilidades, que se omiten en la anterior definición pero que, hoy más que nunca, resultan sustanciales para completarla: “Determinar las condiciones y aspiraciones del hombre e identificar los problemas y anhelos de la sociedad; Relacionar las necesidades de los hombres y de la sociedad con la accesibilidad de la información y los datos; Determinar qué vías de cooperación deberán ser abiertas entre las bibliotecas para extender y mejorar el servicio en forma conveniente para el mayor número de ciudadanos; Continuar estudiando, manteniéndose despierto y alerta ante la necesidad de adquirir nuevos conocimientos, procurando la mejor preparación posible para enfrentar las exigencias cada vez más amplias de la sociedad.”

Oscar Maya Corzo
Un profesional que tiene frente a sí todos los posibles horizontes laborales, académicos y profesionales que pudiera desear un profesional, y sin embargo, los obvia y desprecia. El bibliotecario es un profesional privilegiado que puede incidir en el presente y en el futuro de la humanidad, ni más ni menos”.


Jesús Pérez Palomino
Pensar la biblioteca, es pensar el conocimiento desde todos los ámbitos. Por eso creo que son los abuelos y abuelas bibliotecas vivas los que poseen el saber hacer de las nuevas generaciones. Por esto, actualmente seguimos trabajando en habilitar varios espacios en donde todas las personas puedan llegar y tertuliar, porque hay un libro que nos les parece, porque hay un libro que recoge la realidad de la comunidad. Finalmente recojo en la biblioteca, lo que han definido los africanos, un griot.

Robert Endean Gamboa
Como el artífice creador de universos simbólicos de información y conocimiento, que muchas veces sirven para articular sustitutos de documentos o los propios documentos; conocedor experimentado de las estructuras, propiedades y características de esos universos simbólicos; y por ende quien puede enseñar y orientar a las personas que incursionan en ellos”.

Y para terminar, bien valen estas palabras de Hugo García sobre el sentido de nuestra profesión, esperando que el próximo año los bibliotecarios sepamos encarnar una resistencia cultural basada en el discernimiento crítico y la mirada amplia y objetiva, pero sobre todo que sigamos haciendo nuestro trabajo de la mejor manera posible:

Porque bien sabemos todos que "la vida pasa, y nos vamos poniendo viejos" en la piel o en el espíritu, y comprendemos que el día indicado es ahora y el ámbito es éste, el nuestro. Así, voluntaria y humanamente, sin disputar los poderes y territorios ya envejecidos de tanto darwinismo cultural, constituimos un nosotros ahora... para poder inscribirnos en el curso de capacitación que más nos interesa, el de servir a nuestra profesión y a nuestros compatriotas de manera óptima y cabal, según metodologías y normas consensuadas y fundadas en principios éticos, científicos y estéticos. Porque aspiramos a situarnos en el mapa local, nacional y latinoamericano para así aportar nuestra labor en el itinerario de los pioneros y los soñadores, de nuestros anhelos y dolores, e inscribir nuestra marca en el diseño de los escenarios y las condiciones de vida deseables, tan anclados en una cartografía nítida y memoriosa como proyectados sobre un horizonte de vida popular y humanista”.


A todos ustedes, forjadores de utopías, muchas gracias…
Los mejores deseos para el próximo año.


Documentos consultados
La historia del libro y de las bibliotecas y sus porqués / Alejandro Parada
http://www.bn.gov.ar/descargas/recursos/jornadas/alejandroparadapresentacion.pdf

Bibliotecología e Historia del Libro y de las Bibliotecas / Alejandro Parada  (ahistoricidad)
http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1851-17402012000100001

La cuestión bibliotecológica o "el factor humano" / Alejandro Parada   (factor humano)
http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1851-17402010000200001

Mensaje a los bibliotecarios y trabajadores de bibliotecas de todo el país / Horacio González 
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-288554-2015-12-18.html

Nota:
La imagen seleccionada tuvo por criterio representar a casi todos los colegas entrevistados hasta el momento en este espacio, sería imposible incluir a todos los bibliotecarios y bibliotecarias que de algún modo u otro dignifican esta profesión, vale la aclaración por la inevitable ausencia de nombres y de símbolos en este texto.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Jesús Pérez Palomino y las bibliotecas vivas del patrimonio oral intangible de Palenque San Basilio


Resumen
Semblanza de Jesús N. Pérez Palomino, joven antropólogo, investigador de la cultura de Palenque San Basilio, perteneciente al Proceso de Comunidades Negras, Palenque Ku suto Karibe, Director de la Corporación Festival de Tambores y Expresiones Culturales de Palenque, quien ha sido uno de los principales propulsores de la “Casa del saber palenquero Rafael Cassiani Cassiani", la biblioteca de la comunidad donde los niños tienen un acercamiento a la lecto-escritura, a las diferentes manifestaciones culturales y a la memoria de sus libros vivientes. El autor ha impulsado el fortalecimiento de la tradición oral palenquera, traduciendo textos, recopilando costumbres, investigando el contexto histórico de la esclavitud y favoreciendo el bilingüismo. En sus palabras es posible advertir la enorme importancia de los tambores en la vida cotidiana de los palenqueros, como también la sabiduría de los “abuelos y abuelas bibliotecas vivas” donde descansa el patrimonio oral intangible de la comunidad. Se trata de un espacio de resistencias, en el que los jóvenes palenqueros forjan día a día su sentido de pertenencia a una identidad cultural.

Palabras clave
BIBLIOTECAS INDÍGENAS; ROL SOCIAL DEL BIBLIOTECARIO; IDENTIDAD CULTURAL;BIOGRAFIA DE JESÚS N. PEREZ PALOMINO
Noticia biográfica
Jesús N. Pérez Palomino, antropólogo palenquero, posee diplomaturas en Etnoeducación e Interculturalidad y en una Cátedra de Estudios Afrocolombianos, forma parte del Proceso de Comunidades Negras Palenque Ku suto Karibe, es Director de la Corporación Festival de Tambores y Expresiones Culturales de Palenque. Desde hace tiempo viene impulsando en la comunidad de Palenque de San Basilio, un proyecto político administrativo destinado a la autonomía especial del territorio ancestral habitado por los palenqueros/as. Como investigador ha publicado los siguientes trabajos:
Del Arroyo al Acueducto: Transformación sociocultural en el Palenque de San Basilio (2002), Palenque; zona de convivencia pacífica y territorio étnico cultural (2004); Palenque Patrimonio Oral e Inmaterial: entre lo tuyo y lo mío (2006); La Cosmovisión Palenquera, vista desde adentro (2009); Amenazas a la identidad cultural del Palenque de San Basilio (2009); Lo colectivo en Palenque, un espacio de lo Íntimo (2012); La discriminación racial a las comunidades afrodescendientes: Análisis desde el diario El Universal de Cartagena, Colombia (2014). Como coautor ha publicado los siguientes documentos: San Basilio de Palenque: caracterizaciones y riesgo del patrimonio intangible (2005); Palenque: Historia libertaria, cultura y tradición (2008) y Katalina Luango: mediadora para los difuntos entre el aquí y el allá (2009). Entre sus investigaciones publicadas se destacan “Alcance y retos de la Ley 70 d 1993 (2012); Dossier Palenque Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad (2004); Currículo intercultural de la Comunidad Palenque, en Barranquilla, Cartagena y San Basilio (2006);  Visibilización y dignificación de la población en la ciudad de Cartagena a través del Barullo (2007); Proceso de Identificación, Recuperación y Salvaguarda (PIRS) de las manifestaciones culturales del Espacio Cultural de Palenque de San Basilio (2007) y Fortalecimiento de los consejos comunitarios del Caribe colombiano, como opción de convivencia y desarrollo (2011)
Entrevista
Jesús, recuerdo una frase publicada en un artículo sobre Palenque San Basilio: “Que las bibliotecas no se conviertan en iglesias”. ¿Se puede afirmar, por las experiencias de los investigadores, estudiantes y bibliotecarios palenqueros, que dicha expresión de deseos va camino en ser cumplida?

La responsabilidad que viene asumiendo la comunidad con relación a fortalecer espacios de formación y transmisión, como las bibliotecas, permite que dicha expresión no se convierta en realidad. Por lo menos en los próximos cinco años, porque en la actualidad se han venido formando jóvenes para la motivación de la lectura a los niños, niñas y jóvenes de la comunidad. Es prudente evidenciar que el hábito de la lectura de los jóvenes no se ha venido cultivando, lo que conlleva a que las bibliotecas se conviertan en una iglesia, que para el caso de Palenque es triste, porque la iglesia se mantiene por lo general sola, y en caso muy particulares la comunidad visita este espacio. Además porque los palenqueros y palenqueras son practicantes de la religión, sea cual sea su filosofía, de una forma cotidiana, y no la de ir constantemente a este espacio. Por lo tanto las bibliotecas no deben ser espacios rígidos y cuadriculados en la cual haya un régimen de comportamiento, debe habilitar espacios donde los niños, niñas y adolescentes encuentren un momento de integración por medio del aprendizaje. Asimismo, se deben tener presente lo lúdico como herramienta de acercamiento a la lectura, y para estos los pueblos que conservan su identidad cuentan con muchos métodos. Entre estos están los juegos en donde se humanizan a los animales, el uso de las frutas y los seres acuáticos.

San Basilio del Palenque fue fundada por esclavos que se fugaron encontrando refugio en los palenques de la Costa norte de Colombia desde el siglo XV, las crónicas históricas atestiguan que esta tierra ha significado para los palenqueros una forma de resistencia cultural ¿Ha podido la biblioteca representar con documentos la memoria histórica de aquel pasado?

En los últimos años por medio del Ministerio de Cultura de Colombia, se ha publicado una serie de colección de las comunidades negras de este país, lo que ha permitido que las bibliotecas municipales en su mayoría cuenten con la colección. Además para el caso particular de Palenque, desde la Corporación Jorge Artel se llevó a cabo un proyecto de revisión bibliográfica de los textos escritos sobre Palenque y las comunidades negras en general. Lo que permitió realizar una solicitud de todos los textos relacionado con el proceso histórico, cultural, lingüístico y pedagógico producido por diversos investigadores. Para el caso particular de la memoria histórica se cuenta con un sinnúmero de textos que representan la memoria del pasado. Para resaltar las gestas de los hombres y mujeres cimarrones que se fugaron, por su resistencia fundaron muchos Palenques, entre estos el Palenque de San Basilio, quien se ha convertido en el referente histórico y cultural para los pueblos que han perdido su memoria. Además de los textos, se han estado formando jóvenes quienes oralmente explican las gestas de los hombres y mujeres en el periodo de la colonia. Estamos seguros que la biblioteca podrá mejorar aspectos de organización de la información y la cualificación de quienes están al frente de ella, pero es un proceso que paulatinamente se va dando.

¿Has notado, como investigador de la cultura, un compromiso por parte de los jóvenes palenqueros? Qué noción crees que hay en torno al patrimonio oral intangible?

La patrimonialización de las manifestaciones culturales de Palenque de San Basilio, ha permitido que el Palenque rural y urbano, esté fortaleciendo el sentido de pertenencia. Este es un paso fundamental, porque a los palenqueros tanto quienes habitaban en los espacios rurales como los palenqueros urbanos, vivían y viven una constante discriminación por la forma dialectal de hablar el español, las prácticas de los rituales fúnebres, entre otros. Por este análisis parcial, me atrevo a decir que hay un gran número de adolescentes y jóvenes que tienen un compromiso de mantener, fortalecer y difundir las manifestaciones culturales palenqueras, por diversos medios. Se tiene claro que se deben trabajar desde cada orilla para la salvaguarda de las manifestaciones culturales, a pesar que debo dejar muy claro, que hay un número mínimo de personas de la comunidad, que han pensado en el reconocimiento del patrimonio oral e intangible, una oportunidad para enriquecerse. Porque fue una de las principales informaciones que se presentó a la comunidad, que “había un cheque en el marco del reconocimiento por la UNESCO”. No fue fácil explicar a la comunidad, tanto residente en San Basilio y la diáspora diversa en el caribe colombiano, que este reconocimiento no trae consigo unos recursos para invertir, que debemos hacer unos proyectos y concursar de acuerdo con los criterios de los mandatarios de turno. Para Palenque ha sido crítica la inversión cultural en el período 2012 a 2015 por parte de la Gobernación de Bolívar, porque el gobernador politizó los recursos y le dio un giro arbitrario e individual. Su inversión solo se llevó a cabo en cemento, arena y varilla. Lo fundamental, que son las manifestaciones culturales, fue casi cero, y cuando lo hizo fue con otras manifestaciones culturales ajena a la realidad de Palenque. A pesar de todo lo anterior los jóvenes están seguros de que se debe seguir trabajando por su salvaguarda del patrimonio oral e inmaterial.



La lengua palenquera (que según algunos documentos es criolla con base léxica española, incluyendo características morfosintácticas de lenguas autóctonas del continente africano, en especial la familia lingüistica Bantú) ¿Cómo es utilizada actualmente en la comunicación habitual entre los palenqueros?

La lengua palenquera, que hay y es el vehículo de comunicación de los palenqueros y palenqueras, se está hablando en un nivel de treinta por ciento en comparación con el español. Es decir, hablar de bilingüismo implica que ambos se hablen en el mismo nivel, pero por todo el proceso de discriminación que han vivido los palenqueros a través de la historia esta lengua está cayendo en un estado de lengua doméstica, es decir, se habla en espacios particulares lo que está conllevando su desaparición, a pesar que en la Institución Educativa se está enseñando, la pedagogía aplicada al parecer no es la adecuada. Porque son pocos los jóvenes motivados para hablar la lengua en diversos espacios. Por supuesto que los abuelos y abuelas la hablan y muy bien. Actualmente se ha constituido un grupo de investigadores que están produciendo textos escritos pedagógicamente aplicables para los niveles de primera infancia y primaria, que es la base de la transmisión de un idioma. Además de los trabajos que se vienen realizando desde la Casa del Saber palenquero con la participación de etnoeducadores de la comunidad, en trabajos con los niños y niñas en la medicina tradicional, la lengua palenquera y demás manifestaciones culturales. Igualmente se viene implementando como segundo idioma en el Instituto de Educación e Investigación Manuel Zapata Olivella para los egresados en las distintas carreras que se ofrecen, además de talleres en las ciudades donde hay mayor número de la diáspora palenquero (Palenque Urbano), y un diplomado que ha iniciado la Universidad de Cartagena que es de carácter público. Por lo tanto, hay varias propuestas para que la lengua se mantenga viva y no sola en los palenqueros y palenqueras, sino todas las personas interesadas en aprender este idioma.

En el Congreso sobre Interculturalidad y Biblioteca Pública en el que participaste como autor en el año 2009 (Colombia) mencionaste sobre la existencia de documentos orales en proceso de recuperación para integrar los acervos de bibliotecas locales ¿han podido continuar trabajando desde entonces con archivos orales?

Por supuesto que sí, además hemos constituido un grupo de investigación desde el Instituto Manuel Zapata Olivella, que está permitiendo fortalecer la transmisión del saber con el trabajo con los futuros profesionales y sabedores de los conocimientos tradicionales de la comunidad de Palenque. Asimismo desde la Corporación Festival de Tambores se han publicado dos cartillas de los trabajos realizado con los niños, niñas y adolescentes recopilando los relatos orales en juegos, rondas tradicionales y cantos palenqueros, esto lo hemos recogido de forma audiovisual y transcritos para el uso de los maestros en la Institución Educativa, además de los diversos investigadores que constantemente intervienen en la comunidad de Palenque.
Esta es una tarea que jamás vamos de dejar realizar en la comunidad de Palenque, con el objetivo de salvaguardar las manifestaciones culturales e impulsar la transmisión de saberes a las nuevas generaciones, que pueda impactar en el Palenque urbano, es decir, las ciudades de Barranquilla, Cartagena, Valledupar entre otros.

En dicho Congreso, un colega tuyo, Sinforiano Hernández, comentó que para generar un espacio de recreación que fortalezca la identidad cultural es preciso que exista una lengua para expresarla, ¿Cómo ha sido el proceso de traducción palenquero-español? ¿La biblioteca ha tenido algún rol dentro de dicho proceso?

En la actualidad se viene realizando mucho trabajo de traducción de textos del español a la lengua palenquera, esta es una fase que se debe seguir haciendo para el buen desarrollo de la lengua, igualmente traducir de la lengua palenquera al español. Aunque deberían ser mayores el número de textos traducidos, para que haya más herramientas para los docentes, estudiantes y comunidad en general. Pero esto no se ha logrado. Para este proceso la biblioteca ha sido pasiva y se ha dedicado a recibir los textos que se han traducido. La dinámica de quienes están al frente de la biblioteca es muy pasiva, debido que el compañero Sinforiano Reyes Casseres, está vinculado como docente de etnomatemática por fuera de la comunidad palenquera.

¿Cómo es tratado en las escuelas el contexto histórico de la abolición de la esclavitud?

Desde 1990 aproximadamente en la Institución Educativa se viene desarrollando una cátedra que se ha denominado “cátedra afrocolombiana y afroamérica”, en la que el docente realiza un recorrido histórico de los procesos de resistencia de los hombres y mujeres que fueron esclavizados durante el periodo de la colonia. Desde sexto grado hasta once, en que el estudiante se gradúa como bachiller, en las ciencias sociales no se lograba incluir el tema de la abolición de la esclavización en el periodo académico, además que no estaba en los planes educativos del gobierno. Por lo tanto, todos los estudiantes de Palenque terminan con un amplio conocimiento de las gestas de los hombres y mujeres cimarrones en el periodo de la colonia. Además de los distintos momentos que se llevaron a cabo para alcanzar la libertad.

¿Existe alguna relación entre lo que representa una biblioteca y el concepto identidad cultural?

Para las culturas africanas, los mayores son las bibliotecas vivas que portan el conocimiento y lo transmiten a las nuevas generaciones. Lo que ellos denominan griot, que son los abuelos y abuelas encargadas de portar y transmitir los conocimientos a los niños y niñas, para su proceso de formación. Asimismo se aplica en los mayores de Palenque, quienes son las bibliotecas vivas que enseñan el saber hacer a las nuevas generaciones, por medio de la tradición oral. Por lo tanto, siempre hay una relación estrecha entre identidad cultural y bibliotecas, porque se está hablando de conocimientos a través de diversos medios dirigidos a personas que habitan en el contexto. Por supuesto que si se ve como el espacio que representa la cultura, actualmente la casa de la cultura de Palenque, tiene la mayor y mejor biblioteca de la comunidad. Espacio en donde se llevan a cabo diversas actividades.

En la cultura palenquera, el ritual fúnebre conocido como Lumbalú ha sido considerado como “como la última costumbre de profunda raigambre cultural Africana entre los pobladores cimarrones.”¿Existen documentos orales en bibliotecas sobre dicho patrimonio? ¿Se revaloriza en las comunidades sobre la importancia de este ritual fúnebre? ¿Pudieron establecer vínculos con investigadores africanos sobre estos temas?

El Lumbalú, la lengua y otras manifestaciones son de raigambre africana. Por ser una comunidad que ha definido sus derroteros en América, todas las manifestaciones culturales tienen influencia de Europa e Indígena. Por supuesto que si existen documentos orales, de diversos investigadores, con diversas miradas. Además porque actualmente los jóvenes cuentan con diversos equipos que le permite registra hechos únicos en la comunidad. Algunos sin editar, otros en ese proceso. La comunidad tiene muy claro la importancia de esta manifestación cultural, porque son pocos los pueblos que mantienen esta práctica. Decir que no hay vínculos es mentir, porque en los últimos cinco años se han hecho trabajos de documentales entre África y Palenque, que se han documentado. El último fue con Boniface*, quien es un investigador de Camerún. Por citar un ejemplo que se me viene a la mente en estos momentos.
*El autor se refiere al reconocido cuentero camerunés Boniface Ofogo, quien estuvo en el Caribe en numerosas oportunidades, una de ellas para grabar un documental sobre el "puente cultural" entre África y los cabildos cimarrones de la región.
¿Existe vínculo entre la Corporación Festival de Tambores y Expresiones Culturales de Palenque y el espacio académico en relación al patrimonio intangible de la cultura palenquera?

La propuesta del patrimonio oral inmaterial de la humanidad de Palenque, surge de los miembros de la Corporación Festival de Tambores y Corporación Jorge Artel, quienes han venido trabajando en la dinámica de impulso del proyecto de etnoeducación en Palenque y en muchas de las comunidades negras de la costa Caribe. En el 2007 se constituyó el comité directivo de Palenque patrimonio, integrado por el Ministerio de Cultura de Colombia, la Gobernación del departamento de Bolívar, la Alcaldía del municipio de Mahates, el consejo comunitario Ma Kankamaná de Palenque y la Corporación Festival de Tambores y Expresiones Culturales de Palenque, estas dos últimas entidades son de la comunidad, siendo el consejo la autoridad territorial de Palenque. Además del Comité Directivo se constituyó un comité técnico integrado por funcionarios y/o miembros de las entidades públicas y comunitarias. En donde el mayor peso de experiencia recaía en la Corporación Festival de Tambores, porque es uno de los dos proponentes de la iniciativa, por lo tanto estuvo al frente de todo el proceso hasta finales de 2011, cuando la Gobernación de Bolívar manipuló los proyectos y desconoció los conocimientos de los profesionales y organizaciones. Para incluir personas ajenas de la comunidad en la ejecución de US $ 1.125.404,00 dólares. Lo anterior fue el argumento para la administración del periodo 2012 a 2015, que desconociera el comité Directivo de Palenque y ejecutara los recursos venideros a su disposición. Tanto el Ministerio de Cultura y Alcaldía de Mahates, tuvieron una actitud pasiva ante esta situación, para dar a la desaparición en la práctica de este espacio. Hasta la fecha del mes de mayo de 2015 no se ha reunido este espacio que brindaba orientaciones y seguimientos a los proyectos. Ni que decir de la junta directiva del consejo comunitario Ma Kankamaná del periodo antes mencionado. Desde la Corporación se continúan presentando propuestas, que por lo visto no serán tenidas en cuenta en esta administración departamental ni nacional.



Históricamente se afirma que los palenqueros han conservado los rituales de sus antepasados mediante la ejecución de tambores, permitiendo incluso mantener la comunicación en lengua materna ¿Qué significa para un palenquero tocar tambores en una comunidad? ¿Cómo ha logrado la música persistir a lo largo del tiempo?

Los tambores son tradicionalmente los informantes de todos los acontecimientos de los palenqueros, a través de la historia de constitución del pueblo, tanto para la resistencia en la confrontación física para la permanencia de la libertad, como para el alimento del alma. Además de acompañar en los momentos fúnebres de fallecimiento de una persona, también cuando hay matrimonio, o cuando hay una integración de amistades. Para los palenqueros y palenqueras que interpretan este instrumento es una fascinación única, y de muestra está que es el único pueblo de Colombia que organiza el festival de los tambores para el mes de octubre de cada año. Porque tocar el tambor, es expresar la libertad y alegría por medio de los ritmos que realizan. Es bueno, dejar claro que no todos los palenqueros interpretan este instrumento profesionalmente, pero si tiene la mínima idea de los diversos ritmos o sones que se pueden sacar con él.

La música persiste en Palenque, desde el tambor porque es un instrumento que se le ha dado la importancia que merece. Además que la mayoría de las dinámicas culturales que se realizan en la comunidad, están transversalizadas por la música, y un ejemplo de ello, es que cuando se trabaja está presente, o en el momento del fallecimiento de una persona, la forma de hablar la lengua palenquera es melódica, lo que para algunos le han denominado: “hablar cantando”. En la consolidación de cualquier actividad, está presente la música. De allí que las ventas de los productos que sacan las mujeres palenqueras a las grandes ciudades está acompañado de los pregones, tales como: “aleeeeeeegriaaaaaa, cabaaaaaalliiiiiiiito, enyuuuuuuucaaaaaaaaaooo, venga casera, compre que vengo del barrio”, así podemos puede ver las dinámicas laborales y recreación en el arroyo, como espacio de lavar la ropa y bañarse.

¿Jesús, por último, qué representa para vos la figura del bibliotecario?

Pensar la biblioteca, es pensar el conocimiento desde todos los ámbitos. Por eso creo que son los abuelos y abuelas bibliotecas vivas los que poseen el saber hacer de las nuevas generaciones. Por esto, actualmente seguimos trabajando en habilitar varios espacios en donde todas las personas puedan llegar y tertuliar, porque hay un libro que nos les parece, porque hay un libro que recoge la realidad de la comunidad. Finalmente recojo en la biblioteca, lo que han definido los africanos, un griot.

Moná ri Palenge, es el saludo final de Jesús en la entrevista, un verdadero gusto haber compartido estas palabras.

Nota: la entrevista fue publicada en el número 40 de Fuentes, revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia, en diciembre de 2015. ISSN 1997-4485

jueves, 10 de diciembre de 2015

Las dos medicinas


Recientemente se difundió en El Orejiverde un informe que honestamente no imaginé que algún día se iba a dar:
http://www.elorejiverde.com/buen-vivir/623-que-las-dos-medicinas-trabajen-a-la-par

Se trata del primer centro intercultural de salud Rangiñ Kien ("Media Luna" en Mapudungun) que proximamente ofrecerá servicios en Neuquén, propiciando el trabajo conjunto entre las medicinas académica y mapuche, para que se pueda acceder libremente a una, a otra o a ambas.

En el país hubo muchos antecedentes que permitían imaginar un contexto como el que actualmente nos ocupa, uno de ellos ocurrió en Derqui, en el Centro Comunitario Daviaxaiqui (que supo contar en su momento con una sala de primeros auxilios), donde unos médicos pertenecientes al Hospital Comodoro Meisner (de la sección Maternidad) se habían sorprendido al enterarse sobre la costumbre que los qom tenían con el tema de la placenta (quienes por tradición la suelen enterrar en un lugar de la casa donde el más anciano -generalmente la abuela-  danzará y cantará alrededor, en lengua materna). En aquella ocasión los médicos atendieron partos de la comunidad qom y accedieron a entregar la placenta, que como saben los paisanos debe ser enterrada con un poco de sal. Esa y otras conversaciones tuvieron lugar entre los doctores y Ana Medrano, una de las responsables del proyecto Biblioteca Qomllalaqpi, cuando dio a luz un varón en al año 2008, como por ejemplo la costumbre entre las mujeres qom de utilizar una tela como cinta para apretar la panza antes del parto, según lo referenció la madre de Ana quien vive en la provincia del Chaco, sin embargo nada de lo comentado en aquellos días pasó a considerarse, quedando todo en un mero intercambio de conocimientos entre culturas diferentes.

Lo sucedido en Neuquén genera expectativas que pueden extenderse al patentamiento de los herbarios utilizados por los chamanes indígenas, de los cuales no obtienen ningún beneficio comercial (está práctica, denominada "biopiratería" suele realizarse por investigadores o empresas quienes utilizan ilegalmente la biodiversidad de países en desarrollo y los conocimientos colectivos de pueblos indígenas o campesinos, para realizar productos y servicios que se explotan sin la autorización de sus creadores o innovadores). 

Al respecto existen muchísimos casos donde las culturas indígenas resultaron apartadas de los beneficios legales registrados con el uso de plantas medicionales o psicoactivas. Recientemente en Paraguay se registró una experiencia sobre el uso de plantas medicinales como anticonceptivos, por parte de los paî tavyterâ y de los mbya guaraní quienes poseen conocimientos sobre propiedades medicinales de algunas especies botánicas, específicamente sobre las propiedades de ciertas plantas que utilizan como anticonceptivos para regular los nacimientos. 

En bibliotecas indígenas resulta de indudable valor la conformación de catálogos sobre farmacopea tradicional, prácticas que por lo general los paisanos obtienen mediante encomiendas solicitadas a sus familias de Chaco, quienes envían por correo semillas, plantas o hierbas medicinales para el tratamiento de algunas enfermedades o dolencias. Es deseable que quienes lleven adelante el singular emprendimiento de las “dos medicinas”  tengan en cuenta el conocimiento de los chamanes, quienes aún hoy curan con plantas y restos de animales en el interior de sus comunidades.

Si existe una clara voluntad de ofrecer una alternativa médica intercultural, localizar a estos libros vivientes es crucial para avanzar en el tratamiento de las técnicas ancestrales de curación, y en especial prestar atención al equilibro ecológico que suelen respetar las comunidades junto con el concepto filosófico “buen vivir” que aporta elementos para vivir en armonía con el medio ambiente, en un marco de espiritualidad junto con los “hermanos animales y plantas”.

Ojalá la experiencia Rangiñ Kien tenga en cuenta todas estas cuestiones, y se constituya verdaderamente en un centro intercultural.

jueves, 3 de diciembre de 2015

La biblioteca de Hugo García

A propósito de este merecido homenaje por parte de quienes conformamos la Biblioteca Ricardo Gietz, me pareció que no tenía sentido seguir escribiendo sobre lo que significó para algunos de nosotros el recuerdo de Hugo García, si alguien podía explicar las mismas cosas de diferentes maneras ese alguien era precisamente Hugo, no tengo esa propiedad y no creo que aporte algo distinto a lo ya dicho.
Sí me pareció útil contar el día que llegaron las 70 cajas de su colección personal al CAICYT, en el mes de junio, un hecho que por sí solo, más allá de la persona vinculada a esos libros, suscita en cualquier biblioteca una inevitable reflexión, porque ciertamente uno se puede desprender de objetos, de vestidos o artefactos sin ningún tipo de problema, pero con los libros es distinto, abandonarlos genera culpa.
No recuerdo que libro tomé de la primer caja que abrí, pero si recuerdo las marcas que Hugo García consignó en los márgenes de ese y muchos otros libros, un sistema de resaltado con distintos colores que daban un mayor entendimiento a la comprensión del texto, diferenciando autores, conceptos y cronologías, en donde ciertamente resultan innumerables la cantidad de anotaciones, daba la pauta que efectivamente leía cada libro de una manera profunda, crítica, articulando cada entendimiento, como si fuera una guía, bastaba seguir el orden de los colores para poder ir hacia atrás en el texto, llevando en algunos casos a relacionar lecturas de otros libros, un aprendizaje arborescente, basado probablemente en sus lecturas sobre pensamiento lateral (en donde solía recomendar aprender a tocar algún instrumento musical).

Es difícil asumir que quien tuvo la propiedad de verbalizar ideas como ningún otro bibliotecario esté ausente desde hace tanto tiempo. Me hace pensar cuando en una institución se va la persona más destacada, tomándose la decisión de tener que remplazar lo irreemplazable, entonces uno descubre que la estructura sigue funcionando por inercia, pero la unidad pierde sustancia, y lo que sigue carece de sentido, como cuando interpretamos interpretaciones sin ningún conocimiento de la fuente primaria.
Otra cuestión que me hizo pensar de su biblioteca personal fueron las temáticas sobre culturas de izquierdas (libros y publicaciones periódicas), imaginé el contexto de alguien que consumía libros sobre marxismo en la época en que no era seguro leerlos, invariablemente pensé cuántos de esos textos ardieron en las quemas públicas, materiales que hoy sería difícil conseguir en librerías, que dieron cuenta de una formación notable que incidieron en el pensamiento político de Hugo García, donde era evidente percibirlo en las conversaciones que tenía con los bibliotecarios, con argumentos y criterios sostenidos en las lecturas frecuentadas.
¿Como se resignifican los aprendizajes? Pregunto porque no tengo la respuesta, si alguien alcanzó cierta altura en el entendimiento, y ese alguien deja de estar presente ¿como podemos describir lo que no alcanzamos a ver? Podríamos reflexionar sobre lo compartido y ya tendríamos bastante por hacer, pero tendríamos que imaginar lo que el otro supo dominar, porque apenas pudimos alcanzar a comprender lo que sabía, mientras se internaba con sus ideas dentro de la profesión, y es eso lo que siento que está faltando, gente con ideas, y no como ocurre últimamente, donde algunos profesionales nos suelen alertar sobre dudosos descubrimientos, intentando nombrar las cosas de otra manera para apropiarse de conceptos que desde hace años los bibliotecarios venimos utilizando.

No se trata solamente de claridad conceptual, lo que Hugo hacía era construir conceptos, como los filósofos, y yo creo que tranquilamente podría afirmar que este bibliotecario supo entender mejor que nadie aquella definición de Jesse Shera de que toda biblioteca debería tener un carácter interrogativo. Supe por Mirta Pérez Díaz sobre los encuentros que organizaba Hugo García en “la Gietz”, donde sus colegas iban con facturas y el los esperaba con jarras de café, dice que pasaban horas hablando y discutiendo sobre bibliotecas, hasta anochecer, bibliotecarios ejerciendo el rol social y hasta filosófico de la disciplina, me hubiese encantado compartir esa mesa, no recuerdo un caso similar entre colegas, y no tengo conocimiento de que actualmente esas cosas sucedan.
Si hiciéramos de cuenta, por un instante, que el conocimiento que se aprende es posible de simbolizar en un artefacto, por ejemplo una vasija, lo que hacía Hugo con cada conocimiento era construir precisamente esa vasija, pero luego tomaba la decisión inmediata de arrojarla al piso, el artefacto quedaba partido en decenas de pedazos, luego su tarea consistía en tomar cada pedazo y pegarlo de tal modo que se notaran las uniones, con lo cual podíamos llegar a dilucidar cómo era posible articular un entendimiento, la vasija era la misma pero ahora la podíamos “ver”, son muy pocos los docentes que tienen este don, si tuviera que buscar un ejemplo paralelo pensaría en el crítico literario intentando analizar un poema por dentro, o como cuando un profesor de literatura les pidió (cinematográficamente) a sus alumnos escribir un poema sobre una manzana, para finalmente confesarles “ustedes nunca vieron una manzana”.

Se lo va a extrañar siempre a Hugo, y como consuelo quedan sus libros, pero al menos que valga la pena acercarnos un poco a todas las construcciones que como maestro de bibliotecarios supo compartir.

Gracias.

http://www.revistasbolivianas.org.bo/pdf/fdc/v6n18/n18_a08.pdf

jueves, 19 de noviembre de 2015

Ediciones El Mendrugo, precursora de las editoriales cartoneras


La irrupción de Elosía Cartonera en el año 2003, coincidente con el surgimiento de cooperativas, micro-emprendimientos, asambleas, agrupaciones barriales y movimientos sociales generados tras la crisis política y económica de 2001, le ha permitido ser reconocida por buena parte de la crítica académica y literaria como la primera Cooperativa, editorial y de reciclado cartonera del mundo, motivada en el enorme impacto que tuvo el formato de trabajo con libros de cartón, replicado en más de 20 países.
Sin embargo cabe destacar un antecedente previo en el mundo editorial cartonero, curiosamente ignorado por quienes investigaron dicho fenómeno popular, se trata de Ediciones El Mendrugo, de la poeta argentina Elena Jordana, quien a principios de los años 70 publicó libros encuadernados con cartón corrugado, impresos en papel kraft (o estraza) y atados con hilo sisal, con tipografía de sellos de goma, donde era preciso contar con pesadas máquinas de escribir capaces de perforar sobre el esténcil (técnica artística de decoración), para de este modo consignar los datos de título y autoría en las portadas, a la manera estética de los volantes universitarios.
Cada edición era distribuida personalmente por la propia autora, en sus viajes a México, Estados Unidos y Argentina. Entre los autores publicados figuran Nicanor Parra, Ernesto Sábato (quien cedió sus derechos de publicación para que el texto “Carta a un joven escritor”, con apoyo de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), fuera presentado en la Feria del Libro de 1974), Octavio Paz, Enrique Fierro, Juan de la Cabada, Guillermo Samperio, José Joaquín Blanco y Alejandro Sandoval entre una treintena de escritores. Como figura en la crónica periodística, cada libro se hacía individualmente entre amigos, con jarras de vino y canciones (la propia Elena estudió canto folclórico en sus inicios), incluso algunos libros iban acompañados de un morral de yute para que los lectores lo pudiesen llevar más cómodamente.
Elena Jordana, “la editora maga”, nació en Buenos Aires en 1934 (otras fuentes incluyen el año 1940), de padres españoles, tuvo una vida intensa dedicada a la literatura (estudiante de Filosofía y Letras, poeta, dramaturga, editora, traductora), fue la primer mujer que ganó el certamen Premio Nacional de Poesía, en 1978. Directora y fundadora de Cantares de España y Cancionero de América. Colaboradora de Casa de las Américas, El Día, El Nacional, Excélsior, El Sol de México, Los Universitarios, Plural, Revista Universidad de México, y Unomásuno. A los 23 años se va a vivir a New York, donde estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la Universidad de Columbia, allí vivió en total 9 años, radicándose posteriormente en México de 1972 a 1994. En una entrevista realizada por David Siller contó que mientras vivía en New York intentó publicar su primer libro, titulado "S.O.S. Aquí New York" pero nadie quería editarlo. Un día viajando en el Metro se le ocurrió la idea de utilizar pedazos de cartón para unir a las páginas mecanografiadas, de este modo surgió su primer libro. Su carácter bohemio y multifacético la llevó a relacionarse con innumerables escritores, quienes cedieron sus derechos de publicación en las ediciones cartoneras. Alguna vez discurrió sobre la función social de la poesía: "no lo sé, lo que sí creo es que la poesía está en todas partes, en ese jardinero que cuida el césped de la casa de enfrente, en la calle...en todas partes. La poesía, tan antigua como el hombre, es una necesidad básica, es el recrear la realidad".
Según lo consigna el editor mexicano Joaquín Diez-Canedo, el primer título que edita Elena Jordana es precisamente “Vuelta”, de Octavio Paz, en 1971, cuyos “Interiores y tapas, dobladas simplemente a la mitad, se reúnen con un trozo de mecate teñido de color y anudado por el lomo, a media altura”. Las tapas estaban impresas solamente por la cara en tinta violeta, con tipografía de sellos de goma e iban acompañadas de los citados morrales. Esta estética de trabajo, afirma el autor, fue contemporánea de la reconocida Imprenta Rascuache, perteneciente al editor, tipógrafo e impresor Juan Pascoe, quien por entonces, y contando con una prensa manual del siglo XIX, puso en marcha un taller de libros hechos a mano que más tarde recibiría el nombre de Martín Pescador.
Asimismo la experiencia de Ediciones El Mendrugo, en este caso sin la utilización de cartones, encontró continuadores en los Cuadernos de Estraza, del poeta Antonio Castañeda (realizados con dicho material, formando  pequeños cuadernos atados en la parte central por un cordel), que aparecieron a fines de los setenta; en la serie Papeles de Envolver/Colección Luna Hiena que al cuidado del también poeta Ángel José Fernández publicó la editorial de la Universidad Veracruzana entre 1982 y 1990, en la colección La Hoja Murmurante, de la editorial La Tinta del Alcatraz (utilizando papel de estraza y kraft), y en la editorial Papeles Privados del poeta xalapeño Mario del Valle (cuyas ediciones incluían grabados, encuadernaciones en pasta dura, piel y rústica, con serigrafías y pinturas que se comercializaban envueltas en estuches, estuches-atriles y cajas), por citar algunos casos de “editoriales marginales” que desarrollaban con bajos recursos una estética tipográfica particular (por otra parte excede la intención de este texto incluir un resumen de las ediciones artesanales o “libros de artistas” que en su mayor parte llevaron adelante los poetas utilizando todo tipo de recursos).
Entre la lista de títulos publicados por El Mendrugo se destacan los siguientes:
Nicanor Parra (Chile) Los profesores
Varios (New York) El taller con Nicanor Parra
Elena Jordana (Argentina) S.O.S. aquí New York
Ernesto Sábato (Argentina) Carta a un joven escritor
Octavio Paz (México) Vuelta
Stella Calloni (Argentina) Los subverdes
Igor Delgado (Venezuela) Ephephetae
Leonel Góngora (Colombia) 4 poemas íngrimos en Hardley retread
Marco Antonio Montes de Oca (México) Astillas
Juan de la Cabada (México) Vieja muestra: una chamaca y dos gringuitas
Fayad Jamís (Cuba) Poemas del fin del mundo
Iris Zavala (Puerto Rico) Poemas prescindibles
Manuel Durán (España) Cámara oscura
Varios (Nicaragua) Premio de poesía Leonel Rugada
Elena Jordana (Argentina) Poemas no mandados, Cartas no mandadas, En un reino remoto

Elena Jordana falleció en diciembre de 2008, justo cuando se terminó de imprimir su último libro “Umbrales”. En vida publicó algunos poemarios, difíciles de conseguir en el circuito editorial, entre ellos S.O.S. aquí Nueva York, Cartas no mandadas, Poemas no mandados, Mujer al sol, Diré lo mío, De mares y nómadas navegantes. Reconocida en certámenes literarios (Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 1978 por Poemas no mandados. Premio Nacional de Teatro Ramón López Velarde 1982 por Mujer al sol. Su poemario Poemas no mandados se incluye en la compilación “Premio de Poesía Aguascalientes 30 años, 1968-1977”. Dejó una marca imborrable entre sus colegas y amigos.
Ojalá que su memoria sea, para siempre, de lindos colores.
Volviendo a Eloísa Cartonera, cuesta imaginar cómo una idea supo generar semejante movimiento. Los responsables de aquella aventura aún siguen cortando y pintando cartón en un galpón de la Boca, la cooperativa-editorial cartonera pudo haberse quedado detenida en una mera expresión de deseos, algo provocó que tuvieran la necesidad de articular acciones bajo contextos emergentes urdidos en escenarios desfavorables, bien valdría preguntarse porqué nacen las ideas, y cómo es  que cada tanto se origina una cultura de la resistencia que da sustento moral a una inmensa minoría excluida de sus derechos, para después ofrecer una respuesta a la sociedad desde sus propias intervenciones, sin recursos, integrando amplios y relegados sectores de la sociedad.
Cuesta entender las concatenaciones del proyecto original, cómo la idea –que tanto a Elena Jordana como a Washington Cucurto se les ocurrió con 30 años de diferencia– traspasando fronteras reales y culturales, caló hondo en otros contextos, inspiró respuestas, acciones, motivos para conseguir los elementos necesarios para de este modo empezar nuevas ilusiones históricamente postergadas: simples cartones, témperas, acuarelas,  tijeras, plasticolas, hilos de coser, grampas, papel…
Allí andan aquellos que nacieron bajo una crisis política y social, y desde entonces encarnan una poética de la resistencia.
Nota:
La fotografía que ilustra este texto pertenece a quien suscribe, se trata de un libro de Ediciones El Mendrugo adquirido recientemente, 22 hojas de papel de estraza con sus tapas de cartón corrugado, y en el medio un cordel de hilo sisal. La impresión parece propia de una máquina de escribir eléctrica, se trata de Carta a un joven escritor, de Ernesto Sábato (3° edición, Argentina, mayo 1975), con el copyright de la Editorial Sudamericana e impreso en los Talleres Gráficos Torres (Bartolomé Mitre 1370, Buenos Aires, Argentina), en su primera página posee un sello con dos fechas (8 y 27 de julio de 1975) y la firma de quien probablemente fuera la compradora, una tal Silvina Castro Olivera. En el extremo superior izquierdo aparece tipeado en tinta violeta el nombre de la editorial, Ediciones El Mendrugo…
Quisiera creer (y tengo motivos) que la propia Elena Jordana dobló por la mitad este cartón que tengo en mis manos, invariablemente imagino el contexto, la poeta que corta el cartón, que une las hojas y que las guarda en un morral, atadas con un hilo. Algo tan simple como eso, y que tiene la enorme posibilidad de favorecer el acceso a la lectura.
Algo que bien sabemos los bibliotecarios, provoca una enorme dicha promover.
PD: El artículo final sobre editoriales cartoneras incluirá, aparte de los textos difundidos, un análisis sobre las diferentes manifestaciones surgidas de los movimientos cartoneros, en especial el apoyo suscitado por gran parte de las editoriales cartoneras hacia los escritores locales, las diferentes técnicas aplicadas sobre los libros de cartón, los casos de trabajos colaborativos en red, la posibilidad de generar libros cartoneros en comunidades indígenas y por último las experiencias de editoriales cartoneras en contextos carcelarios.

Bibliografía consultada

El antecedente  mexicano [Página 12, martes 3 de junio de 2008] Consultar en:

David Siller (s/a). La poesía, tan antigua como el hombre, está en la calle, en todas partes : Elena Jordana [entrevista]. Consultar en: http://www.unla.edu.ar/greenstone/collect/archived/index/assoc/HASH8d85/e5f9acc2.dir/doc.pdf

Eve Gil (2009). Ese minuto de locura [Blog "La trenza de Sor Juana IV] Consultar en: http://trenzamocha.blogspot.com.ar/2009/11/ese-minuto-de-locura.html

Ksenija Bilbija (2010). Borrón y cuento nuevo: las editoriales cartoneras latinoamericanas.  Consultar en: http://nuso.org/articulo/borron-y-cuento-nuevo-las-editoriales-cartoneras-latinoamericanas/

Joaquín Díez-Canedo (2008). Técnicas artesanales en los libros mexicanos (II) Consultar en:

Andrea Montiel Rimoch (2013). Los vuelos de la hoja murmurante. Consultar en: http://www.uam.mx/difusion/casadeltiempo/69_70_vi_jul_ago_2013/casa_del_tiempo_eIV_num_69_70_83_86.pdf

Blog "Rompecabezas" (2011). Taller Martín Pescador. Consultar en: http://laculturaenelabismo.blogspot.com.ar/2011/01/taller-martin-pescador.html

Luis de la Peña Martínez (2001). Antonio Castañeda (1938-2000): poeta, editor y cronista de cine. Consultar en: http://www.uam.mx/difusion/revista/mar2001/pena.html

Mario del Valle. Ediciones Papeles Privados [sitio Web] Consultar en: http://papelesprivados.weebly.com/ediciones-papeles-privados.html

lunes, 9 de noviembre de 2015

José Juncosa, antropólogo y editor de la Editorial Abya-Yala: Un puente entre la oralidad y la escritura del patrimonio cultural indígena.


Semblanza de José Enrique Juncosa, quien ha tenido una destacada participación en relación al espacio editorial sobre el mundo cultural indígena. A lo largo de su carrera profesional el autor ha realizado innumerables aportes sobre la revitalización de las lenguas originarias mediante programas editoriales. Como editor de la reconocida Editorial Abya Yala (significa “Tierra en plena madurez”, término sugerido por el líder aymará Takir Mamani para denominar al continente americano, proponiendo que todos los indígenas lo utilicen en sus documentos y declaraciones orales) ha colaborado en forma permanente para difundir al mundo occidental buena parte del conocimiento tradicional indígena.

Fecundo trabajo el de este antropólogo, ha sostenido que no basta con reconocer el carácter oral de una lengua, esta no sobrevive si no es estandarizada. Con el tiempo, Abya Yala se ha constituido en una plataforma editorial donde confluyen centros de investigación, universidades y movimientos sociales, ofreciendo la posibilidad concreta de publicar documentos de/sobre pueblos originarios.
Para José Juncosa, cada vez más, el bibliotecario es un investigador.

Palabras clave

ROL SOCIAL BIBLIOTECARIO; EDITORIAL ABYA YALA; PRODUCCIÓN DOCUMENTAL; BIBLIOTECAS INDÍGENAS

Noticia biográfica
José Enrique Juncosa (Salta, Argentina, 1956), Antropólogo. Director editorial de Abya Yala y Director de la Carrera de Antropología Aplicada de la Universidad Politécnica Salesiana de Ecuador. Es miembro del Grupo de Estudio sobre Pueblos indígenas, Interculturalidad y Estado, de la misma universidad. Ha publicado artículos sobre aspectos relacionados con Bibliotecas Indígenas, estudios sobre pueblos indígenas ecuatorianos, etnografías de comunicaciones verbales (especialmente la cultura Shuar), medio ambiente, chamanismo, medicina tradicional indígena, educación, religiosidad, historia, identidad cultural, filosofía andina, el concepto "buen vivir", así como diversas participaciones en congresos, seminarios y encuentros con especialistas de estudios indígenas de América Latina.

Entrevista  

Los inicios de la Editorial Abya Yala datan desde 1975 cuando se crea la Colección Mundo Shuar, considerando el actual escenario –donde coexisten múltiples publicaciones impresas y digitales– resulta necesario saber como ha sido posible sustentar semejante proyecto editorial a través de los años, sin perder calidad ni compromiso ético con el mundo cultural indígena.

Abya Yala ha podido sostener su propuesta no sin dificultades en base a la fidelidad a su principal intuición: difundir la temática indígena desde una perspectiva que ratifique el derecho de los pueblos indígenas a una existencia diferenciada. El ir asumiendo y superponiendo con el tiempo otros temas (desarrollo, economía solidaria, ecología, género...) no implicó abandonar aquel primer compromiso y más bien lo ha ratificado, enriquecido y diversificado pues los nuevos temas ponen en escena el mismo derecho a la diferencia pero desde otras perspectivas y desde otros actores sociales. Por lo tanto, de a poco, Abya Yala incluyó, junto a las demandas de los pueblos indígenas la de otros movimientos sociales. En los años '80 y '90 esas publicaciones y en general aquellas relacionadas con otros pueblos contribuyeron grandemente a modelar una opinión favorable respecto a sus demandas, sus derechos a las relaciones de inequidad y contribuyó, sin sustituir las actorías indígenas, a una mayor toma de conciencia sobre su situación y valoración como pueblos complejos, con poderosas tradiciones de pensamiento y enormes posibilidades de acción política.

Se sabe que el vínculo propiciado desde la editorial con el pueblo Shuar a logrado que su cultura tenga el mayor número de publicaciones existentes en el continente ¿Cómo percibe la comunidad el impacto suscitado en las diferentes publicaciones?.

En efecto, hoy el pueblo shuar cuenta con la mayor cantidad de publicaciones producidas por ellos mismos y por otros y, sobre todo, con el mayor número de publicaciones en su propio idioma, lo cual ha contribuido enormemente a la estandarización de la lengua shuar, el shuar chicham. La escritura, asimismo, ha conservado en el tiempo relatos, narrativas y saberes que hoy, seguramente, no circulan con la misma intensidad entre los jóvenes y están disponibles a su memoria. No sé qué piensan los Shuar sobre lo publicado sobre ellos, especialmente en relación con las investigaciones académicas, que conforman un conjunto muy compacto. Deberían decirlo ellos y seguramente nos encontraremos con opiniones heterogéneas. Siempre está el peligro de que lo que se dice sobre otros implique el riesgo de cosificarlos, de sobredeterminarlos innecesariamente, de oscurecer la realidad de los pueblos indígenas como pueblos que se transforman y deliberan continuamente sobre su futuro. También hay que reconocer que muchas publicaciones no tienen un impacto directo en su vida cotidiana, tal como ocurre en nuestro contexto académico, pero nunca se sabe lo que un escrito puede incidir a lo largo del tiempo. Los impactos de un libro son insospechados. Algunos lingüísticas nos cuentan que, en Estados Unidos, muchos jóvenes indígenas sometidos a un proceso de pérdida de su memoria colectiva empiezan a demandar a los centros de investigación  sobre su pueblo, su historia, sus lenguas... Pero lo que puedo decir es que su impacto hay que medirlo también en relación a la sociedad no shuar, a los lectores no indígenas.

Cuando el proyecto no era más que una idea ¿recuerda el momento en que surgió la necesidad de llevar adelante una editorial sobre temas indígenas?

El momento en el que se dio el salto entre una editorial circunscrita al pueblo shuar fue en los años '80, donde tuvo lugar un impulso muy fuerte del movimiento indígena continental alimentado por la emergencia de los pueblos amazónicos como nuevos actores. Esa emergencia fue clave y generó un clima social favorable que demandaba información y comunicación. También, la emergencia de la educación indígena intercultural potenció mucho una producción abierta a la realidad de todos los pueblos indígenas, sobre sus lenguas, su tradición oral, saberes, etc.

¿Cómo es el proceso de selección de los libros publicados?

El proceso de selección es muy simple, y ese es una clave importante de acción. Los libros llegan, no los buscamos y llegan todos los días y a cada momento. Si se trata de aportes académicos, miramos los marcos institucionales que respaldan un cierto nivel académico de la producción. Si se trata de libros que nos llegan desde los movimientos sociales, examinamos la vigencia de las redes que lo respaldan... en ambos casos nos preguntamos siempre quiénes están detrás además del autor, a cuáles redes de acción y conocimiento responde cada uno, qué propuesta alimenta... También, no pocos autores prestigiosos se constituyen en una suerte de consejo editorial permanente pues nos presentan nuevas propuestas de otros autores, sugieren búsquedas y proveen contactos, de tal manera que continuamente se evalúan propuestas y se toman decisiones al respecto. 
Hoy damos prioridad a los libros escritos por los mismos indígenas, por los mismos afroamericanos... de contribuir, con nuestras publicaciones a la visibilización de su pensamiento... salvo pocos casos, la decisión no demora más de una semana. Lo más difícil es cómo resolver los costos de producción para subsidiar su distribución porque en ningún caso un proyecto editorial como el nuestro es económicamente sostenible, pero es necesario sostener un proyecto así.

¿Tiene registro de que se hayan elaborado alfabetos en las culturas ágrafas vinculadas con la editorial?

No tenemos registro que se hayan elaborado alfabetos a partir de nuestras publicaciones pero muchas de ellas dan cuenta de esos procesos.

En el artículo Revitalización de las lenguas indígenas a través de programas editoriales usted ha dicho que “no basta con reconocer el carácter oral de una lengua, esta no sobrevive si no es estandarizada” ¿se sabe que lenguas indígenas han logrado estandarizarse desde la intervención de Abya-Yala? ¿hubo participación de bibliotecarios en este proceso?

La estandarización es un proceso muy complejo, que conlleva pérdidas, no solo ganancias pues debe escoger de entre las posibilidades solo aquellas que pueden ser reflejadas en la escritura. Pero es necesaria. Sin estandarización no habrá periódicos indígenas, no se podrán transcribir procesos legales en el marco de la justicia indígena... no habrá educación indígena de desarrollo lingüístico, no es un asunto de bibliotecarios, solamente, sino de las organizaciones indígenas, de las políticas públicas y de los académicos. 

¿Qué opina del rol social del bibliotecario?

Yo creo que de cara a los pueblos indígenas, el rol social de los bibliotecarios es contribuir a recoger, sistematizar, visibilizar, publicar aportes que puedan contribuir no solo a la recuperación cultural y lingüistica de los pueblos indígenas sino también a proporcionar documentación que contribuya a sostener la demanda por sus tierras, buscando documentos históricos, por ejemplo. Hoy día son muy útiles las referencias históricas, testimonios de viajeros, que atestiguan la presencia indígena en ciertos territorios disputados con empresas o el Estado... buscarlos, ordenarlos y ponerlos a disposición es una tarea enorme. Cada vez más, el bibliotecario es un investigador. 

Siendo que ustedes trabajan con libros ¿Qué siente cuando se habla de la inevitable desaparición del libro?

El libro no desaparecerá, encontrará otras formas de llegar al lector. Si no es impreso, podremos acceder a él en formato digital. Nosotros ya lo hacemos: estamos pasando del formato papel al formato digital. El libro no desaparece, se transforma. 

¿Es posible mencionar un libro del catálogo que por diversos motivos le tenga mucho aprecio? (ya sea por el contenido, por lo que significó publicarlo, por lo que generó entre los lectores)

Nuestro catálogo se acerca ya a los 2800 títulos, pero si debo escoger uno por su significado se trata de uno muy reciente: “Disciplinar a los salvajes, violentar las disciplinas” de Martin Nakata. Tiene un valor muy especial porque su autor es un indígena polinesio que relata el impacto sobre su pueblo de las misiones religiosas y científicas. Se trata de su tesis doctoral.

Siendo que la editorial participó de una iniciativa de capacitación para profesores bilingües ¿existe un vínculo intercultural entre la educación escolar tradicional y la educación familiar indígena? ¿existe mutuo interés entre ambos espacios? 

En el marco de la educación indígena, el vínculo entre familia, comunidad y escuela ha sido siempre muy rico. La escuela, de alguna manera, es muy cercana a la comunidad y a la familia quienes ejercen una especie de veeduría permanente sobre ella. Con la creciente ingerencia del Estado en la educación indígena, necesaria por cierto porque constituye su responsabilidad, se corre el riesgo de dejar todo a la administración y supervisión central, debilitando cuando no ignorando los vínculos y relaciones con la familia y la comunidad que le dieron sentido. No hay que ver la educación indígena como reservorio del pasado. Es un espacio de memoria, sí, pero también de evaluación de los cambios y transformaciones, de asumir aquellos nuevos saberes necesarios e indispensables para persistir y sobrevivir en medio de los cambios. 

Con el tiempo Abya Yala a publicado materiales con otros editores (Universidad Andina Simón Bolivar, FLACSO, Instituto Francés de Estudios Andinos) ¿cómo se generó el interés por las coediciones?

Abya Yala siempre ha publicado en coedición, que ha sido la clave de su éxito. No podemos hacer las cosas solos y compartir aportes (costos de traducción, de edición, de impresión) es necesario para sostener la producción y difusión de los textos. Abya Yala se ha constituido, por así decirlo en la plataforma editorial de centros de investigación, universidades y movimientos sociales... más que proponentes son nuestros socios en una empresa común y compromisos compartidos. 

¿Cómo definiría a un bibliotecario?

La definición de bibliotecario que sugerimos es la siguiente: es aquel que pone a disposición de los pueblos indígenas y comunidades información relevante para su futuro, para ejercer sus derechos, para recuperar su memoria histórica...
Nota: la entrevista fue publicada en Fuentes, revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia, en octubre de 2015, vol.9, no.39, ISSN 1997-4485