Espacio que pretende resguardar voces y conocimientos desde el abordaje de la
bibliotecología. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural intangible
conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas a bibliotecarios sobre el rol social
de la profesión. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

domingo, 11 de septiembre de 2016

El emancipatorio destino de los libros


Como encargado de la sección biblioteca del diario digital El Orejiverde, suelo consultar, entre otras fuentes, las notas de prensa de la Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, hace unos días una de ellas me impactó mucho por su fuerte carga simbólica, se trata del gesto que un militante del Partido Comunista de Santiago del Estero, Luis Alarcón, tuvo con el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, al obsequiarle las obras completas de Vladimir Ilich Uliánov Lenin, en el marco de la visita del mandatario a la Argentina, con motivo de recibir el título de Doctor Honoris Causa entregado por la Universidad Nacional de Santiago del Estero. Allí, en medio de los presentes, el militante comunista, de profesión tornero, y cuyos padres cordobeses fueron obreros, sorprendió a Linera al obsequiarle los 44 tomos que en plena Dictadura Argentina fueron salvados de ser devorados por el fuego. En tal sentido vale replicar las palabras que Alarcón dedicó al vicepresidente boliviano en una carta:

De allí nace mi interés por los libros y la lectura, que no abandoné hasta hoy. Mi biblioteca llegó a tener 3.000 libros, pero la persecución que vivimos durante la dictadura militar de 1976-83 la diezmó y la hizo peligrosa”.

Habría que imaginar el contexto para entender el valor de este gesto, como también reflexionar porqué es peligrosa una biblioteca, tanto como en ocasiones resulta conflictivo ejercer el pensamiento público, la peligrosa empatía de las ideas, y sin embargo su emancipatorio sentido, su vuelo sin frontera.Vaya gesto para Álvaro García Linera, destinatario de un legado que supo de armarios cerrados y cuidadas lecturas. Para el compañero de Evo Morales seguramente esa carga en su equipaje no tendrá por destino una delicada vitrina de museo sino que ocuparán estantes de una biblioteca, donde se doblarán y ajarán cada una de esas hojas, pero que ciertamente ayudarán a discenir un poco mejor el entendimiento de este complicado mundo.

Al final de la carta Alarcón expresa lo siguiente:
Decidí poner en sus manos, viendo en ellas las de todo su pueblo, esta colección de libros que honrarán la biblioteca de Bolivia. Le pido aceptar este modesto presente como un gesto fraterno de un santiagueño a los estudiantes de Bolivia, que también son torneros del pensamiento de su tiempo”.

Dicen que los torneros tienen la virtud de otorgarles formas a las piezas, pero también la vida los va tallando, creciendo con las lecturas y luchando por la igualdad de derecho, es parte de un compromiso irrenunciable, de conciencia y participación, que probablemente los acompañe toda su vida, nunca es posible imaginar el destino de unos libros, a veces están condenados al silencio de un estante desvencijado, a veces logran salir al ruedo, favoreciendo el razonamiento crítico y ético de quienes los frecuentan solitariamente en un determinado período de tiempo.

Cabría analizar en que plano de la Biblioclastía podemos ubicar esta experiencia de vida de Luis Alarcón, como también la incidencia de las bibliotecas obreras entre los trabajadores, muchos de ellos obreros cultivados por encendidas lecturas, vinculados a bibliotecas anarquistas, socialistas o comunistas, que tuvieron por criterio organizar bibliotecas con carácter solidario, estrechando manos allí donde hubo carencias, y es aquí donde aparece una pregunta que alguna vez se formuló Osvaldo Bayer:

¿por qué estos gestos altruistas en un contexto político donde prima el egoísmo?

Y tal vez la respuesta la sabemos pero no nos hacemos el tiempo para desmenuzar lo que encierran en sí mismas estas palabras: porque son necesarios y porque son imprescindibles, también por que son inevitables, en ese sentido la historia se trata de un permanente desbalanceo que es preciso equilibrar, los gestos nunca alcanzan del todo para balancear ese eterno eje moral, en el cual un conjunto de intereses buscan instalar socialmente una conciencia en modo singular, pero esas actitudes no son invisibles y dejan una profunda enseñanza. No deja de ser una derrota, una hermosa derrota. Es como aquel cuento sufi sobre el muchacho que pasaba todas sus mañanas recogiendo estrellas de mar para lanzarlas al agua, un día de le acercó un escritor y le preguntó porque hacía eso, el joven respondió “recojo las estrellas de mar que han quedado varadas y las devuelvo al mar: la marea ha bajado demasiado y muchas morirán”, entonces el escritor le dice que eso no tiene sentido, “hay miles de estrellas en la playa y nunca tendrás tiempo de salvarlas a todas”, he allí que el joven miro fijamente al escritor, tomó una estrella de mar de la arena, la lanzó con fuerza por encima de las olas y exclamó “para esta...si tiene sentido”.

Tal vez fue esa la tarea de Luis Alarcón, y lo que hagan mañana los nuevos lectores con su vieja biblioteca sea ir a la playa a salvar algunas estrellas. A veces, bastan los libros para que todo vuelva a comenzar.

Nota completa:

El vicepresidente recibió las “Obras completas” de Lenin rescatadas de la dictadura por un militante del Partido Comunista de Santiago del Estero.

Miércoles 31 de agosto de 2016
Santiago del Estero, Argentina.

Después de recibir el título de Doctor Honoris Causa, entregado por la Universidad Nacional de Santiago del Estero, la semana pasada, el vicepresidente del Estado, Álvaro García Linera, fue sorprendido por Luis Alarcón, militante activo del Partido Comunista, quien le obsequió las “Obras Completas”, de Vladimir Ilich Uliánov Lenin, las mismas que fueron salvadas de ser devoradas por el fuego, iniciado en su biblioteca personal, en tiempos de la dictadura argentina.

En esa ocasión, la emoción embargó a García Linera por el gran significado que tiene esta colección de 44 tomos, publicados por la editorial Cartago, para él al tratarse de libros que guían su pensamiento revolucionario, además por la confianza depositada en su persona, para preservar los mismos.
Luis Alarcón, tornero de profesión, nació en 1943, de padres obreros cordobeses, quienes le inculcaron la pasión por la lectura, pese a que ellos apenas sabían leer y escribir, como él mismo cuenta en una carta que escribió al mandatario de Estado boliviano.
“De allí nace mi interés por los libros y la lectura, que no abandoné hasta hoy. Mi biblioteca llegó a tener 3.000 libros, pero la persecución que vivimos durante la dictadura militar de 1976-83 la diezmó y la hizo peligrosa”, relata Alarcón en la misiva.
Asimismo, Alarcón comentó que, desde siempre, es un militante activo del Partido Comunista de Santiago del Estero, también es miembro de la Pastoral Social Religiosa de la ciudad de La Banda, perteneciente a la provincia de Santiago del Estero, de la República Argentina, donde reside actualmente junto a su esposa, quien lo acompañó en esta oportunidad.

Al momento de la entrega, con una sencillez destacable y con profunda emoción reflejada en el abrazo fraterno que le dio al jefe de Estado nacional, encomendó uno de sus más grandes tesoros para que pueda contribuir a los logros de Bolivia y al proceso que vive, y así se convierta en un ejemplo para las naciones del continente.

“Decidí poner en sus manos, viendo en ellas las de todo su pueblo, esta colección de libros que honrarán la biblioteca de Bolivia. Le pido aceptar este modesto presente como un gesto fraterno de un santiagueño a los estudiantes de Bolivia, que también son torneros del pensamiento de su tiempo”, afirma al finalizar su carta.

El contenido de la carta recibida por el vicepresidente, entre los libros, es transcrito en extenso por el gran valor que encierra.

“La Banda, Provincia de Santiago del Estero, República Argentina, 22 de agosto de 2016.
Sr. Álvaro García Linera
Presente.-
Estimado Compañero:

Primero quiero celebrar su visita, que nos da la oportunidad de escucharlo y escucharnos, pensando juntos sobre nuestros pueblos, que siguen buscando los caminos hacia la libertad.
Sabemos que es una larga marcha, y hoy hacemos un alto para reflexionar sobre el rumbo, el momento, las estrategias y los medios.
Más allá de la investidura de su honroso cargo, permítame que le hable con la confianza y el espíritu fraterno de un compañero de ruta.
Provengo de un hogar de obreros de Córdoba, donde nací. Mi padre y mi madre apenas sabían leer y escribir, pero supieron enseñarnos a pensar y estudiar.
De allí nace mi interés por los libros y la lectura, que no abandoné hasta hoy. Mi biblioteca llegó a tener 3.000 libros, pero la persecución que vivimos durante la dictadura militar de 1976-83 la diezmó y la hizo peligrosa.
Era peligroso que un tornero, que es mi oficio, tuviera una biblioteca, sobre todo si sus obras tenían contenido social y revolucionario. En 1977 me radiqué en La Banda, que hoy es mi hogar, traje los libros que quedaban y los cuidé en esos años difíciles.
Como tornero aprendí a darle forma a las piezas, y como nunca dejé de leer me di cuenta que los libros, al mismo tiempo que la vida, nos van tallando y nos ayudan a crecer.
Por eso, sabiendo de su visita y conociendo algo de su pensamiento, así como de la historia y el momento actual del hermano Estado Plurinacional de Bolivia, compartiendo los obstáculos de su camino pero también valorando sus logros, que son un ejemplo para todas las naciones del continente…

(…) decidí poner en sus manos, viendo en ellas las de todo su pueblo, esta colección de libros que honrarán la biblioteca de Bolivia. Se trata de las “Obras Completas” de Lenin –Vladimir Ilich Uliánov–, publicadas por la Editorial Cartago, de Buenos Aires, entre 1957 y 1963. Son 44 tomos, dos de ellos conteniendo el índice.

Le pido aceptar este modesto presente como un gesto fraterno de un santiagueño a los estudiantes de Bolivia, que también son torneros del pensamiento de su tiempo.
Luis Alarcón”.

Fuente:

martes, 6 de septiembre de 2016

Sobre la identidad de los bibliotecarios latinoamericanos


Recientemente, como miembro de la Revista Fuentes, llegó a mis manos el número 43 de la querida publicación, deteniéndome en una excelente reflexión de Robert Endean Gamboa titulada "la identidad de los bibliotecarios latinoamericanos", tema complejo si los hay, de múltiples aristas, en donde el autor tuvo por criterio recuperar en la primer parte del texto las actividades de algunos bibliotecarios, de esos que podemos ubicar como imprescindibles en contextos de "trinchera", como habitualmente se los suele llamar, labrando tareas en contextos comunitarios con un fuerte sentido de responsabilidad social y ética profesional. Existen tantos casos como bibliotecas y sin embargo en el imaginario social cuesta encontrar a la bibliotecología entre las disciplinas capaces de ofrecer respuestas a problemáticas de índole social, cultural y/o educativa.

En primer lugar, quiero plantear que me enriquecen estos textos críticos, suele ser una práctica común en Robert Gamboa, en tal sentido quisiera aportar una mínima contribución con respecto a la conclusión del artículo de que es imposible la identidad bibliotecaria (según Robert o no existe o no es asumida o reconocida como tal) personalmente creo más bien esto último.

Nuestra disciplina, en líneas generales, no tiene un reconocimiento social por fuera de la profesión, no es especialmente visible en contextos interdisciplinarios, cuando profesiones como la psicología, antropología o sociología si son tenidos en cuenta por la sociedad al momento de abordar problemáticas o encrucijadas de diversa índole, todas aportan fragmentos y elementos de su praxis profesional, sostenida, reconocida y apreciada en la crítica por los medios de comunicación, encontrando eco en los eventuales lectores que aceptan y reconocen esos aportes, pero que seguramente se sorprenderían de encontrar en la bibliotecología respuestas afines a dichas problemáticas (una entre tantas, la llamada "inclusión social").

Deberíamos dejar de aceptar la sorpresa ajena como elemento común en nuestras intervenciones, pero nos excede, parece parte del contexto asumido como natural, lo "normal" en esos contextos es la invisibilidad, y entonces hurgamos un poco y encontramos como consecuencia, en algunos casos, cierto complejo de inferioridad a causa de esa ausencia de reconocimiento, lo que nos lleva a renombrar conceptos para que tengan un mayor impacto, a "publicar o perecer" pero mas que eso, a "publicar para no desaparecer". Yo creo que existe una identidad bibliotecaria, y que la biblioteca, cuando interviene en su comunidad, fortalece esa noción de identidad. Quiero creer que este concepto se extiende más allá de las bibliotecas comunitarias, campesinas e indígenas, donde la creación del propio acervo es su principal característica y fortaleza, quiero creer que allí radica nuestro discernimiento, nuestra construcción. Tal como lo expresa Robert al final de su texto, es necesario "pensar al bibliotecario latinoamericano desde adentro".

Eso si Robert sería un verdadero despertar de América Latina.

La siguiente reflexión estuvo motivada en el artículo “La identidad de los bibliotecarios latinoamericanos”, de Robert Endean Gamboa, en su habitual columna de Fuentes.

Texto completo:

La Identidad de los Bibliotecarios latinoamericanos
Maestro Robert Endean. Maestro en Bibliotecología. Vicepresidente de la Academia Mexicana de Bibliografía de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. Presidente de la Sección de Políticas de Información de la Asociación Mexicana de Bibliotecarios.

En algunas partes del territorio latinoamericano, ocasionalmente se reconoce a los bibliotecarios que muestran con hechos su disposición a realizar actividades que superan las tareas rutinarias que tienen asignadas. De esta manera, los bibliotecarios José Guillén (Venezuela), quien ha sido responsable de la salvaguarda y el resguardo de obras con valor histórico que ahora están en la Biblioteca Nacional de su país; o Emilsen Rubeslein Suárez Ballén (Colombia), quien ha tenido a su cargo un programa de recuperación del patrimonio cultural de su comunidad desde la biblioteca pública; o David Ramírez (México), quien se ha dedicado a mantener por años una red regional de bibliotecas públicas, incluso usando para convencer su arte como pintor; o Aurelio Higuita (Colombia), quien dormía en la biblioteca para cuidarla por falta de puertas y ventanas, son algunos casos señalados con la distinción de ser bibliotecarios ejemplares.

Son conocidos también los incidentes ocurridos a varios bibliotecarios del Cono Sur, que en el pasado sufrieron persecuciones, o que padecieron expurgos o destrucciones de sus bibliotecas. Otras situaciones no menos terribles ocurrieron con bibliotecarios en Guatemala, Nicaragua, El Salvador o Perú, donde algunos incluso perdieron la vida en situaciones de extrema violencia.
Las características señaladas como distintivas de estos bibliotecarios ejemplares son su mística, amor y disciplina, además de su compromiso con sus comunidades.

En contraparte, hay algunos países de la región en donde lo que se reconoce con las premiaciones es únicamente la antigüedad o permanencia en un puesto de trabajo, a pesar de que en el mismo el bibliotecario no haya mostrado más que el cumplimiento de las rutinas laborales. Esto incluso llega a exaltarse como una virtud, como notamos en México con los ejemplos de buenos bibliotecarios que biografió Juan B. Iguíniz, o en la obra Forjadores e impulsores de la bibliotecología latinoamericana (2006) de Estela Morales.

Esta oposición aparente que se hace al enfatizar el mérito sobresaliente del bibliotecario contra la virtud de su permanencia en las rutinas es una constante en América Latina, que podemos encontrar manifestada en todos los ámbitos y para toda clase de bibliotecas y bibliotecarios. Por supuesto, es resultado de las estructuras de poder de cada lugar.

Un caso aparte lo encontramos en el Perú del siglo XIX con el llamado "Bibliotecario Mendigo", que fue el apelativo que se dio al escritor y político Ricardo Palma (1833-1919) cuando, luego del saqueo que padeció la Biblioteca Nacional de su país, fue de casa en casa pidiendo libros, y también pidió a personalidades extranjeras que hicieran donaciones para rehacer el acervo.

Las oposiciones aquí señaladas apuntan a que la identidad del bibliotecario es una cuestión que debe ser pensada como un tema para el cual se requiere una sesuda reflexión, aún más si consideramos la existencia de formas de reunión de bibliotecarios en asociaciones, clubes y sindicatos.

Tenemos así que los bibliotecarios tienen asociaciones, que a veces pueden sólo admitir a quienes acrediten haber realizado estudios de biblioteconomía. En esta situación de exclusividad se encuentran el Ascolbi (Colegio Colombiano de Bibliotecología), el Colegio Nacional de Bibliotecarios (México), el Colegio de Profesionales en Ciencias de la Información (Bolivia), el Colegio de Bibliotecarios de Chile, la Asociación Panameña de Bibliotecarios o la Asociación de Bibliotecarios Graduados de la República Argentina (ABGRA), entre otros, que tienen como misión la defensa del campo de trabajo de los bibliotecarios profesionales.

También hay asociaciones que admiten a todo tipo de personal que labore en las bibliotecas, como son los casos de la Asociación de Bibliotecarios, Archiveros y Museólogos del Perú y de la Asociación Mexicana de Bibliotecarios. Cuando así ocurre, la misión de estas agrupaciones se enfila más hacia el mantenimiento de espacios de convivencia, comunicación y colaboración entre los pares, para la formación de los bibliotecarios por medio de la capacitación y la actualización, así como al desarrollo bibliotecario de sus respectivos países.

Otra situación es la del Club de Bibliotecarios Escolares de Perú, que se integra con estudiantes que realizan tareas como bibliotecarios en cada institución educativa. De esta manera, bajo la conducción de un docente bibliotecario o del mismo bibliotecario técnico, las bibliotecas escolares se organizan y promueven actividades bibliotecarias y culturales diversas, además de mantener una comunicación directa con la comunidad académica y estudiantil.

Los sindicatos de bibliotecarios se han promovido en Argentina y México. Mientras que en el primer país se viene trabajando desde hace años para establecer un organismo que vele por las mejores condiciones laborales para que los bibliotecarios puedan trabajar y cumplir su encomienda, en México se declaró en el año 2014 que el Sindicato de Bibliotecarios del Estado de Morelos era ilegal, no admitiéndose su existencia ya que en este país no se permite que haya sindicatos gremiales.

Al respecto de la existencia de un sindicato de bibliotecarios, Óscar Maya Corzo realizó una reflexión en 2004, indicando lo siguiente:

El bibliotecario no es obrero ni patrón, sino que sólo trabaja en la biblioteca. Su materia no es tangible.
Cada bibliotecario pertenece a una clase distinta, que no se determina por el espacio laboral, sino por el origen económico o por la paga recibida.
El bibliotecario levita por sobre la vulgaridad del mundo, dado que trabaja con ideas como materia prima.
No hay una entidad que cohesione a los bibliotecarios.
El bibliotecario vive en total alejamiento, decidido y reconocido, de las responsabilidades políticas y sociales.

Con estas ideas, concluyó que es imposible la identidad laboral bibliotecaria, pues o no existe o no es asumida o reconocida. Además, si existiera sería incompleta, y si se reconociera sería borrosa y ubicua.

Este breve recorrido nos muestra que la identidad de los bibliotecarios latinoamericanos no corresponde sólo al asunto de cómo los reconocerían los no-bibliotecarios, esto es, a una mera cuestión de su imagen, sino que apunta a una cuestión más compleja, por ser diversa, que tiene profundas raíces en las muchas historias que han fraguado la realidad actual de América Latina.

Ser bibliotecario en nuestra región puede llevarnos a transitar por senderos muy recorridos por las rutinas hasta momentos de gran riesgo para nuestras propias vidas y para el mantenimiento de nuestros acervos. Pero esto ocurre porque no parece haber un modelo de bibliotecario que nos identifique, sino más bien habría un amplio espectro de conductas posibles ante los fenómenos del coleccionismo y el servicio de información en cada una de las formaciones sociales donde se puede llegar a instalar la biblioteca.

Pensar el bibliotecario latinoamericano no es algo nuevo, pero sí sería una primicia pensarlo desde adentro, y no sólo hacerlo a partir de lo que dice la literatura extranjera a la región. Esto sí sería un verdadero despertar de América Latina.


Fuentes, Revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional
versión impresa ISSN 1997-4485
Rev. Fuent. Cong. v.10 n.43 La Paz abr. 2016

A modo de epílogo, se recomienda la lectura de otro artículo del autor (publicado en su blog personal) sobre el tema de la identidad bibliotecaria, en este caso extendiendo la reflexión sobre el ser y parecer del bibliotecario: