Espacio que pretende resguardar voces y conocimientos desde el abordaje de la
bibliotecología. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural intangible
conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas a bibliotecarios sobre el rol social
de la profesión. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

jueves, 30 de junio de 2016

Buscando a los Quilmes: inauguración Biblioteca “de La Pacha”




El derrotero de la cultura Quilmes, tributaria de los incas, nace con un éxodo involuntario, impuesto por los conquistadores españoles por negarse a ser dominados. Aquel pueblo compartiría la dura sentencia junto a cincuenta familias de Alcalianos, escapados de Santiago del Estero, con quienes llegarán a pie a la zona del Plata. Durante más de doce mil años vivieron al norte de la Argentina, en la provincia de Tucumán, donde se encuentran una de las ruinas arqueológicas más importantes del país. 

Las conocidas “Guerras Calchaquíes”, iniciadas entre 1560 y 1563, con intervención de etnias de Jujuy y La Rioja, produjeron una brutal interrupción de las comunidades originarias en su defensa del territorio, las mismas continuaron desde 1630 hasta 1642, de 1657 a 1658 y de 1663 a 1664, año en que los indígenas fueron finalmente derrotados. La orgullosa y bravía etnia Quilmes fue la última en ser reubicada por la fuerza en 1677, dando fin a las rebeliones y desarraigando a todos los pueblos calchaquíes, quienes vieron extinto su patrimonio e historia. Allí, sobre la costa de la provincia de Buenos Aires, donde se encontraba la reducción franciscana de Santa Cruz de los Quilmes, sería el lugar donde terminarían de recluirse en el exilio. No existe un real conocimiento del origen y recorrido de esta cultura, para la mayoría de los argentinos la denominación “Quilmes” no está asociada a una de las más importantes culturas precolombinas del territorio, sino sólo a una común marca de cerveza.
Lejos en el tiempo y bajo un contexto educativo se acaba de inaugurar la Biblioteca de “La Pacha”, perteneciente al Centro Cultural homónimo, cuya inauguración fue el sábado 25 de junio a metros de la Estación de tren de Quilmes, El Orejiverde estuvo presente, gracias a la gentileza del bibliotecario Marcelo Rafael Cosnard, quien brindó detalles de la pequeña biblioteca que cuenta con materiales de pueblos originarios, concebida bajo el espíritu de la Pachamama. No se trata de una biblioteca indígena según ha sido entendido el concepto a lo largo de numerosas investigaciones, sino de un espacio que busca reivindicar la cultura Quilmes en particular y de los pueblos originarios en general. La principal colaboradora del proyecto, la docente Vilma Villalba, nos comentó sobre la necesidad de poder incrementar la colección, mientras que Marcelo remarcó la importancia de lograr información sobre el paradero de los descendientes de esta milenaria cultura (según el censo de 2010 en el país figuraban 3.658 querandíes, no existen datos sobre la denominación “Quilmes”), siguiendo esta línea hay quienes sostienen que podrían existir en Buenos Aires un aproximado a 200 descendientes directos . 
La biblioteca nace merced al proyecto “Bibliotecas en marcha” que vincula, desde 2014, a la Biblioteca Laura Manzo de la Universidad Nacional de Quilmes con organizaciones barriales cercanas a la misma, logrando promover la creación de bibliotecas comunitarias, el propósito consiste en acercar herramientas bibliotecológicas adecuadas para capacitar integrantes designados por cada institución y contribuir a su formación como cabales referentes de la democratización del acceso al conocimiento. Hasta el momento 7 instituciones se han visto favorecidas por el proyecto (2 casas de niños, 3 comedores comunitarios, 1 sociedad de fomento y un centro cultural barrial).
Hoy por hoy la biblioteca no cuenta con paisanos de la cultura entre los colaboradores, sin embargo son muchos los que aportan sus conocimientos para difundir aspectos característicos de la cultura Quilmes, entre ellos se destacan algunos trabajos de docentes relacionados con la enseñanza de los sikuris en los colegios (especialmente los textos publicados de Jorge Balanzino). Incluso en su momento este colectivo se adhirió al proyecto “Quilmes conoce a Quilmes”, con lo cual se percibe una necesidad de documentar todo lo referido a esta cultura, empezando con los materiales de trabajo en las escuelas y la donación de libros, todos catalogados bajo la atenta observación de Marcelo, quien coordina desde la Universidad Nacional de Quilmes el programa de ayuda para las bibliotecas comunitarias.

Inaugurando la biblioteca…
Los materiales de la biblioteca (empiezan con un aproximado a 50 ejemplares) contienen diversas temáticas relacionadas con pueblos originarios (mitos y leyendas, cuentos de diversas culturas indígenas, historia y cosmovisión, filosofía, ensayos), dicha colección ocupa el espacio de un pequeño mueble al aire libre, la intención de los colaboradores es concebir el proyecto bajo el carácter de una biblioteca pública, propiciando el préstamo de materiales y la consulta.
La inauguración de la biblioteca estuvo acompañada con la música de grupos de murga, candombe y cuerda de tambores, el espacio de la Pacha cuenta con un fogón en la entrada, donde suelen templarse las lonjas de los tambores, adelante una biblioteca ambulante con video, enfrente la biblioteca de La Pacha y una pequeña feria de artesanos, y al fondo un escenario donde tocan bandas  relacionadas con el folclore, ritmos latinoamericanos y comparsas.
Es para destacar el esfuerzo que han puesto en el proyecto tanto Marcelo como Vilma, poniendo el cuerpo a las ideas, con el deseo de honrar la historia de una cultura muy particular, en la ceremonia resultó gratificante verlos con tantas inquietudes, esperemos que reciban la ayuda que tanto esperan, y que de a poco la Pacha vaya logrando el objetivo de reunir a los descendientes Quilmes, un anhelo que valdrá la pena compartir, por todo lo que significa en el contexto de la reparación histórica, conocer el verdadero destino de aquellos cuyos ancestros fueron obligados a dejar sus tierras.
Entre otras cosas Marcelo comentó que el Centro Cultural La Pacha nació hace poco más de 3 años. Se encuentra formado por gente de la zona (mayoritariamente Quilmes y Berazategui). Su conformación es muy variada, pero hay en todos ellos (artesanos, músicos, docentes, bibliotecarios) un sentimiento común, una necesidad de querer recuperar el modo de vivir y de pensar de los pueblos originarios.  Cabe resaltar que en esta zona se asentaron muchas comunidades andinas (procedentes tanto de Argentina como de Bolivia), y que el motivo de la fecha elegida para la inauguración estuvo vinculado por el 350º aniversario de la llegada de los Quilmes, razón por la cual se hicieron estas celebraciones en “La Pacha”.



A continuación se agrega el texto que transcribieron los responsables del proyecto en la presentación:
La Biblioteca de la Pacha intentará sumar su aporte a la construcción de la historia quilmeña, desde la perspectiva de sus primeros pobladores, los Pueblos Originarios.
Es común leer en los libros que la historia de los países comienza cuando desembarcaron los europeos, simplificando o sencillamente ignorando la existencia de antiguos pobladores que, en muchos casos desarrollaron culturas muy avanzadas. Tal es el caso de África, de la que apenas conocemos la historia de Egipto, para luego hacer un enorme salto en el tiempo hasta nuestros días y evocarla como un espacio de pobreza y conflictos, ignorando la existencia de épocas en las que florecieron múltiples y poderosas naciones, la posterior sangría que significó el tráfico de esclavos y el lamentable episodio sucedido a fines del siglo XIX cuando se estructura la economía capitalista mundial que quedó registrado como “el reparto de África”, denominación que pretende justificar su apropiación por los colonialistas europeos. Lo mismo sucede con el continente americano donde prosperaron numerosas culturas pero que los textos las reducen a un solo capítulo en el que conviven apretadamente mayas, aztecas e incas. 
Para el relato puntual de la historia Argentina, la misma comienza con los viajes de los conquistadores Pedro de Mendoza y Juan Díaz de Solís. Los manuales escolares suelen referirse a los Pueblos Originarios como cosa del pasado. Es común leer en ellos todos los verbos conjugados en tiempos idos: vivían, tejían, cazaban; pretendiendo imponer la idea de que son gentes de otros tiempos, desaparecidas mágicamente. En esa historia argentina se habla de conquistar el “desierto”, una expresión  construida para justificar un auténtico genocidio de indígenas y la ocupación de sus territorios.
Hoy en día solemos consentir las erróneas categorizaciones de países ricos y países pobres o pueblos civilizados y pueblos bárbaros, sin reparar que los procesos de empobrecimiento fueron producidos por guerras de conquista, aniquilamiento y explotación cuyas secuelas de despojo son las auténticas causas de estos males. Es común admirar, muchas veces con marcado orgullo, a los llamados países del primer mundo y desdeñar a todos los restantes, incluído el nuestro, sin reparar demasiado en las causas que originan dichos procesos. La visión eurocéntrica con la que somos educados nos hace ver a un mundo civilizado de gente pujante que siempre trabaja para progresar y en contrapartida a otros que viven de forma indolente “de la caza y de la pesca”; pero sería más justo apreciar esa enorme desigualdad desde la óptica de conquistadores contra conquistados, es decir de vencedores y vencidos.
Desde hace varios siglos, extensas regiones de África, Asia y América Latina son utilizadas como proveedoras de recursos naturales y humanos a muy bajo costo, o directamente a cambio de nada. Y lo que es peor, en esta carrera desenfrenada del llamado “progreso”, nuestros territorios tercermundistas son los lugares elegidos para experimentar con técnicas destructivas hacia la Madre Tierra o para almacenar numerosos productos dañinos que se utilizan a gran escala, con el único fin de maximizar las ganancias de unas pocas megaempresas globales. Ante este panorama tan adverso apelamos a la cosmovisión de los Pueblos Originarios cuyos principios ancestrales se basan en el respeto, el equilibrio y la coexistencia de todos los seres vivos que poblamos la Madre Tierra, el ÚNICO MODO POSIBLE para detener la destrucción de NUESTRA ÚNICA CASA.
Las sociedades precolombinas estaban basadas en relaciones entre iguales que no competían sino que colaboraban en beneficio mutuo cuya vida transcurría en comunidad, compartiendo todo, sin necesidad de sentirse propietarios de algo en forma individual; se consideraban una pequeña parte de un todo, integraban un engranaje mayor al que correspondían asumiendo sus derechos y obligaciones, lo que los hacía más solidarios en sus comportamientos.
Es debido a esta filosofía superadora que en las constituciones de países hermanos como Bolivia y Ecuador se introdujeron modificaciones para proteger los recursos naturales y reorientar el pensamiento humano hacia una vida en armonía entre todos los seres vivos del planeta. Desde estas perspectivas, la Biblioteca de la Pacha asume el desafío de rescatar del olvido y la negación el quehacer pasado y presente de las comunidades de Pueblos Originarios que vivieron y viven hoy día en ámbitos rurales y también urbanos. Para ello nada mejor que hacerlo desde Quilmes, lugar que tomó su nombre de uno de los pueblos que por más tiempo resistió los embates del conquistador defendiendo tenazmente su espacio, su cultura y su derecho a la libertad.
En estos tiempos donde parece que toda la información está al alcance de la mano, vale la pena preguntarse ¿para qué seguir creando bibliotecas? La primera respuesta de un bibliotecario conlleva una nueva pregunta ¿quiénes poseen las capacidades para poder evaluar la veracidad de lo que encuentran? Y yendo más a fondo nos preguntamos ¿quiénes deciden el orden en que aparecen esos contenidos? Entonces, no es que las bibliotecas nieguen las búsquedas en red, lo importante en la formación de los bibliotecarios es su preparación para valorar y certificar la calidad de esos contenidos.  De hecho esta biblioteca dará sus primeros pasos con pocos materiales en formato papel e intentará atender las demandas de información vía Facebook, hasta poder incrementar adecuadamente su colección y organizarse apropiadamente para funcionar como una biblioteca “convencional”, con horario de apertura y cierre, préstamos, registro de socios, etc.
Convengamos que todas las bibliotecas inician sus actividades de esta manera, con la buena voluntad de algunos colaboradores. Así son las bibliotecas que llamamos comunitarias, o sea  aquellas que funcionan sin recibir ningún tipo de subsidio, lo cual las diferencia de las populares, ya que éstas, una vez organizadas adecuadamente, pueden acceder a beneficios económicos que posibiliten la compra de libros, pagar insumos, pagar el sueldo de un bibliotecario, etc.
Otro punto importante para mencionar es su especialización temática: los Pueblos Originarios. Cabe señalar que en algunas comunidades de hermanos indígenas existen bibliotecas diseñadas por ellos para resolver sus necesidades de información. El punto que nos diferencia de esas experiencias es que aquí estamos en un espacio cultural no indígena, por tal motivo nuestro trabajo es doblemente significativo porque la tarea de la Biblioteca de la Pacha será difundir conocimientos de pueblos poco conocidos, y lo paradójico es que muchos de quienes vivimos en contextos urbanos tenemos ascendencia indígena pero hemos perdido nuestra identidad, básicamente como consecuencia de los sucesos sociales y políticos relatados anteriormente.
En este período inicial la Biblioteca realizará actividades los segundos sábados de cada mes, horas antes de cada peña. Dentro de dichas acciones, junto con las lecturas de nuestros materiales, se intercalarán presentaciones de diversa índole como ser: teatro, dibujos animados, cine documental, juegos, música, lenguas originarias, dibujo, efemérides, alimentación, ecología, etc. Acompañando a la Biblioteca, estará funcionando un espacio infantil relacionado con las prácticas de juegos propios de los niños originarios. Es importante destacar que además se acompañarán las manifestaciones de otros espacios afines a esta temática, ofreciendo el lugar para hacer presentaciones o exposiciones, a efectos de amplificar la difusión y conformar una red cultural lo más amplia y abarcadora posible.
La idea central de la Pacha es conformar una biblioteca temática que alcance, desde los Quilmes en particular, hasta los demás Pueblos Originarios en general, propiciando la recuperación y difusión  de sus historias, saberes y expectativas, con la esperanza de poner al alcance de todos los públicos una cosmovisión radicalmente diferente a la occidental, en la que no exista la supremacía de una especie por sobre las demás y cuyo deber central es el de aprender cotidiana y colectivamente a poner en práctica los valores del EQUILIBRIO, la CONVIVENCIA  y la COMPLEMENTARIEDAD. 
Se trata de un lugar de encuentro y un espacio de reivindicación, en donde los libros son un pretexto para reflexionar sobre la realidad de los pueblos originarios.
Agradecemos la gentileza de Marcelo Cosnard y Vilma Villalba por los datos aportados.



Datos de contacto:
Facebook:  Biblioteca de la pacha
Dirección: Entre ríos 90, a metros de la Estación Quilmes.
 
Bibliografía consultada: 
Agnelli, Chalo (2016).  ¿Y nuestros ancestros querandíes? Consultado en:
http://elquilmero.blogspot.com.ar/2016/03/y-nuestros-ancestros-querandies_22.html
 
Censo Nacional 2010
http://www.estadistica.sanluis.gov.ar/estadisticaWeb/Contenido/Pagina148/File/LIBRO/censo2010_tomo1.pdf
 
Cosnard, Marcelo Rafael (2015).  Bibliotecas en marcha: estrategias para potenciar la función social de las Bibliotecas comunitarias. Consultado en:  
http://upla.cl/ebam/wp-content/uploads/2015/09/COSNARD_Marcelo_Argentina_Ponencia_Web.pdf
 
Solivérez, Carlos Eduardo. Los indígenas Quilmes
http://cyt-ar.com.ar/cyt-ar/images/b/bd/Ind%C3%ADgenas_Quilmes.pdf
 
Versión para El Orejiverde:
http://www.elorejiverde.com/toda-la-tierra-es-una-sola-alma/1435-la-pacha-de-los-quilmes

domingo, 26 de junio de 2016

Los cuentos de los antiguos en la voz de Boniface Ofogo

Este no es un traje para ir de paseo, se usa para rituales… en este caso el ritual de la palabra"
Boniface Ofogo.

Aquellos que lo escucharon quedaron hipnotizados con sus cuentos, y para prueba basta con ver algunos videos que circulan por Internet, estamos hablando del cuentero camerunés Boniface Ofogo Nkama, quien dice ser cuentero de nacimiento, práctica que frecuenta desde los 3 años de edad, cuando narraba historias delante de su familia, acompañando a su padre en el Árbol de la Palabra, donde se reunía el Consejo de Ancianos y la gente. Las imágenes que pueblan los recuerdos de su infancia, que marcaron a fuego su memoria, son las de un grupo de niños descalzos sentados bajo la sombra de un árbol y rodeando a una anciana mientras ella contaba historias.
La colorida túnica que Boniface utiliza para narrar cuentos es tejida a mano por las mujeres de su tribu, los Yambasa, quienes la bordan con hilos de algodón sobre una tela negra, una tarea que les puede llegar a deparar hasta dos años de trabajo. La tribu de Boniface, perteneciente a la comunidad Omasa, está ubicada a 150 kilómetros de la capital de Camerún (Yaundé), una comunidad horadada por  casas de barro y techos de corteza de palma tejida, donde según el cuentero “nadie pasa hambre, uno puede entrar a cualquier finca y comer fruta, es algo completamente legal”.
Allí donde iba Ofogo con su vestido de príncipe (como hijo de un rey), la gente se reunía para escucharlo, en escuelas, en festivales, en comunidades, en centros culturales, y lo que escuchaban, de modo magistral y con destacada presencia escénica, eran relatos que trataban de explicar la vida, la naturaleza y las relaciones entre hombres, entidades y animales. A través de sus narraciones recordaba hechos, historias, leyendas, canciones, proverbios, mitos, fábulas y versos de la tradición oral africana, incluso incursionó en los cuentos eróticos y en algunos relatos supo recrear los sonidos y movimientos de los animales selváticos. Tiene un libro titulado “Una vida de cuentos”, que contiene su biografía y un disco con música y cuentos tradicionales. Suele afirmar que la cuentería es un arte que representa “el espíritu y el alma” de una sociedad, y que para valorarla hace falta una audiencia sensible.
Bienvenidos al mágico mundo de un cuentero que ya es leyenda entre su gente.

Sembrando cuentos bajo el árbol de la palabra
Una vez Boniface contó (para variar) que cuando nació, le cortaron el cordón umbilical y lo enterraron a la sombra de un árbol, que esa era la tradición de su pueblo, dice el autor “Ese lugar es mi centro del mundo, puedo recorrer infinidad de países, pero si no vuelvo a mi pueblo todos los años no tengo inspiración. La mejor manera de ser universal es amando a mi pueblo”. Además de cuentero por convicción, el destacado narrador es también filólogo hispánico y documentalista.

Cuando terminó el bachillerato se ganó una beca para estudiar filología en Madrid (España), de allí viene su excelente dominio del español (año 1988 en adelante), potenciado por sus viajes a Colombia ya en calidad de cuentero. Esta historia es una de las tantas que Boniface Ofogo relató ante un auditorio, muestra un poco la moraleja existente detrás de cada cuento, con el que siempre busca sembrar una enseñanza:

Había un anciano en mi pueblo que era el más viejo, no trabajaba y, sin embargo, era el más importante del pueblo. Él se sentaba en la plaza y todos acudían a pedirle consejos.
Un día llegó un joven con una forma de caminar muy insegura y le dijo que quería quedarse a vivir en el pueblo porque en su hogar había mucha sequía.
El anciano que estaba fumando una pipa le preguntó: cómo es la gente del pueblo de dónde usted viene.
El joven contestó que muy buena, amable y que allí se respetaba a los ancianos. Además, que los conflictos se resolvían hablando.
El anciano respondió que la gente de este pueblo era igual y que sería bien recibido: ¡bienvenido joven!
Al rato llegó otro joven, de caminar desafiante y también pidió vivir allí. Sin embargo, a las preguntas del anciano respondió con alevosía y habló mal de sus parientes.
El anciano le dijo que la gente de este pueblo también era mala y no sería bien recibido.
La moraleja de la historia, más allá de las respuestas del anciano es que quien cree en el sentido de la amistad y ama sus raíces, vaya a donde vaya siempre le irá bien”.

El escritor español Manuel Rivas solía asegurar que los cuenteros escriben en el aire y que sus palabras no son arrastradas por el viento, sino que germinan en la imaginación de los espectadores, Boniface logra captar en el público oyente esa mágica sentencia, y hace que cada uno encuentre algo dentro de sí mismo, haciendo posible que todos en algún punto sean mejores, que todo merece ser aprendido.

El "puente cultural" entre África y los cabildos cimarrones de Colombia

Hay un espacio muy trascendente en la vida de Boniface Ofogo, que es cuando visitó Colombia en 2005, con motivo de una invitación para participar en Bucaramanga en el Festival Iberoamericano de Cuenteros, un año antes había sido invitado por el cuentero colombiano Pacho Centeno, pero Bonifice lo había tomado como una forma de hablar y no creyó que la invitación era real. Dice que descubrir Colombia le cambió la vida, y la prueba es que en esas tierras caribeñas tuvo audiencias de unas 1.000 personas que podían escuchar cuentos durante horas. La cantidad y calidad de festivales internacionales de cuenteros entusiasmó al representante camerunés, supo de verdaderos semilleros de Cuentería, especialmente de la Sede Norte, donde fue posible rescatar la antigua tradición oral que por años ha cautivado a los públicos de Yarumal, del Bajo Cauca y Urabá. Se dice que el Norte antioqueño es cuna de un sinnúmero de relatos de espantos, plantas prodigiosas, brujas, hechizos y entierros; cuentos contados de generación en generación como el de La Barbacoa y Cueva Bonita, que han surgido para narrar las creencias de los habitantes de este pedazo verde y montañoso de Antioquia. 

Estas visitas paulatinamente lo llevaron a Boniface a grabar un documental sobre el "puente cultural" entre África y los cabildos cimarrones de la región. Incluso ciertos temas propios de la cultura palenquera, como el ritual fúnebre conocido como Lumbalú –que ha sido considerado como “como la última costumbre de profunda raigambre cultural Africana entre los pobladores cimarrones” – fueron documentados y utilizados por los cuenteros, incorporando temas representativos de la cultura africana en las presentaciones orales de los artistas.

Es muy significativo como la tradición oral de los cuenteros permanece viva en Colombia (solamente en Medellín existen festivales que ya llevan 30 años premiando cuenteros), se tratan de historias que en su mayor parte no están escritas, simplemente la gente las escucha y las sigue contando, tal como dice el profesor Camilo Andrés Sánchez Contreras, coordinador de un semillero de cuenteros que originó una serie de talleres y organización de festivales “Cuando son historias contadas del bisabuelo al abuelo, del abuelo al padre, y de este a su hijo, se convierten en tradición oral”, del mismo modo Mauricio Orrego (coordinador de una de las sedes) resalta una característica que diferencia a la cuentería de otras artes, y que es precisamente la conexión con el público en relación al material utilizado, los cuenteros a veces hacen variaciones de las tradiciones orales de los pueblos que visitan, en otros casos resaltan mitos o leyendas, o directamente inventan monólogos incluyendo la participación del espectador a través de un enfoque lúdico.

La oralidad ha sido motivo de estudio en el norte de Antioquia,  muchos cuenteros se han visto atraídos por las tradiciones orales, pero a la vez trabajaron en talleres algunas técnicas para mejorar la espontaneidad y exposición, modulación, desenvolvimiento corporal, vocalización y estudio de aspectos psicológicos que les permitían en poco tiempo realizar verdaderas “construcciones orales”. Estos procesos de formación tuvieron el apoyo, entre otras instituciones, de la Universidad de Antioquia. Muchos cuenteros han pasado de la timidez a una exposición permanente con pequeñas audiencias, incluyendo interacciones con el público que ha transformado sus vidas, favoreciendo un crecimiento que les ha permitido lograr metas como por ejemplo iniciar estudios académicos de disciplinas humanísticas.

A modo de ejemplo, el profesor Camilo recuerda una presentación nocturna donde los cuenteros acondicionaron un espacio público para narrar historias de terror, lo llamativo es que el público terminó participando con sus propias historias, lo cual habla de un espacio vivo que permanentemente se renueva, y de un arte que no se apaga con el paso del tiempo. Según el docente “el aire es la palabra, el resto es el corazón que se le pone y a través de uno hablan todos los ancestros”, Boniface Ofogo ha respetado esta construcción de sentido, y en ocasión de una presentación en un pueblo del sur de Colombia (donde según la tradición los abuelos se quitan los zapatos para contar los cuentos, prenden velas y tienen un vaso de agua o aguardiente para acompañar la lectura) realizó un ritual de invocación al fuego para rescatar lo sagrado de la palabra, todo lo que vino después fue un vínculo tejido por el encanto de los cuentos míticos y mágicos.


Boniface, el documentalista
Resulta imposible olvidar, y es algo que Boniface siempre tuvo en cuenta, que detrás de los cuentos se percibe la legendaria resistencia a la esclavitud de las comunidades afrodescendientes, así como los tambores han representado una poética de la resistencia cultural, han sido los cuentos los que permiten enlazar el pasado con el presente, robusteciendo con cada relato la identidad de los comuneros “Yo cuento a África, para las demás historias ya hay mucha gente a su servicio, me dedico a esto porque África necesita ser contada y muchas veces no se hace bien. Yo soy hijo de África y hablo por ella”, contó alguna vez Boniface, un relato que va más allá de la oralidad y la palabra. Suya fue la obra de tender un puente artístico y cultural entre el corregimiento de San Basilio de Palenque y Camerún, y en tal sentido los palenqueros (artistas, sabios, rezanderas, picoteros, amas de casa, niños, curanderas y ancianos) entendieron como pocos aquella presentación titulada “Un pedazo de África en Colombia”, resaltando los vínculos con la música y el arte, pero esencialmente en el convencimiento de los pobladores de sentirse africanos, es por eso que el documental fue rodado en las calles de San Basilio y formó parte del Festival de Tambores y Expresiones Culturales de Palenque, contando cómo un nativo africano llega allí, cómo lo reciben y como lo adoran porque ven en él a un ancestro.
Según Boniface, África ha sido la raíz y Palenque, su fruto, filosofía que le bastó para exaltar las costumbres del indiscutido patrimonio cimarrón. Cabe señalar que la UNESCO declaró a Palenque San Basilio como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, por ser considerado el primer pueblo libre de América.
En la producción de su documental, Boniface consideró que Palenque “es un concepto que va más allá del territorio propio”, y para muestra bastó con analizar el porqué de algunas canciones tradicionales que ya no se escuchan en Camerún pero que sin embargo siguen disfrutándose en los palenques, la raíz africana que se torna visible en los carnavales de Barranquilla, los monumentos que hacen referencia al  Palenque de los esclavos liberados y del éxodo, el valor de la oralidad y de los ritos fúnebres, la exaltación de la alegría a pesar de tantas historias desgarradoras.
Alcanza con escucharlo, una vez más, al hombre de los cuentos orales:
 “Somos la misma gente, solo la historia nos separó”.
Fuentes consultadas:
San Basilio de Palenque, luces y sombras de un legado aborigen

Cuentero camerunés de paso por Cúcuta:

Documental “en memoria”:

La oralidad del norte de Antioquía, “a viva voz”:
Nota: las imágenes pertenecen a estos sitios:



Versión para El Orejiverde:
http://www.elorejiverde.com/el-don-de-la-palabra/1423-boniface-ofogo-la-voz-de-los-ancestros

martes, 14 de junio de 2016

Biblioteca Andina Ñawpa Yachaykuna


La Biblioteca Andina Ñawpa Yachaykuna (vocablo de origen quechua que significa “nuestros conocimientos ancestrales”), fue inaugurada en el año 2005, en la localidad de Abra Pampa, Departamento de Cochinoca, provincia de Jujuy, tierra de copleros y poetas. Cuenta con un acervo bibliográfico sobre la temática de los Pueblos del Tawantinsuyu (la región de los cuatro soles), cosmovisión, espiritualidad, cultura y registro de eventos, reclamos y propuestas comunales que sirven de antecedentes para la consulta.

Ubicada en un territorio que hace de nexo entre la puna del oeste y las yungas –o bosques nublados– hacia el este jujeño, nace del proyecto de Wawquekuna (Hermanos), Panakuna (Hermanas) de Abra Pampa y de otras comunidades, del grupo originario Qolla Chasquis y de paisanos unidos bajo el entendimiento del Abya Yala (América) y el respeto a la Pachamama. Los directores integran un “Amayu Runa” (Círculo de hermanos), buscando reivindicar la cultura ancestral, incluyendo la histórica lucha por la reafirmación territorial del pueblo Qolla y del Tawantinsuyu, guiados por el camino trazado por los abuelos/as (Apus-Achachila-Awicha), donde reconstruyen desde la biblioteca la comprensión del Qollasuyo (La región de la nación Kolla).

Desde septiembre de 2010 cuentan con un blog donde expresan en forma bilingüe el sentido de pertenencia a la cultura kolla: “desde la Puna Qollasuyana, Abra Pampa, invocando a nuestros Apus, Apu Wancar, Apu Katari ,Apu Cobre , Apu Granada a nuestras wacas pukara, waca tabladitas, waca cerro colorado , waca inca cueva, Achachilas, Awichas de Casabindos, Cochinocas, Apatamas, Quechuas, Aymaras, Chibchas, Toaras, Lipes y a nuestra sagrada PACHAMAMITA”. En dicho espacio es frecuente la consulta de los pobladores sobre aspectos específicos de la cultura, como la etimología de los conceptos y los datos sobre encuentros comunales.


También cuenta con página Facebook desde donde difunden encuentros y eventos de la región. La biblioteca andina suele compartir recursos vía correo electrónico con los responsables de la biblioteca Sisa Jan Inak'tiri (Flor inquieta) lo cual implica reconocer el único caso de bibliotecas indígenas en el país que comparten información en carácter inter-bibliotecario.

Es significativo el vínculo con los usuarios, compartiendo un respeto hacia la naturaleza, como suelen decir  “verdaderos wayquekuna, ñañakuna” luchando bajo un entendimiento de principios éticos comunitarios propios de la vida andina, compartiendo el camino de las luchas y resistencias originarias, donde encuentran los valores que sus ancestros les dejaron.

Esta biblioteca pareciera ser un espacio de reflexión y de encuentro con los llamados “wawakuna, lloqallas, Taytakuna y Mamakuna” de las comunidades del norte. Saber de ellos ha sido posible gracias a la consulta de un trabajo académico perteneciente a la bibliotecaria Victoria Grgic, quien indirectamente tuvo conocimiento de esta experiencia a través de Ser Jatún Inti, responsable de la biblioteca Flor inquieta.

Un verdadero gusto encontrarse con la biblioteca Ñawpa Yachaykuna, como dicen los paisanos “jallalla Tawantinsuyu, jallalla Qollasuyu”.


Bibliografía consultada:

Victoria Magdalena Grgic. Entre el Silencio y la Memoria: la existencia de Servicios de
Bibliotecas para los Pueblos Originarios. Disponible en:
http://humadoc.mdp.edu.ar:8080/handle/123456789/161

Blog de la biblioteca:

Facebook de la biblioteca:

Nawpa Yachaykuna – Abra Pampa
http://argentina.indymedia.org/news/2005/09/324418.php

sábado, 11 de junio de 2016

El África profunda en las fotografías de Leonce Raphael Agbodjelou


Retratos y memoria del África profunda
Leonce Raphael Agbodjelou es uno de los fotógrafos que más impacto ha generado en la República de Benin. Nacido en Porto-Novo en 1965, fue entrenado por su padre, un fotógrafo de renombre mundial conocido como José Moise Agbodjelou (1912-2000), quien lo fue formando en la disciplina de la fotografía de estudio tomando como campo de trabajo el complejo escenario social de África Occidental. Leonce ha tenido la particularidad de captar en sus retratos el modo de vida de los habitantes de Porto-Novo, utilizando el efecto de la luz natural y una película de formato medio, de este modo el artista ha logrado interpretar experiencias cotidianas de una generación atrapada entre los conceptos de tradición y progreso.

La República de Benin, ubicada al oeste de África, se encuentra limitada por Togo al oeste, por Nigeria al este y por Burkina Faso y Níger al norte. Producto de la expansión colonial francesa, tiene por lengua oficial el francés pero también conviven algunas lenguas indígenas como el fon o el yoruba, la religión más extendida es el catolicismo romano, sin embargo resultan numerosos quienes profesan el Islam, el vudú y el protestantismo.

El reconocido fotográfo es el fundador y director de la primera escuela fotográfica en Benin y recientemente ha sido nombrado presidente de la Asociación de Porto-Novo. Sus obras suelen exhibirse en las principales salas de los museos de arte estadounidenses, donde es posible apreciar sus espectaculares fotografías que logran captar la energía dinámica y contemporánea de su pueblo.

Bullicio de colores entre paredes derruidas

Entre sus trabajos se destacan producciones con fisicoculturistas posando delante de fondos multicolores y portando flores de plástico entre sus manos, lo cual genera un tono muy audaz que busca contrastar la fuerza con la delicadeza, representando un bullicio de colores propios de la cultura afro-brasileña de Benin. Según el autor las imágenes derivan directamente de escenas urbanas de gente conversando en los mercados y en los bares, con un fondo atiborrado de texturas multicolores, entre puestos de venta ambulantes y permanentes congestiones de tránsito. Según algunos críticos Leonce es parte de una generación que experimenta cambios rápidos y en tal sentido sus fotografías capturan esa energía y el entusiasmo sin límites por la vida.

En sus producciones es frecuente las imágenes de mujeres ataviadas con túnicas de variados colores y máscaras en sus rostros, con un fondo de paredes derruidas, hechas de barro y adobe, en tonos bermejos y amarronados, o bajo la exuberancia de la selva (retratos de la serie “Egungun” cuyos portadores se encuentran en la República de Benin y en los reinos yoruba de Nigeria, grupo étnico-lingüístico ubicado al suroeste africano), también resultan características las imágenes de mujeres posando solo con polleras y máscaras ceremoniales o de vudú (que conformaron la serie "Demoiselles") en el interior de una casa colonial que perteneció a la familia del artista beninés por varias generaciones, y que fuera construida por artesanos afro-brasileños. Se dice que en los interiores de la vivienda, con intrincada artesanía en madera tallada y pintura descascarillada, están vivos los fantasmas del pasado. Muchas de las imágenes son viejos retratos enmarcados del abuelo de Leonce.

El don de captar los valores de la cultura
La cultura afro-brasileña, representativa de Benin, se deriva de la trata de esclavos, que simboliza una parte muy importante de su historia, en la cual cerca de doce millones de esclavos dejaron el país. Actualmente Porto Novo se siente como una ciudad del pasado, cargada de un esplendor marchito e interiores en mal estado. Estos edificios coloniales de estilo portugués cuentan una narrativa visual de África y su colonización. Leonce ha sabido captar todo ese simbolismo, representando un salto entre las históricas fotografías en blanco y negro de su padre, al abigarrado uso de colores vibrantes, que mucho expresan sobre las frecuentes investigaciones del joven artista acerca del sincretismo originado entre la mitología yoruba y las creencias cristianas, prácticas que aún son frecuentes entre las etnias Ewe, kabye, Mina y fon de Togo y Benin. Asimismo ha buscado representar a través de su cámara la mística de África occidental y de la historia colonial de Benin. Es común ubicar a este fotógrafo fuera de los centros urbanos, viajando a las aldeas remotas para capturar retratos de sacerdotes vudú, jefes de tribus, mujeres y ancianos.

Es importante analizar que cada producción del autor implica un aprendizaje propio de su cultura local, en el que ha podido reflejar con imágenes los valores éticos de su comunidad. Tal ha sido el caso de la serie Egungun, ya que el uso de máscaras resultó históricamente descalificado por las iglesias pentecostales en la década de 1990, buscando demonizar a las religiones indígenas (y sus panteones de deidades), por tal motivo las imágenes de máscaras y mujeres semidesnudas implican por sí mismas una ética de la resistencia cultural, el establecimiento de lo que el autor denominó “una contra-narrativa” de recuerdos, historias personalizadas y participación comunitaria en rituales públicos. Esa serie buscó explorar aquellas tensiones dinámicas, y en muchos casos lo hizo contando con el recurso del simple retrato.

Será interesante seguir el rumbo de su obra, buscando ser invisible en medio de una ceremonia, mostrando al mundo la complejidad y sentido de las significativas máscaras de Benin. Ciertamente sus imágenes podrían figurar en un museo, pero se trataría de un museo vivo, con carácter dinámico, desde donde sería posible interpelar la compleja realidad social de un pueblo, cuyas creencias perduraron en la memoria de los esclavos y en las prácticas de los chamanes.

Sitios consultados:

Jack Bell Gallery

Smac Gallery

Wonderland Magazine
http://www.wonderlandmagazine.com/2011/11/altered-states-leonce-raphael-agbodjelou-and-the-mystical-egungun-tribe/

Versión para El Orejiverde:
http://www.elorejiverde.com/el-don-de-la-palabra/1347-el-africa-profunda-en-las-fotografias-de-leonce-raphael-agbodjelou

sábado, 4 de junio de 2016

El ejemplo jujeño de las radios y bibliotecas indígenas


Un ejemplo de la problemática existente entre los medios de comunicación ubicados en comunidades indígenas lo podemos encontrar en territorio jujeño. Allí, los paisanos que están al frente de la Biblioteca Sisa Jan Inak´tiri “Flor inquieta”, afirman que el espacio bibliotecario es un gran complemento de las radios que forman parte del proyecto comunitario (Libertad 104.1 y Luna Azul 97.7),  donde suelen ofrecer a los visitantes y oyentes parte del conocimiento de sus abuelos. En la Pequeña Biblioteca “Flor Inquieta” los usuarios pueden encontrar libros de autores bolivianos, argentinos, y de otros países latinoamericanos, el servicio cuenta también  con una videoteca y un archivo sonoro de charlas y discursos referentes al mundo andino.

Pero lo que resulta clave es el porqué de esta iniciativa, y para ello es preciso remontarse a las fuentes. En Jujuy, como en buena parte del noroeste argentino, la lucha de las comunidades originarias por la recuperación de sus territorios se hizo sobre la base de la preexistencia de los pueblos originarios (esto implica afirmar que los pueblos indígenas ya estaban cuando se empezó a conformar lo que hoy es el Estado Argentino), en tal sentido los pueblos originarios figuraban como dueños protectores de la tierra que actualmente reclaman, sin embargo los procesos históricos que se fueron desarrollando desplazaron paulatinamente a las comunidades de sus derechos legítimos, potenciándose la problemática al no poder contar con los instrumentos legales, políticos y sociales necesarios, incluyendo la ausencia absoluta de los medios de comunicación indígena.

Es allí que, conforme el paso del tiempo, las problemáticas empezaron a visibilizarse en los distintos poblados andinos, pero no encontraron eco en los medios de comunicación, teniendo que soportar la distorsión informativa en relación a conflictos internos, como por ejemplo la noticia del Segundo Malón de la Paz en el año 2006, y el corte de ruta en Purmamarca, en donde los paisanos fueron caracterizados como victimarios, no teniendo el derecho a réplica desde el único canal local (que respondía a los intereses del gobierno de turno)  que a su vez contaba con una red de medios radiofónicos, con lo cual el arco informativo desprotegía a las comunidades negando sus reclamos y en mayor medida obstaculizando sus derechos.

Ese silencio y esa presencia invisible terminan generando una construcción de sentido, en donde lo único que cuenta, como modo de evaluación, es la tendencia informativa que en muchos casos se limita a difundir opiniones en modo potencial, no pudiendo probar en el contenido de la nota lo que en primeria instancia se difunde como verdad objetiva.

Otro punto a destacar –y es una problemática frecuente en el resto del país–  es el contenido de la programación de las radios y canales de televisión que no incluyen la temática originaria, ofreciendo en muchos casos informes que nada tienen que ver con la cultura y la identidad de las audiencias que forman parte de la amplitud de las frecuencias comunicacionales. En el caso de Humahuaca, la mayoría de las radios que permanecen suelen tener por criterio una gran inclinación hacia una comunicación débil en contenidos culturales autóctonos, éstos son superficiales y algunos responden a intereses propios de los gobiernos ocasionales.

De este modo, programaciones con tendencia hacia el entretenimiento, a la música comercial y de moda, permiten esta forma de aculturación por no tener en muchos pueblos la posibilidad de otras opciones informativas locales y propias. En ese contexto muchas radios FM solo se limitan a replicar los contenidos de las radios comerciales ubicadas en las grandes ciudades, buscando parecerse y negando con tal acto los valores y conocimientos de sus propios ancestros.

Por tal motivo, las radios indígenas representan un espacio de resistencia, concepto que no se reduce a la difusión cultural en lengua materna sino también, y sobre todo, a la defensa del espacio que muchas veces sufre persecución y violencia por parte de organismos del Estado, cuyos funcionarios, bajo el pretexto de requerimientos jurídicos y legales, lo que en realidad buscan es silenciar otro tipo de voces, defender intereses políticos, debilitar un patrimonio cultural basado en los valores de la espiritualidad, y en consecuencia dominar el espacio informativo para inocular los diversos matices de un único relato.

De este modo, los oyentes están condenados a consumir aquello que no les representa.

Lo grave es que en los pueblos indígenas no solo no faltan ideas creativas, sino también hay voluntad de expresar las mismas desde los propios códigos lingüísticos y culturales. Cuando un paisano escucha como única opción una cumbia comercial en vez de bagualas y coplas ejecutadas por los propios comuneros, lo que termina recibiendo es una imposición, basada en preceptos comerciales, cuya inevitable contribución es la aculturación producto de no querer representar las verdaderas necesidades de información de quienes viven en la periferia de las grandes ciudades. Así, un entretenimiento oculta una carencia, que no encuentra modo de tornar visible y audible la urgencia de un reclamo, que si se mantiene erguido es por el doliente recurso de la paciencia y la perseverancia.

Estos verdaderos hijos de la Pachamama encuentran refugio en muy pocos medios, donde es posible corroborar el sentido de pertenencia que los identifica con la audiencia, entre ellos el programa Kussi Killa, donde los locutores difunden el aprendizaje de la lengua quechua, tomando como base el entendimiento de la gramática del Runa Simi. Asimismo el espacio radial permite compartir aspectos de la lengua materna centrados en los cuentos, historias, recetas de comidas regionales y cuestiones lingüísticas.

Otro programa representativo, “Relatos Bajo Poncho”, invita a compartir aquellos cuentos que los paisanos solían escuchar de sus abuelos, de este modo es posible compartir historias, relatos, mitos y leyendas de la cultura originaria, acompañados de la clásica música andina.


Ejemplos sencillos pero necesarios, verdaderos centros de aprendizaje de las culturas originarias cuyos contenidos radiales enriquecen los materiales de las escuelas y las bibliotecas, brindando apoyo y asesoramiento, logrando que las comunidades tomen conciencia de la importancia de una biblioteca indígena y del servicio que presta, de la enorme incidencia de los medios de comunicación en los poblados que dependen de tareas agrícolas para la subsistencia diaria. Es necesario que los conceptos sean compartidos en las propias lenguas y dialectos, que el habla cotidiana refuerce la práctica de la lengua materna, que quienes tienen la posibilidad de transmitir desde un micrófono cuenten historias que fortalezcan el sentido de la identidad.

Se trata de una función social básica, que el Estado debe garantizar sin diferencias de ningún tipo, permitir que los medios de comunicación sean lugares de encuentro y de intercambios de ideas, proyectos y experiencias. Lugares donde se pueda investigar respetando la cultura propia, si el Estado efectivamente se limitara a cumplir su función, los paisanos no necesitarán que nadie les diga como hacer las cosas, hace tiempo que ellos saben que hacer con sus ideas y pensamientos, no necesitan ninguna ayuda, solo necesitan que les saquen las manos de encima.

Bibliografía

Pequeña Biblioteca Indígena Sisa Jan Inak´tiri (Flor inquieta)

Radio Libertad 104.1 Humahuaca

Luna Azul 97.7 Humahuaca

Nota: las imagenes pertenecen a estos sitios:

miércoles, 1 de junio de 2016

Las voces que reclaman desde las radios indígenas


En esta nota del Orejiverde me permito complementar algunos aspectos esbozados en el artículo sobre bibliotecas y radios indígenas, considerando el actual contexto político y social, que difiere notablemente  en cuanto al abordaje que motivó la construcción del documento.

En la crónica periodística, once emisoras de pueblos originarios y organizaciones campesinas de distintos puntos del país se presentaron en la Defensoría del Público para protagonizar una clase abierta con estudiantes universitarios: “Venimos a contarles para qué nos sirve tener nuestras radios comunitarias, para qué nos sirve tener nuestra propia voz. Venimos para contarles nuestras alegrías, nuestras tristezas, nuestra rebeldía. Pero la rebeldía tiene que ver con la lucha diaria que tenemos en esos lugares por el mantenimiento de nuestros territorios”. De esta manera dio la bienvenida Jorge Ñancucheo, dirigente mapuche y presidente de la Organización de Naciones y Pueblos Indígenas de Argentina (ONPIA) a la clase abierta “Voces del territorio. La lucha comunicacional de los medios campesinos e indígenas”. El acto sirvió de excusa para profundizar sobre los proyectos comunicacionales gestionados por los pueblos originarios ava guaraní, qom, guaraní, huarpe, mocoví, vilela y wichi, de Chaco, Formosa, Salta, Santa Fe y Santiago del Estero, y las organizaciones campesinas de Mendoza, Misiones y Neuquén.

Margarita Gómez, integrante de FM Del Monte del MoCaSE – Vía Campesina, explicó que “buscamos otra clase de comunicación. Que nosotros seamos las y los comunicadores. La radio se creó para difundir nuestra lucha por el territorio”. No es posible abstraerse del pensamiento común que aún sostienen algunos periodistas, aquella pregunta ¿para qué queremos una radio wichi? Encuentra diversos componentes en un plano regido por los intereses de clase y la monopolización de las comunicaciones. Las respuestas son múltiples, tantas como comunidades existen, una radio indígena se sostiene por un conjunto de necesidades y urgencias que merecen un espacio propio, pocos podrían entender lo valioso que representa para quienes viven en comunidades poder escuchar en sus propios códigos lingüísticos las problemáticas relatadas por quienes frecuentemente las padecen, teniendo la posibilidad de hacer escuchar una voz, ya sea para alertar, para compartir, para aconsejar, para convocar, para reclamar, para hacer reflexionar, para divertir, para informar…cuesta entender porque molesta tanto a los que precisamente dominan el amplio espacio de las comunicaciones en el país. La precaria antena de una radio campesina contra todo un monopolio de radios, programas de televisión y de cable, diarios, revistas, internet…la pregunta tiene respuesta, pero a nadie le importa interpelarla, lo que si importa es silenciar a los que quieren ser comunicadores de los que necesitan ser escuchados.

Vaya un ejemplo que permite medir un alcance del valor que significa para los pueblos indígenas y campesinos poder decir que hay otra realidad, y que existen formas distintas de comunicarla, construyendo conocimiento, o como en este caso recuperando una memoria con raíz en la identidad, ocurrió también en el Auditorio de la Defensoría del Público, cuando integrantes de la radio comunitaria La Voz Indígena de Tartagal, Salta, presentaron un radioteatro que recuperó parte de la historia wichi, cabe señalar que dicho colectivo de comunicación reúne en calidad de colaboradores a miembros de pueblos originarios wichi, tapiete, qom, guaraní, chulupi, chorote y chané, entre todos aportaron testimonios que permitieron analizar conceptos como memoria histórica, identidad y territorio. La gente de la radio logró representar una parte de la historia de los antepasados de Nancy López, la directora wichi de la emisora, he allí una respuesta. Vale aclarar que el relato cuenta el proceso de conquista y colonización de las comunidades del río Pilcomayo y es parte de un trabajo sobre sus luchas y reivindicaciones, en el que se incluyen las problemáticas que más afectan en sus familias, como lo es en este caso el daño de las fumigaciones con agrotóxicos producto de la expansión de la frontera agropecuaria.

Las comunicadoras Nancy López, Felisa Mendoza (directora guaraní), Lidia Maraz (directora qom), María Miranda, Edith Martearena y Leda Kantor prestaron sus voces para contar sobre los 13 capítulos que componen el ciclo e ilustraron con fotos y música el contexto en el que viven. Y el ejemplo que comparto viene a cuento porque de lo que estamos hablando es de un documento radiofónico que tendría muchísimo valor en el espacio de una biblioteca indígena. En parte fue el motivo por el cual investigué en el artículo sobre radios y bibliotecas indígenas: demostrar que era posible llevar adelante un circuito de producción documental entre los contenidos que genera la radio comunitaria para ser recuperados posteriormente desde el catálogo de una biblioteca. El circuito respeta el recorrido que hace la información en el contexto televisivo, donde nace con el reporte del periodista en exteriores, pasando el material por la cabina de edición para finalmente ser difundido en el noticiero. La cinta de esa noticia queda en el archivo del canal, pero su formato permite la reutilización en caso que el informe requiera su abordaje por un tiempo prolongado. En ese proceso es posible advertir el valor de una serie de datos que finalmente producen información y se transforman en documento. En el imaginario contexto radiofónico rural los documentos con nombres propios, son generados desde el lugar de los hechos, el material en “crudo” es finalmente editado en la biblioteca, agregando testimonios, informes y contenidos para finalmente conformar un documento oral cuyo acervo permite conservar un patrimonio cultural. La idea de conservación no se expresa en un sentido museístico, sino más bien son entendidos como documentos vivos que sirven de prueba para justificar reclamos, para recurrir a ellos en todo momento, para fundamentar razones y sobre todo para que tengan utilidad social.

Como dice Claudia Herrera, vicepresidenta de la ONPIA e integrante de la productora audiovisual Huarpe Raíces Ancestrales, no sólo se trata de difundir luchas, resistencias y conflictos, sino también de aportes. Basta leer la sección “Buen vivir” del diario El Orejiverde, para darnos cuenta de cuanto pueden aportar los pueblos originarios en temas de diversidad cultural, equilibrio ecológico, alimentos, farmacopea, espiritualidad, entre algunos temas de una lista larga y compleja. La idea de la radio va asociada a la de territorio, y es atravesada en su concepción por el entendimiento de la resistencia cultural, que no significa otra cosa que persistir en los valores de la cultura, con igualdad de derecho, buscando fortalecer la identidad, valorar la memoria, apreciar a los libros vivientes de las diferentes comunidades.

En este sentido es preciso dejar en claro el rol de los medios indígenas campesinos en una sociedad regida por el avance de la globalización, Juan Burba, integrante de Radio Tierra Campesina de Mendoza y comunicador del MNCI, lo explica claramente “el discurso hegemónico pone nuestras experiencias en un lugar pintoresco. Tengan presente que las radios campesinas, indígenas y comunitarias venimos a disputar”. Probablemente exista una mirada folclórica sobre estos movimientos que indirectamente busquen instalar el sinsentido de la construcción de una radio en una comunidad bilingüe, son los mismos que se preguntan el para qué de una radio indígena, desde esa supuesta autoridad se creen con el criterio moral necesario para discernir públicamente que es o que no es una radio.

Algunas de estas radios, que en la clase abierta recibieron agradecimientos por parte de Nelson Cardoso, profesor titular del Taller de Comunicación Comunitaria de la UBA, formaron parte de la capacitación solicitada a la Defensoría del Público por el MNCI y la ONPIA sobre la realización de campañas y creatividad radiofónica para fortalecer sus medios de comunicación, vale la pena conocer algunos de sus nombres:

FM Qom La'ataq (pueblo qom - Colonia Aborigen, Chaco), FM del Monte (pueblo vilela - Quimilí, Santiago del Estero), FM Aim Mokoilek (pueblo mocoví - Colonia Dolores, Santa Fe), FM Tierra Sin Frontera (COTRUM - Cabureí, Misiones), Productora Audiovisual Raíces Ancestrales (pueblo huarpe - Uspallata, Mendoza), FM La Arriera (MCNN - Chos Malal, Neuquén), FM La Voz Indígena (Tartagal, Salta), FM El Nevado (UST - Punta del Agua, Mendoza), FM Tierra Campesina (UST - Jocolí, Mendoza), Radio Alfa y Omega (pueblo wichi - Ingeniero Juárez, Formosa), Comunidad Iguopeigenda (pueblo guaraní - Orán, Salta) y Comunidad El Caballito (pueblo ava guaraní - Orán, Salta).

La actividad contó con el apoyo de la Red de Carreras de Comunicación Social y Periodismo (REDCOM); la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires; la Maestría Interdisciplinaria en Estudios sobre Servicios de Comunicación Audiovisual de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA; la Red Interuniversitaria de Comunicación Comunitaria, Alternativa y Popular (RICCAP); y el Taller Anual de Comunicación Comunitaria -Cátedra Magarola-, el Taller de Comunicación Comunitaria -Cátedra Cardoso- y de Taller de Expresión 3 -Cátedra María Rosa Gómez- de la Carrera de Comunicación de la UBA.

Posiblemente el nombre de esta radio mapuche simbolice el actual escenario en el campo de las comunicaciones, y sirva de aviso para quienes aún sostengan que no vale la pena que los indígenas puedan comunicar aquello que necesite ser comunicado, Petü Mogeleiñ es el nombre de una radio ubicada en El Maitén, Chubut, con más de ocho años compartiendo verdades entre paisanos, significa, en mapudungun, “aún estamos vivos”.

Fuente:


Defensa del público. Acompañamiento a medios

Nosotros nos tenemos que levantar para que nuestra palabra sea escuchada

La comunicación en lenguas originarias

 Radios indígenas: aprovechamiento de experiencias para desarrollar colecciones de audio en bibliotecas indígenas
http://eprints.rclis.org/11291/1/Radios_ind%C3%ADgenas-_Bibliotecas_ind%C3%ADgenas.pdf