Espacio que pretende resguardar voces y conocimientos desde el abordaje de la
bibliotecología. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural intangible
conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas a bibliotecarios sobre el rol social
de la profesión. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

domingo, 10 de mayo de 2015

Riqsichikustin


Desde hace tiempo que los responsables del Centro de Culturas Indígenas del Perú (CHIRAPAQ) vienen desarrollando propuestas relativas a la construcción social de conocimiento en vinculación con  la identidad cultural de las comunidades indígenas del país. Desde Vilcas Huamán, Ayacucho, iniciaron un proyecto audiovisual denominado Riqsichikustin, con participación de jóvenes quechuas, buscando articular un espacio de comunicación audiovisual con participación de las comunidades andinas y amazónicas.

Es innegable que para los pueblos originarios el componente auditivo y visual forma parte sustancial de la cultura. Resulta saludable la producción documental existente en América Latina con respecto a los contenidos cinematográficos, radiofónicos y televisivos, con documentales de variada tipología, entrevistas, cortometrajes, películas y producciones literarias resaltando la oralidad y los trabajos de edición. En ese proceso, acompañado por los comunicadores radiales de la  Coordinadora Nacional de Comunicación Indígena del Perú, diversas organizaciones han encontrado en los medios de comunicación un modo de fortalecer la identidad cultural de los pueblos.

Como bien lo expresan los responsables del proyecto “Nuestras sociedades se estructuran en torno a códigos visuales complejos contenidos en nuestra vestimenta y arte de todo tipo. Símbolos y signos que expresan historias, condición y estados sociales o anímicos, desde los abstractos diseños kené del pueblo amazónico shipibo hasta los tejidos cusqueños con sus representaciones míticas, pasando por las estrías de los bastones de cargo en las comunidades de Huarochirí, en la sierra de Lima, que indican si se es autoridad de aguas, tierra o pasturas, la decodificación de símbolos y la construcción de los mismos en series complejas no nos es ajeno. Somos también una cultura eminentemente oral, con todo lo que ello implica y acarrea, pues no solo se trata de hablar, sino del arte de transmitir y representar en el aire y en la mente mundos naturales e inmateriales,de hacer presente realidades que muchas veces se escapan a lo que se denomina común y estérilmente realidad concreta”.

Símbolos que se leen desde otras formas de conocimiento, prescindiendo de alfabetos, como también cobra importancia la utilización de instrumentos musicales que vienen a significar una cultura de resistencia. A lo largo de los siglos los tambores han representado para las comunidades un modo de comunicación, que en algunas culturas cobró un papel dramáticamente crucial, como lo fueron las épocas de esclavitud en donde los sonidos producidos desde los parches permitían un entendimiento entre comunidades alejadas, alertando sobre peligros sin necesidad de palabras.

En el ejemplo del Manguaré (un tambor utilizado por algunos pueblos de la Amazonía) se puede leer la complejidad de sentido atravesada por planos tanto artísticos como socioculturales:  el instrumento, ejecutado entre otros por la comunidad Bora, “esta compuesto de dos troncos —macho y hembra— que percutidos de manera combinada transmiten mensajes cifrados, hasta una distancia de veinte kilómetros. Igual sucede en el mundo andino, antaño con tambores e instrumentos de viento de todo tipo y ahora mediante las cada vez menos campanas de las iglesias rurales y de otros instrumentos”.

El trabajo de Chirapaq pretende dar valor desde la propia mirada, produciendo contenidos bajo un carácter endógeno. Es bueno saber que los paisanos tienen sus propias herramientas para mostrarnos otra lectura de la realidad, para que entendamos, desde la apertura consciente y sincera, que hay otros modos de representar el visible mundo de lo cotidiano.

El proyecto se encuentra en marcha, las producciones locales muestran imágenes propias, “películas indígenas” que forman parte de festivales de cine en distintas partes del mundo, donde por primera vez se pueden acceder a problemáticas relatadas en lengua materna, motivando la denuncia social de temas como la violencia, la pobreza y el olvido. Hay saberes contados desde quienes siempre estuvieron condenados al silencio, allí reside en parte el valor de la propuesta, la necesidad de tornar visible una antigua problemática, y lo importante es la conjunción entre los ancianos y los jóvenes. Son los jovenes quechuas los que se apropian de una técnica, y son los ancianos –libros vivientes de la comunidad–  los que participan contando lo que saben.

Apreciable manera de sostener la identidad de un pueblo.